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Internacional

Desconfianza y buenas relaciones

Durante los últimos 60 años, Berlín y Paris han vivido etapas que estuvieron marcadas por la desconfianza, pero también por las buenas relaciones entre los respectivos líderes. Los alemanes, por ejemplo, aun no olvidan la actitud que tuvo Francois Miterrand, quien no ocultó su deseo de que Mijail Gorbachov bloqueara o aplazara la unificación.

El legendario mandatario francés temía, con razón, de que la nueva Alemania, que estaba por emerger en Europa, le quitara protagonismo a su propio país. Los temores de Miterrand estuvieron a punto de acabar con el famoso eje, cuando se opuso con vehemencia a los planes de Helmut Kohl, que apoyaba la ampliación de la UE hacia el Este. "Existen contradicciones que están comenzando a emerger y nuestro deber es evitar que se conviertan en letales", decía el presidente galo.

Las desconfianzas lograron superarse gracias a las relaciones personales que mantuvieron los líderes de ambos países. Adenauer y De Gaulle impulsaron la reconciliación entre las dos naciones; Valery Giscard D'Estaing y Helmut Schmidt aún siguen siendo amigos; Kohl logró finalmente el apoyo de Miterrand y la camaradería que existió entre Jacques Chirac y Gerhard Schröder es legendaria.

Pero en los desencuentros y encuentros de los presidentes y cancilleres de turno siempre predominó la importancia del famoso eje franco alemán como "motor" del proyecto comunitario. Todo eso parece haber cambiado con la llegada al Eliseo de Nicolas Sarkozy, el primer presidente galo que no ha ocultado su escepticismo sobre la eficacia del famoso eje.

El presidente galo tampoco oculta su malestar al constatar que la ampliación de la UE hacia el este coloco a Paris en la periferia de Europa mientras que Berlín se desplazó hacia el centro, una realidad geográfica que reforzó el liderazgo alemán en la UE.

Todo esto puede comenzar a cambiar el próximo 1 de julio cuando Francia asuma la presidencia de la UE. Los alemanes están convencidos de que el dinámico Sarkozy desea aprovechar el semestre para impulsar una serie de medidas que le permitan recuperar para su país, el liderazgo europeo en detrimento del famoso eje franco-alemán.

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