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Internacional

DESDE PUERTO PRÍNCIPE

"La gente intenta seguir con su vida"

Caos. Fue la primera impresión de los zaragozanos Inmaculada Molina y Kike Mur, médico y bombero respectivamente, el primer día que pisaron el hospital general de Puerto Príncipe. Después, sin embargo, los voluntarios de Bomberos Unidos Sin Fronteras (BUSF) en Aragón aseguran que empezaron a ver orden en medio de la confusión. "Al principio fue un caos porque había heridos por todos los sitios, pero poco a poco hemos visto organización. Se va atendiendo en función de la gravedad, y en precario, pero con cierta organización", relató ayer Mur, bombero encargado de la logística que aterrizó el lunes en Haití junto a otros siete miembros de BUSF en Aragón: dos médicos, cuatro enfermeros y otro bombero.

 

El equipo llegó a la capital con dos cometidos: trabajar en la atención sanitaria y en el abastecimiento de agua. De hecho, junto a ellos ha viajado un equipo de potabilización con tres cooperantes españoles. Y allí trabajan junto a personal de BUSF Perú. "Todavía hay muchas limitaciones por la falta no tanto de agua de boca, que ya se está repartiendo, sino de agua corriente en todo Haití y que tan necesaria es para higienizar a los pacientes", dice Mur, quien explicó que ayer, en cuestión de horas, pretendían tener lista la planta de potabilización capaz de suministrar 3.000 litros de agua por hora. "También trabajamos con cisternas para que vuelva a funcionar el circuito de agua de Haití", añadió.

 

También su compañera Inmaculada Molina, médico, se sorprende de cómo se ha organizado el hospital. Una semana después del terremoto, y en un centro que sufrió daños, ya se han organizado las diferentes áreas de trabajo, aunque las separaciones se hagan con toldos, sábanas o cualquier retal que se encuentre. "Desde ayer -por el jueves- está todo más ubicado y ya hay áreas de ginecología y obstetricia, de pediatría, cirujía pediátrica, de cirugía general y trauma, e incluso de diálisis, donde están Médicos Sin Fronteras de Bélgica. Y los médicos estadounidenses nos coordinan a todos los grupos de cooperación", explica Molina, quien reconoce que el mayor impacto ha sido contemplar tantas amputaciones. "Tenemos pacientes de todas las edades y muchos con amputaciones, incluso de varios miembros. Es increíble", afirma la médico. "La mayoría de nuestros pacientes son de triaje y de preoperatorio o postoperatorio. También tenemos muchos heridos sin atender, que no recibieron atención médica en su momento y ahora han empeorado", añade. Del material disponible Molina no tiene queja, tan solo de que no siempre se cumple con la asepsia necesaria, pero la situación a la que se enfrentan no permite otra opción.

 

Una semana después del terremoto, los sanitarios están a la espera de que broten infecciones por la desnutrición, el mal abastecimiento de agua o la multitud de cadáveres que han estado en la calle durante días. Sin embargo, Inmaculada afirma que aún no han surgido los brotes y eso es un respiro.

 

Cuando se les pregunta por sus sensaciones, ambos pasan el tema de soslayo. "Lo que siento es secundario, es una cuestión profesional. Ellos son más importantes. Nosotros solo podemos pensar en guardar la calma y atender una cosa tras otra", afirma Kike Mur, quien sí reconoce que la unión del equipo es fundamental para afrontar estas situaciones. "Lo que me parece es un terremoto histórico. Nunca había visto una catástrofe de esta envergadura", añade.

 

Inmaculada también dice estar bien y asegura que esperaba encontrar el país en peores condiciones, sobre todo de seguridad: "En el camino de donde dormimos al hospital veo que la gente vive en la calle pero que intenta seguir con su vida".

 

Ese camino de ida y vuelta diario es lo único que ven más allá de los heridos. Trabajan de sol a sol y cuando regresan a un área habilitada para ellos en el que fuera el Hotel Montana continúan con papeleo, la preparación de material y organización. Allí reconocen que tienen "cierta comodidad". Tendrá que ver el empeño de la propietaria del hotel, Nadine Cardozo, de 63 años, a quien un equipo de rescate de BUSF sacó con vida tras 90 horas entre las ruinas de su hotel.

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