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Internacional

REALIZARÁ UNA VISITA DE SEIS DÍAS

El Papa dice que el escándalo de los curas pederastas de EE.UU. fue "una vergüenza"

Supusieron "un gran sufrimiento para la Iglesia y para mí, personalmente", dice el Pontífice. Benedicto XVI pedirá a Bush que se comprometa con el desarrollo de los pueblos latinoamericanos.

Benedicto XVI fue recibido en la base militar de Andrews por el presidente estadounidense George W. Bush, su esposa Laura y una de sus hijas. El pontífice, que este miércoles cumple 81 años, se convirtió de esta manera en el primer jefe de estado recibido a su llegada a Estados Unidos por el presidente.

En la pista, que a diferencia de su predecesor Juan Pablo II no besó, esperaban también las principales autoridades eclesiásticas del país, representantes de la vida política y militares, mientras que a cierta distancia decenas de fieles saludaron a Ratzinger con banderas del Vaticano.

El Papa inició de esta manera una visita de seis días a Estados Unidos, la primera desde el comienzo de su pontificado hace tres años, que lo llevará desde Washington a Nueva York.

La Casa Blanca espera que las conversaciones que sostendrán Bush y Benedicto XVI sean "francas", aunque admitió que los valores comunes de ambos no impedían que existieran diferencias, como ocurrió respecto de Iraq. "Hubo diferencias hace años, pero creo que (el papa y el presidente) están de acuerdo en que la presencia de nuestros soldados (en Iraq) fue útil para estabilizar la región y la promoción de los derechos humanos y la justicia", dijo la portavoz presidencial Dana Perino.

Agregó que ambos se habían encontrado antes y que "pueden mantener conversaciones muy francas y abiertas, y creo que los valores compartidos entre ambos son más fuertes que cualquier desacuerdo que puedan tener".

Avergonzado

Benedicto XVI admitió que siente "profunda vergüenza" por los sacerdotes pederastas involucrados en escándalos en Estados Unidos, en declaraciones formuladas a la prensa este martes a bordo del avión.

Los escándalos de pederastia significaron un duro golpe a la autoridad moral de la Iglesia Católica en Estados Unidos, acusada de haber perdido su capacidad de proteger a los niños.

Invitados ilustres

Entre 9.000 y 12.000 invitados son esperados el miércoles en los jardines de la Casa Blanca, si el clima lo permite, para la ceremonia de bienvenida.

Esto sería una cifra superior a los 7.000 invitados que recibieron con gran pompa en mayo de 2007 a la reina Isabel II de Inglaterra, y tal vez más asistentes que a ninguna otra ceremonia análoga bajo la presidencia de Bush.

"Aquí muchos hablamos inglés, otros español y algunos francés, pero para el Papa tenemos una voz única", dijo Orlando Grimaldi, un hispano miembro de un coro que va a cantar durante la visita del Papa.

El pontífice dará un discurso ante las Naciones Unidas el viernes, además de celebrar dos misas ante decenas de miles de personas y visitar la llamada 'zona cero' de los atentados del 11-S.

Medidas excepcionales

Las autoridades adoptaron medidas de seguridad excepcionales para la primera visita de Benedicto XVI a Estados Unidos. Se trata de la primera vez que un papa viaja a Estados Unidos después de los atentados de septiembre del 2001, por lo que los dispositivos de seguridad fueron reforzados.

El mes pasado, el líder de la red Al Qaeda, Osama Bin Laden, acusó al Papa de protagonizar "una nueva cruzada" contra el Islam. Bajo la divisa "Cristo nuestra esperanza", la visita papal se produce en medio de una reñida campaña electoral en Estados Unidos y un gran descontento de los estadounidenses con la guerra en Irak, en momentos en que las bajas norteamericanas en Irak superaron los 4.000 soldados en cinco años.

Los hispanos, que se convirtieron en uno de los principales pilares de la Iglesia Católica en Estados Unidos, se dirigirán al Papa para que se pronuncie contra las medidas impuestas a los inmigrantes indocumentados.

"Me gustaría que el Papa nos hable sobre cómo, en nuestra calidad de católicos, debemos acoger al pobre y al extranjero en este país", afirmó Enid Roman de Jesús, presidente de una asociación de directores de las diócesis católicas. "Quiero que diga lo terrible que es que haya un muro para separar a los pobres de los que tienen una esperanza de futuro", dijo Roman, en referencia a la frontera entre México y Estados Unidos.

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