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Internacional
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REPORTAJE

El estrecho bloqueo israelí ahoga a los pescadores de Gaza

Israel impone un bloqueo a la franja mediterránea y férreas restricciones a los pescadores palestinos, cuyo jornal en muchos casos es el único del que dependen familias enteras.

El pescador Abu Mohamed al-Hisi, de 52 años, era conocido por sus amigos como el "Simbad de Gaza" por sus innumerables aventuras marinas e intrepidez a la hora de adentrarse decenas de kilómetros para faenar en aguas de esta franja palestina.

Sin embargo, la tarea ordinaria de capturar miles de sardinas y otro tipo de pescados se ha convertido en historia, de esas que cuentan los lugareños rememorando mejores tiempos, pues la situación en Gaza cambió dramáticamente desde la captura del soldado israelí Guilad Shalit por milicias palestinas en de junio del 2006.

Desde entonces, Israel impone un bloqueo a la franja mediterránea y férreas restricciones a los pescadores palestinos, cuyo jornal en muchos casos es el único del que dependen familias enteras.

El Gobierno israelí limita desde hace más de dos años la pesca a tres millas de la costa, cuando antes solía tener un margen de 20 millas, lo que hace hoy imposible que el "Simbad de Gaza", así como otros 3.000 pescadores puedan desarrollar su labor.

"Me gano la vida en las aguas de Gaza. La cosa empeora desde hace años y no sólo desde que comenzó la Intifada, o Hamás ganara las elecciones, o incluso de que Shalit fuera secuestrado", declara al-Hisi con sorna.

El pescador es el único sosten económico de los 43 miembros que conforman su familia, y dice; "creedme, nunca hemos estado tan mal. La vida se ha convertido en un infierno".

El bloqueo se endureció cuando el movimiento islamista Hamás se hizo por la fuerza con el control de la franja de Gaza en junio del año pasado, tras enfrentarse a los leales al grupo nacionalista Al-Fatah, que lidera el presidente palestino, Mahmud Abás.

Tras la lucha fratricida Israel clausuró los principales pasos comerciales, industriales y de personas, así como la frontera de Rafah, en el sur de la franja y limítrofe con Egipto.

Mientras observa las patrulleras navales israelíes frente a Gaza, al-Hisi explica que "tres mil pescadores trabajan esporádicamente en una pequeña porción costera donde no quedan apenas peces".

"Hace dos o tres años, solía vender pescado por 500 dólares a la semana, hoy tengo suerte si puedo vender toda la mercancía por 5 dólares", comenta.

A las limitaciones para faenar se suma el peligro que supone salir a alta mar, pues barcos de guerra y patrulleras militares israelíes suelen disparar contra las embarcaciones palestinas para forzar a los pescadores a regresar a la orilla.

Algunos son detenidos a bordo de sus rudimentarios botes.

Los pescadores se quejan de que la situación no ha mejorado a pesar del alto el fuego alcanzado el pasado 19 de junio entre Israel y Hamás, que gobierna Gaza, y según el cual el Estado judío debería levantar progresivamente el bloqueo.

"Esperábamos que la cosa cambiara tras la tregua, pero no es así, siguen disparándonos y, a veces, nos detienen durante largas horas y nos obligan a desnudarnos y nadar de vuelta hacia la costa", denuncia el marino gazano.

Tareq Saqer, director general de Pesca en el Ministerio de Agricultura local, advierte de que "la política de restricciones aplicada por Israel ha reducido la cantidad, el tamaño y variedad de peces que capturan los pescadores".

El responsable político agrega que las "injustas restricciones" han llevado al sector a una de las peores crisis en años, con la pérdida de millones de dólares en equipos destruidos por la Fuerza Naval israelí, además de la reducción de la venta de pescado.

Mahmud Abu Asi, de 37 años, pescador y padre de ocho hijos, lucha para satisfacer las necesidades básicas de su familia.

De los tres botes que heredó de su padre, uno lo perdió por fuego israelí, mientras que los dos restantes están atracados en el único embarcadero de Gaza.

"En esta situación no puedo mantener a mis trabajadores. Me gustaría tener un estado palestino real en el que controláramos nuestras fronteras y tuviéramos soberanía sobre nuestras aguas territoriales", manifiesta.

Su empleado Iad Baker, de 27 años, responde irónicamente: "Si declaráramos el estado como dice el presidente Abás, sólo significaría un control más estricto de las fronteras".

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