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EGIPCIOS EN ZARAGOZA

«Daría la mitad de mi vida por estar en mi país»

La colonia de egipcios en la capital aragonesa celebró ayer la salida del poder de Mubarak.

El grupo de egipcios, con amigos yemeníes y sirios en la celebración ayer en Zaragoza.
«Daría la mitad de mi vida por estar en mi país»
OLIVER DUCH

Al hablar contigo siento que hago algo por mi país, que ejerzo de portavoz». Las palabras de Khalid Isa muestran que la distancia separa de El Cairo -tres mil kilómetros- a la colonia de egipcios que hay en Zaragoza no solo no resta, sino que incluso incrementa la emoción que sienten en estos momentos históricos. Ayer, varios de ellos, ya con la resaca de la marcha de Mubarak, celebraron la caída del 'rais'.

«Fue un shock -dice Haythem Derwish al recordar el momento en que escuchó la noticia-. Tengo 31 años, solo había conocido a Mubarak y ahora se ha marchado». «Daría la mitad de mi vida por estar ahora mismo en mi país, en la plaza de Tahrir», suspira Khalid.

«¿Sabes cuándo supe que era el final del presidente?», se pregunta a su lado Tarek Fahmy. «Con toda la sangre, con las muertes del 28 de enero. Entonces supe que ya no había vuelta atrás». Lo corroboró el discurso del 'rais' el jueves. «Se notó que era solo un amago para ver cómo reaccionaba el pueblo; si la gente volvía a la calle, él continuaría; si no, el Ejército le mandaría a su casa», analiza.

En esta imposibilidad de recuperar el statu quo anterior a las manifestaciones ha jugado un papel vital el Ejército, que ahora aparece como uno de los héroes de la revolución. «Anteayer (por el jueves) -recuerda Khalid-, con la declaración de Mubarak, pensé que se desataría una matanza entre un pueblo de 80 millones de personas y un Ejército de cuatro millones de soldados. Gracias a Dios, no se ha llegado a eso».

El papel del Ejército

La duda que gravita ahora es: ¿hay riesgo de que, como con Nasser, el Sadat y el propio Mubarak, las Fuerzas Armadas vuelvan a colocar por su cuenta y riesgo a un gobernante? El colectivo de egipcios duda. Andy Isa: «Por eso está todavía la gente en la calle, para pedir que se hagan bien las cosas». Tarek: «No puede pasar, y la garantía para ello es el espíritu que ha generado esta revolución. El Ejército sabe que, si actúan así, al día siguiente las calles se llenarán de gente. La revolución ha sido del pueblo, no del Ejército».

Estas son horas para la esperanza. Por ejemplo, para Saeid Elkatlawy, físico de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza. «Antes no tenía ninguna ilusión por regresar; ahora, sí. Para Mubarak, la ciencia era una pesadilla. Se supone que el país cambiará desde este momento, también en la Administración científica».

Uno de los rasgos que caracteriza al pueblo egipcio es el orgullo de sus raíces y del papel que juegan en el mundo árabe. Este sentimiento, sepultado de algún modo en las últimas décadas, ha resucitado de un plumazo con la actual revolución. «Me acaba de llamar -salta Khalid con una sonrisa- un amigo libio de Valencia. Me ha dicho que les hemos hecho un gran favor, porque ahora Gadafi está sacando el dinero que tenía debajo de la baldosa y se lo está dando al pueblo». «Egipto es el corazón del mundo árabe. Llevábamos décadas 'muertos' y ahora muchos líderes árabes están muy preocupados», replica Andy.

Una de las cuestiones que más preocupa al colectivo es saber adónde van a ir a parar las riquezas de Mubarak. Aquí, Haythem formula una petición: «A todos los países amigos de Egipto, por favor, ayuden al pueblo a que el dinero que robó regrese al país». Entonces se desatan las elucubraciones: «En Madrid hay dos calles en las que todas las viviendas son propiedad de la mujer de Mubarak. Y en Londres tiene un palacio de seis plantas», apunta Andy.

Menos importancia se da al papel que jueguen los Hermanos Musulmanes en la joven democracia. «Ese temor lo ha creado el Gobierno», considera Haythem. «Egipto nunca a va estar en manos de los fanáticos. Lo digo de corazón», añade Tarek.

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