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ALEMANIA

Abre al público el búnker de Honecker, la "perla" anti-atómica de la RDA

Durante todo el verano alemán se brinda al visitante la ocasión de hacer visitas guiadas a sus estancias acorazadas, preparadas para acoger en caso de necesidad a 400 personas, entre dirigentes y sus familiares.

El búnker anti-atómico que ordenó construir el último mandamás de la República Democrática Alemana (RDA), Erich Honecker, quedó abierto al público provisionalmente, ya que el próximo octubre será precintado para evitar acciones vandálicas y robos.

El búnker, considerado la "perla" anti-atómica del régimen germano-oriental, alternativa a los construidos al otro lado del Muro, está en las afueras de Berlín a orillas del lago Wandlitz, donde Honecker y el resto de la cúpula de la RDA tuvo su residencia.

Durante todo el verano alemán se brinda al visitante la ocasión de hacer visitas guiadas a sus estancias acorazadas, preparadas para acoger en caso de necesidad a 400 personas, entre dirigentes y sus familiares.

La existencia del búnker fue un secreto en tiempos de la RDA y su construcción costó el equivalente a unos 300 millones de euros.

Honecker ordenó su construcción en tiempos de la Guerra Fría, después de que Estados Unidos desplegase sus misiles Pershing II y Crucero en territorio occidental.

Se estima que, en caso de ataque atómico, los 400 privilegiados a los que se brindaba protección habrían podido sobrevivir en sus estancias dos semanas.

Hace unos meses quedó asimismo abierto al público, en las inmediaciones de la antigua capital federal, Bonn, el Museo de la Guerra Fría, instalado en lo que fue el búnker construido por la República Federal de Alemania (RFA) con idéntico fin.

El refugio antinuclear occidental costó el equivalente a 2.440 millones de euros y, como su homólogo del este, nunca entró en funcionamiento.

Estaba preparado para albergar a hasta 3.000 evacuados, entre miembros del gobierno, parlamentarios, alto funcionariado y grupos de familiares, y constaba de un total de 17 kilómetros de túneles, en el subsuelo de Bad Neuenahr.

El antiguo búnker occidental perdurará como museo permanente, mientras que el de Honecker tiene las semanas contadas; los costes de mantenimiento son demasiado altos para que salga rentable protegerlo de los cacos o meros gamberros que en estos últimos años se han cebado en cañerías y cableado.

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