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REINO UNIDO

Brown promete "hacerlo mejor" mientras los sondeos le auguran una derrota irrecuperable

Solo la grave crisis detiene a los laboristas a acabar con su líder.

El primer ministro británico, Gordon Brown, prometió "hacerlo mejor" ante la severa pérdida de popularidad sufrida en los 15 meses que lleva en el poder y las graves perspectivas electorales que le pronostican las encuestas, con una derrota segura ante los conservadores y, según la más amplia realizada hasta la fecha, con 35.000 consultas, con consecuencias que requerirán al menos una década en la oposición.

A dos días de su crucial intervención en el Congreso que desde ayer y hasta el próximo miércoles el Partido Laborista celebra en Manchester, Brown reconoció en una entrevista con la BBC errores, después de que un sondeo publicado por el liberal 'The Observer', el de mayor envergadura publicado nunca, con tres meses de trabajo tras de sí y precisiones en los 238 asientos más marginales, augura una victoria de los conservadores de 146 escaños y la pérdida de asientos ostentados de forma ininterrumpida desde la I Guerra Mundial.

Además, destacados ministros del actual Gobierno, hasta ocho, como el veterano titular de Justicia, Jack Straw, o la responsable de Interior, Jacquie Smith; se verían desalojados de Westminster por una tendencia que, según la encuesta, apunta a un giro en el panorama británico cuya revocación implicaría para los laboristas un período en la sombra similar al de los conservadores tras su salida del poder en 1997 a raíz del empuje del Nuevo Laborismo encarnado por Tony Blair.

Con todo, un estudio publicado por el diario 'Independent on Sunday' recorta la distancia de 20 puntos que mayoritariamente venían ostentando los conservadores y deja una proyección de 39 por ciento para los de David Cameron, por el 27 por ciento que obtendría el Laborismo y el 21 por ciento al que se elevarían las posibilidades de los liberal demócratas, que esta misma semana celebraron también su cónclave anual.

Propósito de enmienda

Por todo, con el debate sobre su continuidad abierto y el carácter oficial adquirido ya por la campaña promovida para desalojarlo del número 10 de Downing Street, el mandatario escocés ha optado por la prudencia y, tras subrayar que no se va a "achicar" por la difícil situación a la que ha conducido al partido, apostó por el propósito de enmienda cuando resta poco más de año y medio para las generales, después de descartar un adelanto electoral hace doce meses en su inicial luna de miel con el electorado : "Lo haré mejor".

En este sentido, se mostró convencido de que en Navidad continuará en la residencia oficial, a pesar del teórico ultimátum que le habría impuesto su partido para reconducir su fortuna o abandonar el puesto. "Por supuesto", subrayó, aunque concedió que se han cometido errores en cuestiones como la reforma fiscal que afectó a las rentas más bajas y que el pasado mes de mayo fue responsabilizada de la severa derrota en los comicios locales, la primera de una cadena de cuatro golpes consecutivos sufridos por Brown en las urnas.

Por ello, declaró que "desde luego siempre se quiere hacer mejor" y prometió hacer "lo máximo para hacerlo siempre", ante las voces que cuestionan su capacitación para el puesto y que mantienen que incluso entre su propio gabinete la corriente dominante es la de que, con él como cabeza de lista, el cuarto mandato es una aspiración irrealizable. Con todo, sería necesaria la firma de un 20 por ciento del Grupo Parlamentario, es decir, 70 miembros, para abrir siquiera el proceso de sucesión

En este sentido, hasta ahora son tan sólo 13 los diputados que lo han reclamado oficialmente y, tras la renuncia esta misma semana del viceministro para Escocia, David Cairns, por su descontento con el liderazgo de Brown, figuras destacadas como el ex ministro de Interior, Charles Clarke, tradicional enemigo del político escocés, han aumentado la presión con sus llamadas a un relevo que, con todo, han encontrado ya réplica en otros ex dirigentes como John Prescott, viceprimer ministro de Tony Blair, quien advirtió de los perjuicios de la desunión.

Unidad

Sin embargo, en su intervención de este domingo, el primer ministro reivindicó la "unidad" de su Gobierno y algunas de las figuras más destacadas del mismo, como el propio Jack Straw o el teórico mejor posicionado para un virtual relevo, el responsable de Exteriores, David Miliband, han insistido en que se trata del "hombre adecuado" para dirigir el destino del país ante la grave crisis económica internacional, dado el aval forjado durante la década que desempeñó la cartera de Hacienda y durante la que Reino Unido experimentó uno de sus períodos más florecientes.

En este sentido, Brown declaró que las decisiones acometidas "son las correctas para el país", aunque las anunciadas en materia de vivienda o energía en este reinicio de curso político no han colmado todavía las expectativas generadas para un posible inicio de recuperación de la suerte de los laboristas. "Creo que las decisiones que hemos tomado en los últimos días y las que tomaremos en los próximos demandan sentido e inteligencia y es muy importante que tomemos las decisiones importantes para el país", aseveró.

En contraposición, consideró que los conservadores han fracasado en su interpretación de los retos que implica la "primera crisis de la economía global", en lo que supone una prueba más de la nueva estrategia de ataque frontal a la oposición para recuperar posiciones entre los votantes. Con todo, Brown retomó sus promesas de esta semana de tormenta financiera en la que se comprometió a "limpiar" la City y consideró "justo decir que ha habido un gran nivel de irresponsabilidad".

Al respecto, reiteró que es la persona adecuada para guiar al país en los tiempos de dificultades actuales: "Estoy mejor preparado para hacer hacerles frente quizás que cualquiera porque no se puede encarar --la crisis-- con lemas, o relaciones públicas o citas jugosas", en referencia a las propuestas de los 'tories', especialmente en materia tributaria. "Hay que enfrentarte a esto con la inteligencia de las decisiones que se toman", aseveró.

Con todo, admitió que "siempre hay lecciones que deben ser aprendidas" y opinó que su percepción entre los británicos "no será más que la de alguien que quiere aprender las lecciones". "Nunca estoy satisfecho, siempre estoy alerta, queriendo contrastar lo que estamos haciendo y lo hecho anteriormente y aprender lecciones de ello", explicó, tras lo que resumió: "De eso se trata gobernar".

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