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La ardua tarea de frenar un vertido de crudo

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Cinco semanas después, el vertido de petróleo en las profundidades del golfo de México parece llegar a su fin. Si las últimas maniobras de la compañía British Petroleum (BP) dan su fruto, no saldrá más crudo a la superficie, aunque el desastre ecológico sigue latente hasta que no se limpien los 28,8 millones de litros expulsados al mar que estima BP, o los 68,8 millones que calcula el Servicio Geológico de Estados Unidos.

Durante este tiempo la prioridad ha sido cortar el derrame, pero sin duda ha estado latente la pregunta de por qué ha costado lograrlo. Para Norberto Fueyo, catedrático de Mecánica de Fluidos de la Universidad de Zaragoza, han pesado dos dificultades: por un lado la propia naturaleza del vertido, que está en el fondo del mar a 1.500 metros de profundidad. Por otro, que es un medio hostil para el ser humano. "No se puede trabajar a esa profundidad, así que hay que utilizar métodos robóticos. La temperatura es de un grado y hay una presión de toda la columna de agua por encima que es 140 veces mayor a la que soportamos en la superficie terrestre", dice Fueyo.

A estas condiciones se añade la presión con la que sale el crudo, de unas 340 atmósferas. Además, señala el catedrático, hay que superar la diferencia entre ambas presiones, que es de 200 atmósferas.

A pesar de estas trabas, cuesta entender que una compañía petrolífera como BP no tenga unos protocolos de actuación ante posibles accidentes como este. "Hay varias redes de seguridad y excepcionalmente fallan todas. Por ejemplo, en la boca del pozo hay un dispositivo para cortar el flujo de petróleo en caso de accidente, y no funcionó. Son los riesgos inherentes a la tecnología actual", explica Norberto Fueyo, quien cree que la presión de la demanda diaria de petróleo y a bajo coste fuerza que no se tengan atados todos los cabos.

Aun así, él mismo se extraña de que una de las primeras soluciones que se intentaron no estuviera preparada para estos casos. Se trata de una gran caja o campana parecida a la de una cocina con la que se intentó envolver la tubería rota y llevar el crudo a través de un conducto hasta la superficie.

La solución que parece estar dando resultado, aunque aún no es definitivo, es la de introducir en la tubería rota una mezcla de agua, arcilla y químicos, a la que se sumarán después capas de cemento. Todo ello y a presión, debe lograr cegar el pozo, para que deje de manar el petróleo. Aun así, ya se estaba absorbiendo parte del vertido a través de un tubo succionador de menor grosor -a modo de una pajita- que se había introducido en la boca rota, explica Fueyo. "Se están sacando unos 3.000 barriles de crudos diarios, pero aun así fluyen unos 5.000 diarios", matiza.

Estas cifras son las que maneja la petrolera, puesto que la Guardia Costera habla de que el pozo ha estado derramando entre 12.000 y 19.000 barriles de crudo al día.

Solución segura

A su vez, y desde el primer día, se comenzó a trabajar en una solución firme pero larga en el tiempo: horadar pozos auxiliares o conductos que se encuentren con el original, pero esta tarea lleva casi tres meses de trabajo. Es la más segura y la más larga. "También les conviene porque así aprovecharán el crudo que aún quede", añade.

Esta misma semana, BP informó de que hasta el momento se ha gastado 930 millones de dólares (unos 750 millones de euros) en intentar tapar el derrame de petróleo. Dicha cantidad se ha destinado a las operaciones técnicas para sellar el vertido, así como en subvenciones a los estados del golfo de México y otros pagos de reclamaciones y federales.

BP indicó también que hasta el momento ha recibido 26.000 reclamaciones, de las que ha pagado 11.650. Quienes más han sufrido las consecuencias en las costas estadounidenses son los trabajadores de la industria del marisco en Louisiana, que da empleo a 27.000 personas, mueve 2.400 millones de dólares (1.950 millones de euros) al año y cubre el 40% de la demanda del país de este producto. Aun así, no hay que olvidar, como señala el profesor Fueyo, que también la industria petrolífera da trabajo a miles de habitantes de las zonas afectadas en empresas auxiliares, transporte aéreo, mécanica, logística...

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