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entrevista

Noor Ammar Lamarty: "El derecho internacional no protege a las perseguidas por ser mujeres"

Esta activista jurídica de origen marroquí especializada en Derecho Internacional Público está tratando de ayudar a salir de Afganistán a abogadas, juristas, activistas, artistas y periodistas que quedaron atrapadas tras el triunfo de los talibanes. 

Noor Ammar Lamarty
Noor Ammar Lamarty
Gervasio Sánchez

Noor Ammar Lamarty es una activista jurídica de origen marroquí especializada en Derecho Internacional Público en Género e Infancia y formada en la Universidad Complutense de Madrid. En noviembre de 2020 creó la revista jurídicosocial WomenbyWomen. Tras el triunfo de los talibanes en Afganistán durante el verano pasado ha redactado medio centenar de solicitudes de evacuación de abogadas, juristas, activistas, artistas y periodistas afganas y ha buscado las vías más seguras para ayudarlas a abandonar su país. 

En esta larga entrevista explica las dificultades que han tenido tanto ella como sus compañeras para desarrollar su trabajo, conseguir legalizar las peticiones de asilo y evitar la detención o quizá el asesinato mujeres afganas perseguidas por el régimen fundamentalista.

Desde agosto de 2021 con el control de Afganistán por el régimen fundamentalista talibán ha cursado decenas de solicitudes de evacuación de mujeres afganas cuyas vidas peligran. ¿Con qué problemas se ha encontrado?

Con tener que justificar que las mujeres son un grupo social o que tienen una opinión política, porque la persecución por discriminación en base al sexo o al género no está recogida en el Derecho Internacional. La falta de compromiso de la Comunidad Internacional perpetúa lagunas legales que tienen un impacto muy fuerte en la ayuda jurídica que se les debería brindar a mujeres refugiadas.

¿El Derecho Internacional protege a las mujeres que son perseguidas por su condición sexual?

No. La Convención de Ginebra de 1951, el instrumento más nombrado internacionalmente, no alberga en la definición de “refugiado” la persecución por discriminación en base al sexo o por motivos de género. Esa dejadez provoca un vacío legal en la situación de las mujeres que son perseguidas por haber desarrollado una vida que rompe los estándares y los roles de género impuestos, basados en el patriarcado cultural, religioso y tradicionalista. Por otro lado considerar a las mujeres un “grupo social” es equiparar la mitad de la población mundial a una minoría concreta. Cuando se trata de las mujeres todo vale. Es peligroso porque no invita al progreso de las leyes y da una falsa sensación de amparo legal que no es del todo cierta.

Un grupo de niñas reciben clase en un colegio destartalado y sin cristales para protegerse de las temperaturas gélidas del invierno afgano en febrero de 2002
Un grupo de niñas reciben clase en un colegio destartalado y sin cristales para protegerse de las temperaturas gélidas del invierno afgano en febrero de 2002
Gervasio Sánchez

¿Podemos decir entonces que el articulado de esta importante convención sigue dando la espalda a siglos de opresión? ¿Qué debería incluirse para que no pareciera tan obsoleto?

Así es. La intención de mejorar las condiciones de vida de las mujeres en general y en este caso de las mujeres refugiadas en concreto es prácticamente nula. A nivel internacional se debe ampliar la definición de refugiado de la Convención de Ginebra de 1951 en su artículo 1.2 A, e incluir la persecución por “discriminación en base al sexo”, o “motivos de género”. En el plano europeo destaca el Convenio de Estambul que nació en 2011. Ha sido ratificado por países miembros del Consejo de Europa pero no afecta a países no europeos que hayan podido ratificar la Convención de Ginebra. En su artículo 60 indica que los Estados Partes deben asegurarse de que, a nivel nacional, la violencia de género pueda ser un motivo de persecución que dé pie al estatuto de refugiado o de protección subsidiaria. Es decir, insta a los Estados Partes a modificar sus propias legislaciones para que su concepto de refugiado sí que incluya la violencia de género independientemente de lo que indique la Convención. La Unión Europea debe, desde mi punto de vista, debería actualizar la Directiva Europa del año 2011 sobre el asilo para que pueda ser aplicado a las mujeres.

Existen unas directrices del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) elaboradas en 2002, hace dos décadas, que son una guía de interpretación con perspectiva de género ¿Su articulado permite una mayor protección de la mujer perseguida?

Hay que reconocer el trabajo realizado por ACNUR, pero también tener en cuenta que su influencia jurídica es relativa. Son recomendaciones y, por lo tanto, no tienen efecto vinculante directo. Por otro lado es imprescindible que haya una actualización constante de las mismas recomendaciones porque hay opresiones y discriminaciones nuevas que no se recogen, o que se constatan de forma abstracta y poco concreta. Es necesario que profundicen en la violencia contra las mujeres refugiadas tanto en el aspecto económico, como social, físico y político, diferenciando las vulneraciones que sufren las menores de edad y teniendo en cuenta las nuevas investigaciones y denuncias de las situaciones de opresión de los últimos 20 años. En las dos últimas décadas somos muchas mujeres las que nos dedicamos a contar lo que ocurre en nuestros países de origen y que trabajamos para sacar a la luz las opresiones patriarcales con las que tenemos que lidiar. En cuanto a las refugiadas, no basta con ayudar a las mujeres a salir de los países en cuestión, si no en plantear nuevas maneras de abordar las causas que las hace huir de su país. Las mujeres de Afganistán, Irak, Somalia o Nigeria tienen mucho que contar. No hay que esperar a actuar cuando se producen los desastres humanitarios.

Shamsia Hassani es una de las pocas grafiteras que existen en Afganistán antes de la llegada al poder de los talibanes..
Shamsia Hassani es una de las pocas grafiteras que existen en Afganistán antes de la llegada al poder de los talibanes..
Gervasio Sánchez

¿Por qué hay tan poca sensibilidad en los organismos internacionales sobre los crímenes que se cometen especialmente contra la población femenina?

El Derecho Internacional no está exento de la influencia del patriarcado y de la impronta que ha dejado en la percepción social de la situación de las mujeres. Como resultado de la falta de compromiso con el bienestar de la mitad de la población mundial, falta una perspectiva feminista real de análisis de conflictos bélicos y de zonas hostiles. Cuando se produce una crisis humanitaria, o una guerra, no se focaliza en las diferencias claras entre las diferentes víctimas de las mismas. Niños, niñas, hombres y mujeres tienen problemáticas comunes, pero también problemáticas concretas, y el sexo es determinante en estas diferencias. Homogeneizar las experiencias, no sólo es una falta de humanidad y rigor en el análisis de estos fenómenos, sino que permite que las historias de dolor individuales y personales caigan en el olvido. El análisis de los crímenes y las opresiones que sufren las mujeres tiene que partir de una visión feminista universal ya que no se puede medir con estándares distintos los derechos de una mujer de Mali en la frontera Libia de los de una mujer alemana de clase media de Berlín. Ambas merecen y necesitan la misma protección. No se puede colocar el sexo al mismo nivel que el color de piel o la posición económica entre otras. Las opresiones comunes deben añadirse al punto de partida que es la condición sexual, y no lo contrario. Ser mujer migrante o refugiada no es lo mismo que ser hombre migrante o refugiado. La violencia sobre los cuerpos de niñas o niños, tampoco. La diferencia sexual es crucial e influye en las experiencias que tienen hombres y mujeres por separado. Los organismos internacionales deben tomar como prioridad el estudio desde la diferencia sexual existente. También estaría bien que se deje de ser “feminista” de puertas para dentro, y políticamente correctos de puertas para fuera. Debe exigirse el cumplimiento de los Derechos Humanos extensibles a todas las mujeres a países en los que son ciudadanas de segunda categoría, y quienes no actúen en conformidad a ello deben estar penalizados de diferentes maneras. Hay que exigir la igualdad, no pedirla con un “por favor traten bien a sus mujeres”

¿El objetivo es entonces evitar criticar a países donde los derechos de las mujeres son permanentemente aplastados?

El objetivo es evitar pensar que la mano que estrechas es la que ahoga los derechos de miles de mujeres en su país de origen. Porque el objetivo al parecer es no tener problemas con los que tienen poder, y por supuesto no enfadarles nunca. Es importante saber que quien calla ante la opresión es cómplice de ella.

Hasta 1998 la Corte Penal Internacional y su Estatuto de Roma no hacen constar la violación como uno de los delitos de lesa humanidad. Hasta el 2010 la ONU no lo considera un crimen que no prescribe. ¿Cómo es posible que un crimen milenario haya sido olvidado hasta hace apenas poco más de una década?

Es posible porque nos educan para sentirnos pequeños e insignificantes ante quienes establecen estas indignantes normas del juego. Es posible porque todo el mundo se siente ajeno a la forma de legislar de la Comunidad Internacional, y el nivel de exigencia de Justicia Internacional es mínimo, lo que deja gran margen de maniobra a la dejadez y al olvido de las causas importantes. Pensamos que es inaccesible el cambio sin poder ni posición, y entonces nos acostumbramos a lo que debería ser motivo de revolución social internacional. Salir de eso es la clave, no es una cuestión de idealismo, es una cuestión de justicia social. La igualdad es una cuestión de justicia, pero si no cuestionas un sistema carente, no puedes esperar que cambie.

¿Con los instrumentos actuales una violación en un conflicto armado se puede perseguir o existen limitaciones en las propias leyes?

Tiene que darse con una serie de conexiones con el resto de delitos de Lesa Humanidad. Individualmente carece de fuerza, se considera un elemento más del delito que solo logra relevancia con la existencia de otros en el plan práctico. No basta con que violen a mujeres, hay que justificar el contexto, la forma, el modo y los delitos en torno a esa violencia. Es macabro y ruin. Apenas hay conciencia sobre el uso de los cuerpos de las mujeres como armas de guerra. Son historias enterradas sobre las que sólo unos pocos vierten luz. En la historia más reciente hay que saber que la creación de India y Pakistán en 1947, por ejemplo, provocó cerca de 70.000 casos de violencia sexual impunes, así como el conflicto que dio lugar a la creación de Bangladesh, en 1971, produjo entre 200.000 y 400.000 casos de violencia sexual cometidos, en su mayoría, por soldados pakistaníes sobre mujeres bengalíes. En los 90 se calcula que entre 20.000 y 50.000 mujeres y niñas musulmanas fueron violadas en masa por las tropas serbias durante la guerra de Bosnia-Herzegovina. En Ruanda, más de 300.000 de mujeres tutsis fueron violadas por hombres hutus. ¿Qué necesitamos más para que exista conciencia sobre esta desgracia perpetua? ¿Cuál es el mínimo de violaciones a contabilizar para dar por existente el “propósito genocidio” radicado en las violaciones en masa a mujeres”? 

Las mujeres bosnias siguen encontrándose a sus violadores en la calle. Ese es el mundo en el que vivimos.

¿Cómo debería ser una ley que verdaderamente demuestre que existe voluntad por parte de la comunidad internacional de perseguir la violación en zonas de guerra?

La “no definición” del concepto de violación, equivale a su “no significación” en un marco jurídico internacional. Esto lleva a pensar en la falta de voluntad política de reconocer la violencia sexual que sufren las mujeres como un argumento de peso para crear una normativa explícita y concreta sobre el asunto, tal y como sí se hizo creando, entre otras, la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, que entró en vigor en junio de 1987. Haría falta formular una Convención sobre la violación que abarque todas las formas de violación, pero que defina principalmente el concepto de “violación” en conformidad con el Derecho Internacional, algo que aún no ha ocurrido. ¿Cómo se persigue lo que ni siquiera se define? Yo no lo sé.

¿Es entendible que dos décadas de presencia internacional en Afganistán no haya acabado con las vulneraciones de los derechos de las mujeres?

Es cierto que las dos décadas de presencia internacional en Afganistán han permitido que mujeres estudiasen, trabajasen y se desarrollasen. Pero todo esto se dio bajo gobiernos corruptos apoyados y financiados por las fuerzas internacionales, que miraron hacia otro lado, y apoyaron actuaciones poco éticas sólo porque quienes estaban en el poder no eran talibanes. Cambiaron lo justo y lo comedido de las leyes para ayudar a la emancipación y la “no violencia” contra las mujeres. A mí no me extraña dado que es un país con presencia del Derecho Islámico en un porcentaje muy alto de su ordenamiento jurídico. En Marruecos hace 19 años que no se modifica el Código de Familia, gran amparo de la discriminación que sufrimos. Es la zancadilla perfecta que vivimos las mujeres en los países islámicos. La igualdad efectiva sólo se logrará reconfigurando las fuentes del Derecho de cada país. Todo lo que hagamos hasta que eso ocurra son simples parches para respirar un poco más.

¿Qué tipo de personas son beneficiarias de las solicitudes de evacuación de Afganistán que usted ha tramitado?

Activistas por los derechos de las mujeres, críticas con el régimen talibán; periodistas que han trabajado incluso sin velo ante las cámaras; actrices que han protagonizado series o películas con impacto social nacional o internacional, visionando la discriminación que sufren las mujeres en el país. Fiscales y juezas que están perseguidas por talibanes que apresaron; abogadas amenazadas por hombres contra los que actuaron en cuestiones de divorcios, violaciones, malos tratos o asesinatos. Son perseguidas por la vida que llevaron durante las dos décadas de presencia internacional. Mujeres que trabajaron en diferentes sectores de forma libre e independiente y que hoy ya no sólo no tienen acceso a sus puestos de trabajo, sino que son consideradas mujeres problemáticas a las que hay que perseguir. Imagínate que todo lo que llevas haciendo toda la vida un día se vuelve en tu contra y te hace vivir en la cuerda floja del miedo y la incertidumbre, con la culpa de poner en riesgo a tu familia. En unos años estoy segura de que habrá informes sobre la multiplicación de los suicidios de mujeres afganas. Ya tenemos conocimiento de cinco suicidios. Es tan dramática la situación que muchas no lo resisten. Y las que lo hacen sufren ansiedad, depresión o arrastran traumas considerables. Ninguna sale indemne.

¿A qué dificultades se han enfrentado en la tramitación de estas solicitudes?

Lo más complicado ha sido hacer todo el proceso con el máximo cuidado para que la desesperación no hiciese dar un paso en falso que pusiese en riesgo a una solicitante de asilo. Hoy sabemos que sólo el hecho de solicitar el pasaporte las expone ante las autoridades talibanes. Estas han realizado llamadas a muchas de las solicitantes para preguntarles a dónde querían viajar, dando por sentado que por eso pedían un pasaporte. Los talibanes lo controlan todo y están en todos lados, aunque haya periodistas hablando en primera persona sobre las bondades de estos salvajes que hacen un flaco favor. En general, el proceso es lento y complejo. Hemos aprendido todo sobre la marcha, no hay ningún protocolo concreto, cada paso que hemos dado lo hemos hecho con inseguridad pero con fuerza. Supongo que hay caminos que se visualizan al andar. He contado con una compañera de viaje maravillosa, Laura Iruarrizaga, abogada que colabora con la revista jurídica WomenbyWomen que decidió subirse a este barco conmigo desde el primer momento. No había velas ni destino, pero si mucho trabajo y constancia. Hoy son cinco las mujeres vinculadas al ámbito del Derecho las que están involucradas en la causa de las mujeres afganas. Así mismo trabajamos con 14lawyers, una ONG que vela por defender a los activistas de Derechos Humanos por todo el mundo. Es una suerte contar con Ignacio González su fundador, que se deja la piel por encontrar salidas humanitarias a estas personas, y con Antonio Pampliega, uno de los pocos periodistas que conoce el país en profundidad. Sus experiencias han ejercido de flotadores para nuestro trabajo.

¿Cómo se han comportado las autoridades europeas, incluidas las españolas en este proceso?

Las autoridades europeas no se involucran en la evacuación desde Kabul. Sólo están presentes en la parte final, concediendo citas para reuniones en las que se entrevistan a mujeres concretas para aceptar o denegar su evacuación a España. Si hay algo unánime en la Europa actual es el olvido de la causa de las mujeres afganas. Estuvo de moda un tiempo pero el drama ajeno aburre en Europa. No sólo no financian casi ningún viaje de las que consiguen el visado, sino que retrasan y dilatan en el tiempo las concesiones de los mismos. Se lo hacen a mujeres que están en condiciones precarias en los países desde los que se fletan los aviones, que se han gastado todos sus ahorros en salir de Afganistán y llegar al lugar donde se encuentran las embajadas.

¿Cómo está siendo el proceso legal de solicitud de visado para España?

Lento y descoordinado. Han entrado muchos actores en juego. De repente, ya no se recurre a abogados especializados en asilo, plataformas jurídicas o ONGs que ya tienen presencia real sobre el terreno y que conocen la situación. Hay personas que de forma individual o en grupo solicitan la evacuación de personas concretas a las Embajadas, sin siquiera poder elaborar la solicitud de evacuación en conformidad al Derecho Internacional. Eso satura la embajada y hace todo más complicado. No conocemos los filtros y los criterios que se sigue en el orden de prioridad.

La idea es sacarlas de Afganistán vía Pakistán. ¿Qué ocurre cuando llegan a este país?

Tienen que buscarse alojamiento y no saben por cuanto tiempo estarán en esa situación de incertidumbre. Estas personas agotan sus ahorros, sufren un gran impacto emocional y una gran hostilidad en el país de tránsito. Es desesperante vivir pensando que si no te aceptan una solicitud de evacuación para salir de Pakistán, Irán, India, te quedas sin posibilidad alguna de tener una vida digna o de volver a empezar.

El gobierno español anunció en setiembre de 2021 Misión Cumplida en relación a la evacuación de afganas y afganos. ¿Le parece serio ese tono triunfalista?

Me parece que no hace justicia a la realidad. Hay personas con los salvoconductos que concedió España en agosto aún varadas en Kabul o Islamabad, buscándose la vida porque no pudieron subirse a los aviones a tiempo por el caos que había en los aeropuertos y los atentados terroristas. Esta semana he tenido que presentar dos solicitudes de dos mujeres con sus familias que acaban de llegar a Islamabad después de meses de espera de los visados. A sus emails solicitando una cita todavía no ha respondido la Embajada española en Pakistán. En una de las familias hay tres bebés. Ante la falta de respuesta a través de intermediarios han acudido a nosotras, y lo hacemos desde WomenbyWomen con una solicitud de evacuación que justifica su situación. Intuimos que no respondieron porque están de vacaciones por las fiestas navideñas, algo inaceptable cuando se sufre una persecución o una situación de abandono.

¿Cree que sigue habiendo interés por el sufrimiento de las afganas cinco meses después de la llegada al poder de los talibanes?

No. Creo que es un tema obsoleto ya en muchos ambientes, como siempre lo es la situación de las mujeres en general y de las mujeres musulmanas en concreto. Sin embargo, siempre hay personas muy conscientes que intentan poner lo que está en sus manos para mantener viva la noticia, hablar de ello e intentar implementar formas de ayuda reales. Vivo con mucho cariño el esfuerzo que hacen Fátima Anllo Vento, directora de Clásicas y Modernas que desde el primer momento confío en mí, Gabriela Cañas, presidenta de la Agencia Efe que ha querido que Efeminista se hiciese eco de las novedades en torno a la situación , Rosa Montero que no ha dudado en escribir sobre el asunto en pos de los derechos de las periodistas atrapadas haciendo a una audiencia importante partícipe de esta tragedia, Soledad Gallego Díaz, y Gloria Poyatos, que ha trabajado en la evacuación de mujeres afganas juezas, y con la que tengo la fortuna de trabajar en el plano jurídico-teórico con el fin de replantear la definición de refugiados de la Convención de Ginebra. Este camino también lo ha apoyado la revista 5W publicando un extenso ensayo sobre este asunto. Gracias a ello he conocido a la abogada Laia Costa, cuya experiencia desde Lesbos (Grecia) me ha permitido comprender mejor el impacto emocional que implica ser refugiada en Europa. Creo que es crucial la forma en la que se comunican los dramas, pero los medios de comunicación siempre presentan estas situaciones como algo lejano y ajeno, una desgracia en la que poco tenemos que hacer, no hay una llamada a la implicación social que se puede dar en una sociedad consciente. Hay voluntad, hay ganas, y hay personas dispuestas a esforzarse. Por ejemplo, se me ocurrió organizar un coloquio tras conocer a la directora de cine afgana Sahraa Karimi, (cuya actriz de su película principal está en Kabul y a la que estamos intentando evacuar). La propuesta les hizo ilusión a la actriz Aura Garrido y al productora Alejandra Sabá y hemos conseguido proyectar la película de la directora afgana en Madrid también gracias a la Asociación de Mujeres Cineastas y de Mujeres Audiovisuales. Muchas cosas son posibles con esfuerzo, confianza y voluntad.

¿Cree que ha habido mucho oportunismo entre organizaciones de derechos humanos, los medios de comunicación y los políticos en el drama de Afganistán?

Creo que hay muchas personas deseosas de ponerse medallas. De salvar, de decir que están salvando, y que deberían en primer lugar salvarse de su ego, y luego ya veremos. Veo competiciones, y no tanto cooperación, ni intento de escucha entre muchos. También veo personas que ajenas a los procesos jurídicos y burocráticos, creen que pueden cumplir la misma función que una persona que está formada para ello. Yo trabajo junto a abogadas especializadas en asilo. Mi trabajo sin el suyo en este tema estaría incompleto. No es ninguna tontería pasar por encima de otros. Por otro lado parece que cada vez se confunde más hacer política con poner tweets (yo también los pongo, pero no tengo silla en el Congreso de los Diputados), y eso denota las carencias de la clase política. No basta con hablar consternados un día en redes sociales o por televisión del drama afgano. Los representantes de la población española deberían ser el altavoz de la indignación que sienten millones de españoles ante esta crisis humanitaria en la que España tiene una gran responsabilidad, pero sólo son micrófonos de sus egos. Los debates de “Refugiados sí o no” son estériles y superficiales, no van al fondo de la materia, unos porque son racistas sin más y otros porque no se atreven a abrir el melón del cambio legal de la Ley de asilo en España. Sale caro tener moral y principios como país.

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