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ANIVERSARIO DE LA CAIDA DEL MURO

Estados Unidos cumple 20 años como único guardián planetario

El desmembramiento de la URSS tras la caída del Muro de Berlín alteró la estructura geopolítica imperante desde la II Guerra Mundial. Poco antes, Reagan lanzó una visionaria petición: "Señor Gorbachov, abra la puerta".

Una mujer pasea junto a un segmento del East Side Gallery de Berlín, el tramo más largo que aún queda en pie del muro.
Estados Unidos cumple 20 años como único guardián planetario
tobías schwarz/reuters

La caída del Muro de Berlín en 1989 llevó a Estados Unidos, hasta entonces líder del bloque occidental, a coronarse como la mayor potencia del Planeta y a imponerse la misión de vigilar la democracia, la estabilidad y la libertad en el mundo.

 

En Estados Unidos, la caída de este símbolo del comunismo se siguió como un triunfo propio, pues todavía estaba reciente el emblemático discurso que dos años antes, en junio de 1987, había pronunciado en Berlín el presidente Ronald Reagan (1981-1989).

 

En una intervención visionaria y algo atrevida por las tensiones que había entre los dos bloques, Reagan pronunció su famosa petición desde la Puerta de Brandeburgo al líder de la URSS: "Señor Gorbachov, abra la puerta. Señor Gorbachov, tire el Muro".

 

El 9 de noviembre de 1989 se produjo el inesperado evento y el posterior desmembramiento de la Unión Soviética, que acabó alterando la estructura geopolítica que había imperado desde la II Guerra Mundial. Con el eco del hormigón al caer aún reciente, un George H. W. Bush recién llegado a la Casa Blanca escribía en su diario personal: "¿Cómo puedo capitalizar estos cambios? Los burócratas me dirían que no haga nada, pero yo no quiero perder esta oportunidad", según relatan los profesores Dereck Chollet y James Goldgeier.

De la Guerra Fría a la unidad

En su libro titulado 'América entre dos Guerras: Del 9/11 al 11/9', estos expertos explican cómo Estados Unidos se encontró de pronto solo ante los grandes conflictos internacionales, como ocurrió apenas nueve meses después, cuando Iraq invadió Kuwait. Lejos de aumentar las brechas entre Oriente y Occidente, este conflicto provocó una inusitada unidad de acción entre EE. UU. y Rusia, con apariciones conjuntas de Bush y Gorbachov, aunque finalmente tuvo que ser el país norteamericano el que llevó la voz cantante en la intervención militar.

 

Además de Iraq (1991) hubo otras intervenciones, como Panamá (1989), Somalia (1992), Haití (1994), Bosnia (1995), Kosovo (1999) y Afganistán (2001), que sirvieron para consolidar a Estados Unidos en las dos décadas siguientes como la mayor potencia militar del planeta al finalizar la Guerra Fría.

 

La fortaleza no solo provenía de su aparato militar. Con la caída de la Unión Soviética, EE. UU. se convirtió en el país de referencia del dinamismo económico, del progreso tecnológico, de los logros científicos y de las grandes universidades.

Poder sin sombra

Con este "poder incomparable", y sin nadie que le hiciera sombra, EE. UU. se vio capaz de "asegurarse una victoria militar en cualquier parte, y de garantizar la exportación de la democracia incluso en los ambientes más hostiles, todo para servir a sus intereses", afirma el profesor Thomas H. Henriksen en su libro 'El poder de EE. UU. tras el Muro de Berlín'.

 

"Tras el desmembramiento de la Unión Soviética, Estados Unidos se convirtió en la única superpotencia. Muchas naciones acabaron llamando a sus puertas para resolver sus problemas", explica este profesor del Centro Hoover de la Universidad de Standord, en California.

 

"En algunos casos, eran los países los que pedían ayuda. En otros, era Estados Unidos el que intervenía para expandir la democracia, porque un país democrático es más estable. "Es bueno tener en el mundo una gran potencia que amortigüe los efectos desestabilizadores en otros puntos del planeta, aunque sea a través de su potencia militar. El Imperio Romano, con toda su brutalidad, logró mantener el orden establecido mientras estuvo en su apogeo. Cuando se desplomó, cundió la anarquía", añade.

 

Desde su pedestal de gran potencia, EE. UU. se permitió aplaudir con complacencia cómo los antiguos países del Este rompían con el comunismo e iniciaban su andadura democrática al tiempo que miraba hacia otro lado cuando China reprimía las manifestaciones prodemocráticas de Tiananmen en 1989.

 

Pero su papel predominante en el mundo sin un enemigo global al que combatir, acabó pronto, en septiembre de 2001, cuando tuvo que iniciar una guerra que aún perdura contra un nuevo enemigo desafiante: el terrorismo.

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