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Heraldo domingo

La guerra en Ucrania sacude África

Rusia ha puesto sus ojos en África. Hace suculentos negocios con sus gobiernos y les proporciona soporte militar. Ahora cosecha su apoyo a pesar de que la invasión de Ucrania puede matar de hambre a la población.

A Ukrainian serviceman fires with a mortar, as Russia?s attack on Ukraine continues, at a position in Kyiv region, Ukraine March 30, 2022. REUTERS/Serhii Nuzhnenko UKRAINE-CRISIS/KYIV-DEFENCE
La guerra en Ucrania sacude África.
GLEB GARANICH

Ningún otro continente se ha mostrado más reticente a condenar la invasión rusa de Ucrania que África. En la votación que la Asamblea General de Naciones Unidas llevó a cabo el pasado día 2 de marzo para exigir la retirada "inmediata e incondicional" de las tropas rusas en territorio ucraniano, solo 27 de sus 54 países miembros de la ONU votaron a favor. El resto se abstuvo o se ausentó, mientras que Eritrea se alineó con países como Corea del Norte o Siria y votó en contra.

Esta división refleja la influencia que el nuevo bloque de poder liderado por China tiene en el continente africano y el impacto doble de esta coyuntura bélica. Mientras gran parte de sus estados se verá afectada seriamente por el encarecimiento de alimentos y materias primas, otra parte puede beneficiarse económicamente si se postula como proveedor alternativo de los productos que Occidente va a echar en falta: desde el gas argelino o senegalés, hasta el platino sudafricano.

"La guerra está provocando una profunda crisis de seguridad alimentaria, que ha dejado en evidencia la vulnerabilidad africana ante el encarecimiento de los combustibles y de los fertilizantes, exacerbando la inestabilidad política existente", sostiene Peter Kagwanja, director del Instituto para la Política Africana. "La invasión rusa de Ucrania subraya el creciente unilateralismo de las naciones más poderosas y empuja al mundo hacia el abismo de una nueva Guerra Fría", añade el académico, para quien el Cuerno de África se encuentra "en la trayectoria del tornado creado por la rivalidad geopolítica de las principales potencias".

En esta coyuntura de creciente polarización en dos bloques, no son pocos los que buscan el amparo de China y Rusia, dos países que no hacen preguntas incómodas. "Su impulso de un nuevo orden mundial, más equilibrado en sus relaciones internacionales y sin los condicionantes morales de Occidente, resulta atractivo para los gobernantes africanos", analiza el Instituto para Estudios de Seguridad (ISS) en un artículo. Poco a poco, las potencias coloniales tradicionales han ido perdiendo influencia en el continente, desplazadas por la emergencia económica del gigante asiático, "socio estratégico" de Rusia e impulsor de grandes infraestructuras en África.

Las estadísticas demuestran que Rusia comenzó a estrechar lazos con los países africanos mucho antes de invadir Ucrania. Su comercio con el territorio se disparó un 185% entre 2005 y 2015, y la tendencia se ha agudizado tras las sanciones que se le impusieron cuando se anexionó Crimea, en 2014. Entre 2016 y 2021 el comercio bilateral se duplicó hasta acariciar los 20.000 millones de dólares.

Las empresas rusas lideran proyectos mineros por todo el territorio y energéticos sobre todo en el norte. Pero su presencia se deja sentir también en sectores como el financiero o el transporte. "En los últimos años, Rusia ha perseguido agresivamente sus objetivos estratégicos en África: asegurar una atalaya en el Mediterráneo oriental y un acceso portuario en el Mar Rojo, incrementar las oportunidades para la extracción de recursos naturales, desplazar la influencia occidental y promover alternativas a la democracia", enumera Joseph Siegle, director de Investigación del Centro Africano de Estudios Estratégicos.

Armas y mercenarios

Moscú ha apuntalado su poder a través de otro elemento: es uno de los principales proveedores de armas de gobiernos con un carácter democrático discutible -Argelia y Uganda importan de Rusia más del 70% de su armamento-, y coopera militarmente con dos docenas de países. Sus mercenarios operan regularmente en países como Sudán, Mali, Angola o la República Centroafricana, en cuya capital se les dedicó una escultura el año pasado a pesar de que han sido acusados por la ONU de "violar seriamente los derechos humanos". Todos estos países se abstuvieron en la votación para condenar la invasión rusa. "Esta estrategia le funciona tanto al Kremlin como a los líderes locales, que obtienen un paraguas diplomático, recursos para fortalecer su poder doméstico y fuertes ingresos", analiza Siegle.

Pero fuera de los juegos geopolíticos de la elite africana, la situación actual puede convertirse en una condena a muerte para la población más desfavorecida. "La guerra en Ucrania significa hambre en África", afirma la directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva. "El continente es especialmente vulnerable por cuatro razones: el encarecimiento de alimentos y combustibles, la reducción de ingresos por turismo, y las dificultades para acceder a los mercados de capital internacionales", explica en un comunicado en el que considera que la guerra en Ucrania llega "en un momento delicado para África", porque puede echar por tierra los esfuerzos realizados para salir de la crisis del coronavirus.

La falta de alimento es lo que más preocupa. Sobre todo en África Oriental, donde países como Eritrea dependen casi al 100% de Rusia y Ucrania para importar trigo. Ruanda, Sudán, Somalia y Uganda compran en esos dos países el 90% o más de su trigo importado. Y la región solo produce localmente el 16% del que consume. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) considera, sin embargo, que Sudán, Kenia y Etiopía pueden ser los países más afectados al respecto, sobre todo porque un aumento de los precios se daría en conjunción con problemas climáticos y socioeconómicos. "Se ha creado un círculo de fuego en el que confluyen los conflictos bélicos, la crisis climática y la covid. Todavía no sabemos qué consecuencias puede tener, pero son preocupantes a corto plazo. Se está creando una ola de hambre que se extiende por el mundo", explica Antonio Salort-Pons, jefe del Laboratorio Global de Alianzas del PMA.

Blanca Carazo, responsable de Programas y Emergencias de Unicef España, señala que el acceso a alimentos ya se había visto afectado por la pandemia debido a las restricciones impuestas para combatir al coronavirus. "Esto también ha interrumpido servicios de atención nutricional en diferentes zonas", añade, indicando que países como Sudán del Sur o Somalia están en grave riesgo de hambruna.

"El 15% de las calorías que consumimos en el mundo proceden del trigo, y un tercio del que se produce viene de Rusia y Ucrania, que lo han sacado del mercado. Además, ahora es la temporada de siembra y no sabemos qué sucederá con la cosecha de este año", comenta Vicente Raimundo, director de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria de Save The Children. "800 millones de personas ya subsisten con unas 1.200 calorías al día, y cualquier golpe puede hacerles pasar hambre. Nosotros pagaremos el pan más caro, pero ellos no tendrán pan", añade.

Save The Children ha puesto el foco en Sudán, y alerta de que el precio de la cesta de la compra se ha multiplicado por siete en apenas dos años. Así, la previsión de que este 2022 allí necesitarían ayuda humanitaria 14,3 millones de habitantes se ha quedado corta y alcanza ya los 20 millones, casi la mitad de la población.

El Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola de la ONU añade que en Somalia ya hay 3,8 millones de habitantes con problemas de acceso a comida, mientras que en Líbano es el 22% del total. Por si fuese poco, Rusia es también el principal proveedor de fertilizantes del mundo -el gas natural es clave en la fabricación de los nitrogenados-, un hecho que podría impactar en la productividad del campo africano. "Esto puede desestabilizar aún más las sociedades. Prevemos que los conflictos armados se recrudezcan y se produzcan hambrunas en el Sahel y el Cuerno de África, afectadas por la sequía", añade Raimundo.

No obstante, el PMA vaticina que la población más afectada serán las clases desfavorecidas de las ciudades. "Hay muchas barriadas con una grave falta de servicios básicos y mucha miseria. Con salarios bajos y mucho paro, allí la población es especialmente vulnerable a la inflación", analiza Salort-Pons desde Kenia. Y esto puede tener un claro impacto en el desarrollo físico y mental de la infancia. "La mitad de quienes están en situación de inseguridad alimentaria grave son niños", sentencia Carazo.

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