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Internacional
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CONFLICTO EN EL CÁUCASO

La UE busca un nuevo modelo de relación con la emergente Rusia de Medvedev

Bruselas critica al Kremlin por la crisis de Georgia, pero no olvida que su suministro energético depende de Moscú

La crisis de Georgia ha dejado a los líderes de la Unión Europea (UE), que celebran mañana una cumbre extraordinaria, ante la grave cuestión de cómo mantener una relación amistosa con una Rusia emergente que es también su principal suministrador energético.

Las relaciones entre Moscú y la UE han afrontado en los últimos años numerosos e importantes obstáculos que se han superado trabajosamente y no siempre del todo, pero la intervención rusa en Georgia amenaza con marcar un nuevo grado de inquietud no visto en décadas.

Nicolás Sarkozy, presidente francés y actual presidente del Consejo Europeo, ha dejado claro que la forma en que se resuelva esta crisis determinará "por mucho tiempo" la relación de la UE con Rusia.

Por ahora, Bruselas ha dejado atrás la posibilidad de imponer sanciones a Moscú, una idea para la que no hay consenso entre los Veintisiete, aunque desde Bruselas se insiste en que "no habrá relaciones normales", mientras Rusia no aplique en su totalidad el acuerdo de seis puntos mediado por Francia.

La Unión Europea y Rusia iniciaron a finales del pasado mes de junio las negociaciones para un amplio acuerdo de cooperación bilateral. Las conversaciones comenzaron tras casi dos años de retraso debido al bloqueo de Polonia y Lituania por diferencias bilaterales.

La próxima reunión de negociación está prevista para los próximos 15 y 16 de septiembre en Bruselas y, de momento, la cita se mantiene, según fuentes de la Comisión Europea (CE), que negocia en nombre de los Veintisiete.

A falta de sanciones, la cumbre prevé tratar un posible aplazamiento de esta próxima cita, algo que fuentes diplomáticas consideran "una posibilidad, aunque no es seguro".

Además, la UE y Rusia tienen prevista una cumbre bilateral el 14 de noviembre en la ciudad francesa de Niza.

Desde la ampliación de 2004, las relaciones de la UE con Rusia se han complicado, tanto por la desconfianza histórica de las repúblicas bálticas (antiguos miembros de la URSS ocupados por Stalin en 1940) o los países que se mantuvieron contra su voluntad en la esfera soviética (como Polonia, la República Checa o Hungría), como por la creciente asertividad rusa en política exterior, especialmente en el Cáucaso y Europa del Este.

Además, los países del este de la UE han apoyado los intentos de Ucrania o Georgia por acercarse a la Europa comunitaria o a la OTAN.

La proclamación de la independencia de Kosovo en febrero pasado disparó la tensión en las relaciones entre Bruselas y el Kremlin, desde donde se insistió -de forma premonitoria- en que romper las fronteras de un país (Serbia) sobre una base étnica sentaba un peligroso precedente para otras regiones europeas.

Ahora, 21 de los 27 países de la UE han reconocido la independencia de Kosovo (el último de ellos, Malta, lo hizo la pasada semana, mientras que España, por su parte, se niega a reconocer el nuevo Estado), mientras que Moscú ha replicado con el reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia.

Pero esta crisis no se debe solo a Kosovo o a la cuestión de Osetia del Sur, aunque "hayan tenido influencia", ya que en buena medida destaca el objetivo ruso de "estirar sus músculos y prevenir el acercamiento de Ucrania y Georgia a Occidente", señaló una fuente comunitaria.

A la hora de buscar un entendimiento con el Kremlin que se anuncia complicado, en la mente de todos los líderes europeos está la energía.

Según las últimas cifras disponibles (de 2006), un 53,8% de la energía que consume la UE es importada, y Rusia es su primer suministrador exterior de gas (42% de las importaciones), petróleo (33,5%) y carbón (25,8).

Los problemas de acceso de empresas europeas al rico sector energético ruso es otra de las cuestiones aún pendientes, y que se intentarán resolver en las negociaciones para un nuevo acuerdo bilateral.

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