Israel aprieta con tanques el cerco sobre Rafah y vuelve a recurrir al hambre como arma de guerra

Ante el bloqueo del envío de bombas por parte de EE UU, Tel Aviv incrementa su ofensiva e impide la ayuda humanitaria

Tanques israelíes en el cerco sobre Rafah
Tanques israelíes en el cerco sobre Rafah
Xinhua vía Europa Press

A las pocas horas de conocer las palabras del presidente estadounidense, Joe Biden, sobre su decisión de no enviar armas a Israel para atacar Rafah, el gabinete de guerra hebreo acordó intensificar su operación contra la ciudad del sur de Gaza donde se refugia más de un millón de palestinos. Los bombardeos se endurecieron en la parte este, de donde han escapado más de 100.000 personas, y se mantuvo cerrado una jornada más el paso fronterizo con Egipto, sometiendo a la Franja a un bloqueo total de comida, agua, medicinas y carburante. "En cuestión de días, si no cambia la situación, la falta de combustible podría paralizar las operaciones humanitarias", alertaron desde Naciones Unidas.

Israel persigue presionar a Hamás con un cerco de estilo medieval a la Franja y vuelve a recurrir al "hambre como arma de guerra", como denuncia el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell. El portal Axios, citando fuentes próximas al gabinete de guerra, aseguró que la expansión de las operaciones en Rafah será "medida" para no cruzar la línea de lo que Estados Unidos considera un asalto a gran escala. La enorme concentración de carros de combate y tropas al otro lado de la verja de separación, sin embargo, muestra una imagen similar en los preparativos a las que se vieron en las primeras semanas antes de arrasar la zona norte de Gaza.

El movimiento de Israel en Rafah ha provocado que las "operaciones humanitarias estén completamente paralizadas en la zona" en un momento de extrema gravedad para los civiles porque se extiende la hambruna, denunció la ONU. Quienes huyen de los bombardeos se dirigen a las denominadas "zonas seguras" como Al Mawasi, en la costa. Allí se encuentra Paulo Milanesio, coordinador de emergencias de Médicos Sin Fronteras: "La gente llega como puede, muchos a pie, es muy difícil para las familias, que salen con lo poco que les queda. Vienen niños, mayores, enfermos. y aquí, en la playa, es difícil garantizar servicios mínimos como el agua. La situación es crítica, sin precedentes, inhumana".

Al comienzo de la guerra la meta de Israel era acabar con Hamás, erradicar al grupo islamista de la Franja. Con el paso de los meses ese objetivo se aleja y la realidad sobre el terreno lleva al Estado hebreo a pensar en "debilitar al enemigo hasta el punto de que ya no tenga sistemas de mando y control, ni la capacidad de lanzar ataques a gran escala, pero seguiría siendo una amenaza que habría que abordar como se abordan las amenazas en Cisjordania", en opinión de Yaarov Katz, exdirector del periódico The Jerusalem Post.

Batallones y túneles

Rafah es la última ciudad que le queda a Israel por asaltar y allí espera encontrar a los más de cien cautivos que quedan en manos de las milicias palestinas y cazar a los cerebros del ataque del 7 de octubre. Según los cálculos de los militares, Hamás contaría con cuatro batallones listos para entrar en combate, unos 15.000 hombres, y una red de túneles importante debido a que es un lugar estratégico por su proximidad a Egipto.

Las armas hablan, el diálogo se estanca y el alto el fuego que abra la puerta a un intercambio de cautivos por presos palestinos se aleja. Las conversaciones indirectas entre Israel y Hamás de esta semana en El Cairo no han dado resultados positivos, pero la negociación prosigue. Los representantes islamistas, de regreso en su cuartel general en Doha, dijeron que no tienen intención de ceder en la propuesta de tregua que han aceptado, pero que el Estado hebreo rechaza.

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