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EE. UU.

Fuga de película con final trágico en Alabama

La directora adjunta de una prisión se enamoró de uno de los reos más peligrosos, condenado a 75 años de cárcel, y huyó con el tras vender su casa y vaciar sus cuentas.

Retrato facilitado por los agentes de seguridad de Lauderdale.
Retrato facilitado por los agentes de seguridad de Lauderdale.
Sherriff's Office

Fue uno de esos casos de atracción fatal que nadie imaginó posibles. Vicky White, de 56 años, era una empleada ejemplar y mano derecha del director de la prisión. Una empleada pequeñita, obediente y solitaria, de ojos dulces y mano firme, que "nunca dio la menor señal" de que pudiera acabar del otro lado de la ley por amor. "Supongo que nos creemos que conocemos a la gente pero nunca llegamos a conocerla", suspiró atribulado el sheriff del condado de Lauderdale (Alabama), Rick Singleton.

El día que desapareció con uno de los presos más peligrosos al que iba a llevar a una cita para "evaluación mental" todos creyeron que Casey White, de 38 años, que coincidentemente tenía su mismo apellido, la habría subyugado por el camino para darse a la fuga. O aún peor, la habría matado, como hizo con Conney Ridgeway, a puñaladas, el día de su cumpleaños. Para cuando confesó el crimen, el grandullón tatuado de esvásticas nazis y mensajes supremacistas ya estaba en prisión cumpliendo una sentencia de 75 años por una ristra de crímenes cada cual más violento.

El sheriff y sus empleados, para los que Vicky era "como una madre", se quedaron perplejos al descubrir que el reo no tenía concertada ninguna cita en los juzgados ese 29 de abril. Una cuidadosa revisión de las cámaras de la prisión reveló que la directora adjunta se había saltado varias normas de seguridad llevándoselo ella misma, sin ayuda ninguna. No era de extrañar que la hubiera reducido. Para eso son los protocolos, para evitar que un reo pueda doblegar a quien lo custodia. Pero a Vicky nadie se atrevió a decirle nada. Llevaba 17 años trabajando allí, era la autoridad.

Todo empezó a cobrar sentido precisamente cuando dejó de tenerlo: el coche que buscaban lo encontraron aparcado en un centro comercial. Antes de fugarse con él había vendido su casa, pedido el finiquito y vaciado las cuentas. En total, 185.000 dólares en efectivo con el que inició una carrera desenfrenada para vivir con el hombre que la había hecho sentirse viva por primera vez en su vida. "Vicky ni se iba de vacaciones", contó el sheriff.

La atracción del chico malo es bien conocida. Ella no bebía, no tenía vida social, "el trabajo era toda su vida", explicó Singleton, que confiaba en ella como en su mano derecha. Fueron los otros reos los que hilvanaron las piezas de la "relación especial" que tenía con Casey desde dos años antes. Nada de lo que pudieran percatarse el resto de los funcionarios. Un poco más de comida en el plato, más tiempo en el patio de recreo, menos riñas de lo normal.

"La furia del momento"

Nadie cree que llegaran a tener una relación física entre rejas, por eso tal vez se volvieron locos. El letrado de oficio que defendía a Casey, Dale Bryant, dice que no cree que él lo planease. "No era de ese tipo, era alguien espontáneo que actuaba en la furia del momento", contó. Ella, sin embargo, calculó hasta dormir la última noche en un motel, en lugar de con su madre, con la que se había mudado al vender la casa. Tenía también pagada una semana de habitación en un motel de Evansville (Indiana) que fue su nido de amor. Casey era la única que salía de vez en cuando, con una peluca y gafas de sol, porque un tipo de más de dos metros lleno de tatuajes no podía pasar desapercibido. Los 20.000 dólares que se habían ofrecido por información que liderase a su captura eran suficiente aliciente.

La unidas de federales dedicado a encontrar fugitivos les seguía la pista. La persecución final fue tan de película como será su historia. Cuando por fin los tuvieron a la vista, parados en el césped a la orilla de la carretera, no se lo pensaron. Una patrulla embistió el coche y lo dejó volcados en la cuneta. "¡Mi mujer, rescatad a mi mujer, se ha pegado un tiro y yo no he sido!", gritaba Casey cuando lo sacaron. Vicky, con un disparo en la cabeza, falleció en el hospital. Sabía que no podría enfrentarse a ninguno de los que la conocieron en su otra vida. Se lo había jugado todo para ser feliz y perdió.

Casey vuelve a estar en prisión a la espera del juicio que alargará aún más su sentencia. "Tiene problemas mentales y de drogas", explicó su abogado, "pero cuando está bajo medicación puede ser alguien muy agradable".

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