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Internacional

SEGUNDA GUERRA DEL LÍBANO

El Ejército de Israel aprende de sus errores

Tres años después de la Segunda Guerra del Líbano, el Ejército israelí ha pasado una profunda transformación destinada a evitar los errores de aquella contienda, que terminó en un empate técnico frente a una milicia muy inferior en tropas y armas, la libanesa-chiita de Hezbolá. El entrenamiento masivo de tropas regulares y de la reserva ha sido constante en los últimos 36 meses para modernizar un Ejército que, muy a pesar de lo que se decía, entró en aquella guerra anquilosado por años de abandono y recortes presupuestarios. Recortes que, en definitiva, mermaron la capacidad de las unidades de la reserva, la verdadera columna vertebral del Ejército israelí.

En una ceremonia celebrada esta semana para recordar a los 150 muertos israelíes de aquella guerra, el comandante en jefe de la Región Norte, el general Gadi Eizenkot, reconoció "los errores de preparación" y "la forma en la que la fuerza fue empleada", pero insistió en que el "el objetivo era justo".

"Puso fin a una realidad intolerable en la frontera norte de Israel", declaró el general en alusión a los intermitentes ataques fronterizos que se producían desde 2000, cuando Israel se retiró del sur del Líbano tras 18 años de ocupación. A diferencia de otras escaramuzas anteriores, la incursión de Hezbolá del 12 de julio de 2006 condujo a una escalada bélica porque logró llevarse a dos soldados reservistas, la peor de las pesadillas de un Gobierno israelí.

La muerte de los dos soldados, cuyos cadáveres Hezbolá solo devolvería en 2008 en un canje de prisioneros libaneses, son un indicio de la baja preparación del Ejército la víspera de aquel 12 de julio.

La de esos dos militares y la de otros cuatro que iban en un tanque y que, literalmente, se desvanecieron a causa de una potente mina de Hezbolá nada más cruzar la frontera en busca de sus compañeros cautivos.

El resultado de la guerra, en la que la Fuerza Aérea de Israel destruyó barrios enteros de Beirut -con el consiguiente alto precio en vidas humanas, más de 1.200 libaneses en 34 días de contienda-, fue también producto de una concepción errónea por parte de gobernantes y militares.

Mala concepción la de un por aquel entonces primer ministro, Ehud Olmert, y un titular de Defensa, Amir Peretz, que no tenían experiencia en temas militares y que, aun así, lanzaron al Ejército hacia el Líbano sin preguntarse si estaba preparado para ello.

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