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El mayor rescate minero de la historia

Tras la llegada de la T-130 al taller cercano al refugio donde se encuentran atrapados los 33 mineros en la mina de San José en Chile, en la superficie continúan afinando un rescate que comenzó el mismo día del derrumbe y que ha seguido entre maquinarias, cápsulas y operativos médicos inéditos.

Desde el 5 de agosto, cuando los 33 trabajadores quedaron atrapados en el refugio de la mina San José, en el desierto de Atacama, cientos de rescatistas llegaron en masa a ayudar a sus compañeros con la esperanza de sacarlos en pocas horas.

El primer inconveniente surgió el 8 de agosto, cuando la chimenea por la que bajaban los socorristas se desplomó. Éstos lograron salir con vida casi de milagro.

En ese momento, la voz del ministro de Minería, Lurence Golborne, se quebraba para dar la noticia de que el camino más rápido para verificar la sobreviviencia de los mineros estaba bloqueado.

Gracias al apoyo de otros yacimientos chilenos e internacionales, llegaron las perforadoras que permitieron que la felicidad se desbordara desde el campamento Esperanza a diversos lugares de Chile el 22 de agosto, cuando de las entrañas de la mina salió el mensaje más inesperado y revitalizante: "Estamos bien en el refugio los 33".

En aquel momento comenzó la segunda etapa del rescate. Chequeado el estado de salud físico y mental, gracias a lentes de fibra óptica que bajaron por los ductos perforados y una posterior comunicación telefónica, la capacidad de los mineros quedó demostrada desde la primera pregunta.

"¿Cómo están nuestros compañeros?", dijo Luis Urzúa, jefe de turno, quien dejó en evidencia que la preocupación de los atrapados estaba con sus colegas y no con ellos mismos.

Ya seguros de la estabilidad anímica de los mineros, la Armada de Chile comenzó a trabajar en las cápsulas metálicas en las que saldrán los trabajadores, mientras los rescatistas perforaban y un grupo de médicos y psicólogos acompañaba a los 33 atrapados para rehidratarlos, mejorar su alimentación, mantener la preparación física para resistir condiciones de intensa humedad y temperaturas sobre los 30 grados Celsius.

Hoy, cuando la salida de los mineros es inminente, 11 brigadistas de la minera Codelco, tres enfermeros submarinistas de la Armada y dos bomberos de la región de Atacama forman parte del grupo de elite que trabajará en turnos de 12 horas para terminar con el encierro.

"En esta misión tan relevante que nos han encomendado, hemos hecho una preparación previa (...) Estamos muy confiados en que esta operación va a ser exitosa", dijo confiado Ovidio Rodríguez, integrante de este selecto grupo.

El bombero Pedro Rivero y el marino Cristián Bugueño serán los primeros en bajar hasta el pique para examinar a los atrapados e instruirlos sobre cómo realizar el viaje en las cápsulas Fénix, en el orden que será establecido sólo dos horas antes de la salida.

Paralelamente, los mineros echarán mano a su preparación física y a las clases de oratoria recibida en los últimos días para enfrentar a los medios, además de las encomendaciones a sus creencias religiosas, que los acompañan desde el primer día del encierro.

Los trabajadores subirán con unos lentes oscuros especiales que protejerán la vista, acostumbrada durante más de dos meses a la oscuridad del yacimiento. Arriba serán recibidos por el grupo médico que hará el primer chequeo en contenedores que ya llegaron a la mina, antes del primer encuentro familiar.

Durante su salida, el contacto será permanente. La jaula metálica contará con oxígeno adicional y todas las condiciones que permitan monitorear la resistencia de los mineros durante los 15 a 20 minutos que tardará la grúa en sacar la cápsula. El rescate por trabajador se prevé dure una hora y media en total.

En tanto, durante el operativo final habrá 35 contactos con la prensa, comenzando con la que se realizará antes de que bajen los rescatistas. Después, se entrevistará a los rescatados y, finalmente, los socorristas evaluarán ante los medios el inédito rescate que quedará en la retina del mundo entero.

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