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EE. UU. choca contra la 'neutralidad' china

Biden no logra arrancar ningún compromiso a Xi Jinping, quien le recomienda que negocie con Rusia.

Los bomberos trabajan contra las llamas en el incendio de un gran edificio de Kiev alcanzado por los bombardeos rusos
Los bomberos trabajan contra las llamas en el incendio de un gran edificio de Kiev alcanzado por los bombardeos rusos
Reuters

Dos no pelean si uno no quiere o, en palabras de Xi Jinping, "hacen falta dos manos para tocar las palmas", como le citó en Twitter la portavoz del Ministerio de Exteriores, Hua Chunying. No es ningún proverbio, sino la aparición de una tercera versión de la realidad internacional, a caballo entre la brutal invasión, rusa "sin provocación alguna", como mantiene el presidente, Joe Biden, y la "operación militar especial" de Vladímir Putin para "liberar de los nazis" al antiguo satélite soviético.

El presidente estadounidense sostuvo ayer con su homólogo de Pekín una larga videoconferencia de dos horas, que aún así palidecía ante las siete de reunión que mantuvo en Roma el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, James Sullivan, con su par chino. Si entonces la conversación fue "intensa", la de ayer resultó un intercambio de puntos de vistas "franco y en profundidad", según el comunicado del gigante asiático. La Casa Blanca, que tardó tres horas en difundir un texto vacío de doce líneas, no usó ningún adjetivo para describirla, pero fuentes diplomáticas la calificaron de "detallada".

China cree que Washington y la OTAN han provocado a Rusia con el avance de la Alianza del Tratado del Atlántico Norte hasta sus fronteras, con lo que de alguna manera justifica la reacción de Putin y acusa a los aliados de no haber sabido responder a las preocupaciones de seguridad que tiene Moscú. Por eso Xi, que públicamente se declara neutral y deplora la violencia, cree que la solución está en el diálogo. Y no solo el que se está llevando a cabo entre Rusia y Ucrania, sino en el que, a su juicio, debería estar sosteniendo también Estados Unidos y la OTAN con Rusia.

Si éste era el objetivo de Pekín, fracasó, pero si EE. UU. pretendía que China se desmarcase de su aliado de Moscú, también se quedó sin ello, porque no hubo ningún punto de distancia con Putin en el extenso comunicado de Xi.

Ayuda militar al Kremlin

Según el secretario de Estado Anthony Blinken, la Inteligencia estadounidense cree que China evalúa enviar a Rusia ayuda militar, además de servirle de apoyo para evadir las sanciones económicas y financieras que amenazan con hundir su economía. La debacle rusa tendría también un costo para China, que en las últimas dos décadas ha reforzado sus lazos con el Gobierno de Putin hasta convertirlo en su segundo mayor proveedor de petróleo después de Arabia Saudí. Llega, además, en un mal momento para el país asiático, recién salido de la pandemia y aún luchando contra el virus.

Pero en crisis hay oportunidad. Y esto sí es un proverbio chino. Los expertos creen que Pekín se beneficiaría geopolíticamente de la "guerra", como lo llama Xi en los últimos días, pese a que en los medios estatales de su país se sigue hablando de "crisis" o "conflicto". Todo lo que dañe la hegemonía de Estados Unidos en el mundo es positivo para el gigante asiático, que además está listo para sustituir la influencia rusa en el mundo. Las empresas chinas están cumpliendo con las sanciones a Moscú de forma privada, pero el Gobierno se niega adherirse a ellas porque "ni la guerra ni los castigos traerán la paz", escribió el martes en el ‘Washington Post’ el embajador chino, Qi Gang.

La videoconferencia de este viernes tenía un doble propósito: por un lado era la oportunidad de Biden de evaluar hasta dónde llegará Xi en su apoyo a Putin, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki; y por el otro de advertirle sobre las consecuencias que sufrirá si toma partido en esta contienda del lado de Rusia. Para eso el mandatario tuvo que tirar de toda su experiencia diplomática adquirida a lo largo de 36 años el Senado, la mayor parte al frente del Comité de Relaciones Exteriores, y hasta del Comunicado de Shanghái que hace medio siglo representó la primera negociación diplomática entre ambos países.

El mandatario norteamericano aseguró a su contraparte que no pretende iniciar otra Guerra Fría con China, sino que está comprometido con manejar sus diferencias y la competencia comercial a través del diálogo. A cambio quiere que China participe en la responsabilidad de "trabajar por la paz y la tranquilidad mundial". Sus abstenciones en las votaciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la invasión de Ucrania "hablaban por sí solas", dijo Psaki.

Pekín, por su parte, veía este encuentro, al que accedió "por cortesía", como una oportunidad de destacar su relevancia en el mundo y su malestar por "el mensaje equivocado" que "alguna gente en EE. UU. ha enviado a las fuerzas independentistas de Taiwán", lo que advirtió puede tener un impacto en las relaciones bilaterales de ambos países. Biden dijo el año pasado sin tapujos que su país apoyaría a Taiwán ante un ataque chino. Este viernes la Casa Blanca se limitó a reiterar en su breve comunicado que la posición del presidente "no ha cambiado". Todo indica que ninguno de los dos mandatarios salió de este encuentro virtual con lo que buscaba.

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