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Internacional
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ARMAMENTO

La Conferencia de Dublín, obligada a salvar tecnicismos para impedir la producción de bombas de racimo

El 98% de las víctimas de este armamento son civiles, objetivos de una munición cuyo uso no puede tener cabida en la realidad de los conflictos actuales, según los asistentes

Este lunes tiene lugar en Dublín un encuentro calificado como "histórico" por algunos de sus integrantes: la Conferencia Diplomática sobre Municiones de Racimo, que tiene como objetivo establecer los términos finales de un acuerdo destinado a prohibir el uso, la producción, el almacenamiento y el comercio de las llamadas municiones de racimo, dentro de un contexto que garantice los derechos de los supervivientes y las comunidades afectadas por este tipo de armamento, cuya definición concreta podría plantear más de un problema durante la reunión. Del total de bajas causadas por este tipo de munición, el 98 por ciento son civiles.

Al encuentro asistirán representantes de países de todo el mundo en lo que se espera sea una de las convocatorias más multitudinarias desde la firma en 1997 del Tratado de Prohibición de Minas, o Tratado de Ottawa, que aglutinó a más de 150 países firmantes. Se espera, no obstante, que ninguno de los 57 países que rechazaron este protocolo --entre los que se cuentan Estados Unidos, China, India, Israel, Rusia o Arabia Saudí-- asistan a la reunión que se celebrará en la capital de Irlanda.

Si se alcanza algún tipo de consenso, el acuerdo final podría ser ratificado a finales de este año en Noruega, país donde comenzó el proceso en febrero de 2007. Fue precisamente el ministro de Exteriores noruego, Jonas Gahr Store, quien resumió de la mejor forma posible el espíritu de la reunión. "Debemos acabar con el inaceptable sufrimiento humano producido por el uso de las municiones de racimo. Este sufrimiento no es una consecuencia inevitable de la guerra moderna: es el resultado de un grupo concreto de armas, desarrolladas para escenarios de conflicto distintos de los que nos enfrentamos hoy", declaró.

No obstante, esta se anticipa como una reunión mucho más problemática de lo esperado. Todo el mundo parece coincidir en el peligro que representa este tipo de armamento para la población civil, pero definir exactamente qué aspectos concretos deben estar sujetos al posible tratado se antoja realmente complicado.

¿Qué son?

La ONG Handicap International (HI) define las armas de racimo como aquellas que cuentan con "un tipo de submunición destinada para explotar en algún momento en el tiempo tras su dispersión o desenganche de la munición principal". Es lo que tradicionalmente se entiende como "bomba de racimo", y que en realidad engloba misiles, granadas o proyectiles de artillería. El problema surge en el momento en el que se han desarrollado armas capaces de "discriminar" su objetivo y, por lo tanto, que no violan las leyes bélicas que consideran ilegal "el sufrimiento desproporcionado de la población". Si la conferencia apunta a censurar todas las armas con munición de racimo, la nueva tecnología de "ataque inteligente" estaría comprometida con el nuevo tratado.

"La mayoría de las conversaciones en este sentido se generarán a partir de la definición de munición de racimo y porcentajes de error en el uso de esta munición", explicaba HI en su informe 'Círculo de Impacto', publicado el año pasado, en el que cita a un representante militar que se pregunta por qué los investigadores se muestran "sorprendidos" al descubrir que el 98 por ciento de las víctimas de esta munición eran civiles.

"Sin embargo, es importante recordar que las municiones son armas imprecisas, diseñadas para afectar una zona mucho mas extensa que otras armas convencionales, dispersando explosivos más pequeños, pero igual de letales", apuntó el informe.

Su historia

Las peticiones para censurar el uso de las armas de racimo se llevan formulando desde hace 30 años, cuando las fuerzas soviéticas las empleaban para destruir tanques alemanes durante la II Guerra Mundial. La segunda vez que se tiene constancia de su utilización fue en 1943 contra la ciudad de Grimsby, objetivo de los aviones de la Luftwaffe durante su ataque sobre las islas Británicas. Pero ha sido la reciente guerra entre las milicias chiíes libanes de Hezbolá e Israel de 2006 el enfrentamiento que ha despertado la conciencia internacional contra el uso de este tipo de armas.

Sus efectos son, a primera vista, engañosos: "Se estima que cuatro millones de municiones de racimo fueron empleadas durante el conflicto en Líbano, la mayoría de ellas producidas durante la guerra de Vietnam y muchas de ellas deficientes", indica el informe de HI. Cerca de un millón de personas huyeron del sur de Líbano durante esa época, lo que indudablemente redujo el número de víctimas civiles. Se tiene constancia de 16 víctimas mortales, nueve de ellas niños; pero sólo dos personas perdieron la vida a causa de municiones de racimo que no habían detonado en el momento indicado.

No obstante, en el momento en el que los refugiados comenzaron a regresar a sus hogares al final de la guerra, tras la declaración de alto el fuego el 14 de agosto, la peligrosidad de las armas de racimo comenzó a ponerse de relieve. Hasta el mes siguiente, tres personas morían de media al día por culpa de este tipo de munición --enterrada en el suelo, invisible--. Hasta el final de 2006, dos personas fallecían cada día y, durante el mes de enero de 2007, el índice de fallecimientos era de dos por semana, según el informe de la ONG.

USO MILITAR

Cerca de 34 países han producido 210 tipos distintos de municiones de racimo. Según la organización internacional pro Derechos Humanos Human Rights Watch (HRW), cerca de 75 países almacenan, actualmente, este tipo de armamento: millones de municiones que contienen miles de millones de pequeños explosivos.

Originalmente, las municiones de racimo fueron desarrolladas durante la Guerra Fría, para ser empleadas contra grandes concentraciones de tanques e infantería durante un posible conflicto convencional entre las fuerzas del Pacto de Varsovia y las pertenecientes a la OTAN.

Pero hasta el día de hoy, han sido empleadas en 21 países, y muy rara vez, para su propósito inicial y generalmente cerca de poblaciones civiles, según asegura la agencia de información de Naciones Unidas, IRIN.

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