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Internacional

SUDÁFRICA

El icono cumple dos décadas

El 11 de febrero de 1990, Nelson Mandela salió en libertad tras 26 años en prisión. Con un mensaje de reconciliación, obró el milagro: lideró la transición hacia la democracia sin pagar el peaje de una guerra civil.

Nelson Mandela en una imagen de archivo
El icono cumple dos décadas
AFP

La historia de Nelson Mandela -y, por extensión, de la transición de Sudáfrica- es tan extraordinaria que incluso hoy, cuando se cumplen dos décadas de su salida de la cárcel, resulta difícil de creer. Un líder antisegregacionista, partidario de la lucha armada y que fue condenado a cadena perpetua en 1964 por lanzar proclamas incendiarias, que abandonaba 26 años más tarde la prisión de Víctor Verster con un único objetivo: la reconciliación entre negros y blancos en el país. "Si es necesario, estoy dispuesto a morir por este ideal", afirmaba Mandela durante un juicio antes de su etapa entre rejas. "Si quieres hacer las paces con tu enemigo, debes trabajar con él", sentenciaba a la salida. El 11 de febrero de 1990 nació un icono universal.

 

En un tiempo en que, en países -sin ir más lejos- como España, la credibilidad de la clase política anda por los suelos, vale la pena recordar el ejemplo de una personalidad solo comparable en el siglo XX a una figura como Ghandi. Así lo ha constatado el director estadounidense Clint Eastwood, que ha aprovechado el mencionado aniversario para adaptar al cine el libro 'El factor humano', del periodista John Carlin.

 

Rolihlahla Mandela, miembro de la etnia xhosa que más tarde cambió su nombre por el de Nelson, nació en 1918 en el Transkei, uno de los núcleos segregados por el 'apartheid' sudafricano. Su alias original significa 'revoltoso', y como tal decidió actuar desde que, junto a su gran amigo Walter Sisulu, se convirtiera en el primer abogado negro del país. Eran los años 40, etapa en la que Mandela decidió liderar el ala radical del Congreso Nacional Africano (CNA), órgano creado a principios de siglo para tratar de defender a la mayoría negra.

 

Su ingreso en la cárcel no impidió que continuara liderando en la sombra la oposición en Sudafrica al 'apartheid'. Pese a ello, muchos compatriotas habían olvidado el rostro del hombre que, con el brazo en alto y junto a su esposa de entonces, la polémica Winnie, recorrió entre multitudes las calles de Ciudad del Cabo aquel 11 de febrero de 1990.

 

Aquel día culminó un proceso, ideado y llevado a cabo en secreto por colaboradores del entonces presidente, P. W. Botha, para liberar a la única persona que podía arrostrar la transición sin que estallara la guerra civil. Atrás quedaban un sinfín de reuniones del líder del CNA con, entre otros, el ministro de Defensa, Kobie Coetsee, o el director del Servicio Nacional de Inteligencia, Niël Barnard, dos de los grandes artífices de la liberación de Mandela. Incluso se llegó a reunir con el propio Botha. Las diferentes citas tuvieron algo en común: todos los interlocutores quedaron cautivados con la afabilidad del prisionero.

 

Su primer discurso al abandonar la cárcel generó cierta inquietud en la minoría afrikaner: "Los factores que impusieron la lucha armada siguen todavía hoy", afirmó Mandela. Tres días más tarde, en su famosa alocución en Soweto (uno de los barrios segregados de Johannesburgo) ante 100.000 personas entregadas, el carismático líder trasladó a los sudafricanos su verdadero mensaje: pidió "dignidad" y "disciplina", rechazó los actos vandálicos e instó a la mayoría negra a "entender y tratar los temores de los blancos". El icono estaba listo para atravesar el mundo.

 

Afable en el trato cara a cara, sobrio en su discurso, Mandela -apodado Madiba- es conocido por combinar la nobleza africana con la aristocracia británica. Como el conde de Montecristo, salió de la cárcel con un plan. Pero, al contrario que Edmond Dantès, frente a la venganza optó por la mediación. Una cualidad demasiado extraña hoy en día.

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