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José Luis Mumbiela, un montisonense obispo de Almaty:"En Kazajistán no ha habido revueltas, esto ha sido un intento de asalto al poder"

La antigua república soviética acaba de recuperar la calma y Mumbiela ha sido testigo directo de todo lo ocurrido en los últimos días

El obispo José Luis Mumbiela, durante una ceremonia religiosa que ofició la pasada Navidad.
El obispo José Luis Mumbiela, durante una ceremonia religiosa que ofició la pasada Navidad.
Pigrimus

El aragonés José Luis Mumbiela (Monzón, 1969) es el obispo de la diócesis de la Santísima Trinidad en Almaty, la ciudad que ha sido el epicentro de las recientes revueltas de Kazajistán. El país asiático, antigua república soviética, acaba de recuperar la calma tras lo que su presidente, Kassim Jomart-Tokáev, ha definido como "operación antiterrorista". La revuelta comenzó el 2 de enero, con manifestaciones contra las elites económicas y políticas del país, que fueron reprimidas en un principio por las fuerzas kazajas. Pero la situación se fue agravando y tres días después Tokáyev, que siempre ha calificado de "terroristas" a los manifestantes, solicitó la ayuda de la Organización del -Tratado de Seguridad Colectiva. Un contingente de más de 2.000 soldados de la OTSC, que lidera Rusia e integran Armenia, Bielorrusia, Kirguistán y Tayikistán, ademas de la propia Kazajistán, llegó al país el pasado día 6 de enero, y puso fin a los disturbios y revueltas. La comunidad internacional se sorprendió de que el presidente el país asiático hubiera ordenado "disparar a matar contra los manifestantes", y los sucesos se han saldado de momento con al menos 164 muertos, más de un millar de heridos y 10.000 detenidos. Pero las cifras son muy provisionales y aumentarán. Para José Luis Mumbiela, las revueltas han sido, en realidad, "un intento de asalto al poder".

"Ha sido un intento de golpe de Estado por parte de los oligarcas partidarios del anterior presidente, que querían sacar del poder al actual -señala el obispo aragonés-. Al principio las protestas estaban protagonizadas por gente que quería criticar la situación económica que vive el país, pero han sido utilizados con otros fines. Las revueltas han sido violentas, no han sido impulsadas por gente que reclamara democracia sino por quienes querían destruirla. Ha habido saqueo, bandolerismo, asesinatos... Han matado a policías, a guardas de seguridad, y no de cualquier manera, a algunos les han cortado la cabeza. Y muchos de estos crímenes no los han cometido kazajos, sino gente que ha venido de fuera".

Mumbiela es obispo de Almaty desde hace una docena de años. "Es una diócesis hermosa, como decimos en Aragón, con una extensión de 700.000 kilómetros cuadrados, superior a la de España, pero con una población menor, de 8 millones de habitantes. La diócesis tiene una quincena de parroquias registradas. Crecemos poco a poco, como el Ebro en primavera", asegura, al tiempo que pregunta por los efectos de las últimas crecidas en Zaragoza. En las últimas horas el obispo ha conversado con varios medios de comunicación occidentales para contar lo que ha visto y vivido en primera persona. "En los últimos años estamos viendo cómo algunos kazajos y kazajas se están convirtiendo al catolicismo. Ellos son los que nos han pedido que hablemos a los extranjeros contando lo que ha ocurrido en el país porque piensan que a ellos no les creerán. Somos pocos católicos aquí, pero en estas circunstancias es donde te das cuenta de lo que es la luz de la Iglesia".

Según asegura Mumbiela, lo ocurrido en Kazajistán era en parte previsible y en parte no. "Si nos hubieran preguntado hace un mes si era previsible que hubiera protestas sociales hubiéramos dicho que sí (el precio del gas licuado, que se usa allí como alternativa barata a la gasolina, se duplicó en apenas unos días). Y lo mismo si nos preguntaran por la posibilidad de un ataque terrorista o de luchas despiadadas por el poder. Pero nadie pensaba que todo ello se diera a la vez y tan pronto. Aquí ha habido una serie de oligarcas que han intentado defender su 'status quo' y que han preparado células para que les ayudaran en caso de necesidad, y en ello han participado desde extremistas religiosos hasta destacados representantes de las estructuras del Estado, de la seguridad y de los servicios secretos, que no han informado al presidente de lo que se estaba fraguando. El presidente se ha visto sorprendido por todo esto y se ha visto forzado a llamar a las fuerzas de pacificación. La cuestión, ahora, es saber hasta qué punto en todo esto ha habido parte de casualidad o no".

A juicio de Mumbiela, no. "El presidente se ha mostrado en todo momento inclinado a hablar, a dialogar. Y los policías que estaban en la calle se esperaban una manifestación pacífica y se encontraron con una enorme violencia desatada. No estaba preparados. En las manifestaciones se destrozaba todo, se saqueaba, y cuando veías lo que iba pasando, daba la sensación de que todo estaba organizado y coordinado por gente con experiencia. Hay muchos casos que dan que pensar. Las hordas destrozaron el aeropuerto, por ejemplo, pero se ha sabido que unos minutos antes de que llegaran alguien llamó a los guardias de seguridad y a los policías y les dijo que lo abandonaran. Al alcalde de la ciudad, que no revelaba sus pasos salvo a su servicio de seguridad, le estuvieron esperando para matarlo. ¿Quién dijo a quienes lo esperaban por dónde iba a pasar? Ayer hablé con el director del Departamento de Religión del Ayuntamiento de Almaty. Está en el hospital, recuperándose de un tiro en la espalda. Los que se lo dieron no querían dialogar, buscaban matar gente. ¿Y quién les mandaba? Todo esto estaba estudiado y preparado por quienes saben cómo se hacen estas cosas".

El obispo Mumbiela, durante una ceremonia religiosa oficiada durante las pasadas Navidades.
El obispo Mumbiela, a la derecha, durante una ceremonia religiosa oficiada durante las pasadas Navidades.
Pigrimus

El obispo montisonens confiesa haber sentido miedo. "Sobre todo al principio, sí, porque no sabes qué está pasando. El primer día vi que los manifestantes, armados con piedras y palos, pasaban de largo por la catedral sin tocarla, y eso en parte me tranquilizó. Pero luego, sin policía en las calles, con saqueos, con un montón de coches ardiendo, sobre todo los que tenían matrícula amarilla, que pertenecen a extranjeros, o roja, de los  diplomáticos... Menos mal que el Gobierno cortó internet, porque con los bulos en las redes sociales la tragedia seguramente hubiera sido mayor. Vivo en un bloque de pisos a unos 400 metros del ayuntamiento, oyes los tiros, las bombas, los intentos de saqueo a una de las tiendas que hay en la planta calle de nuestro edificio... A 20 metros de distancia hay un centro oficial de la Policía y allí se desató también una tremenda batalla campal... Es imposible no sentir miedo ante una situación así".

Aunque Almaty es una de las pocas ciudades del país donde aún persiste el toque de queda, la tranquilidad está volviendo poco a poco a sus calles. "La gente ya va a trabajar con relativa normalidad, es consciente de que todo esto ya ha acabado y, salvo que de momento no se puede andar por la calle de noche, la vida va recuperando su pulso. Tenemos el ómicron, eso sí, como todo el mundo".

El obispo cree que las medidas adoptadas por el presidente eran necesarias para que volviera la calma. "Él ha asegurado que va a continuar con el diálogo pero se está investigando la responsabilidad de cada uno en lo que ha pasado. La cuestión ahora está en saber si encontrará quién le apoye en los cambios que quiere introducir o si los oligarcas que hasta ahora ganaban mucho dinero van a seguir conspirando. Parece que está encontrando cierto respaldo, pero sería muy importante que recibiera el reconocimiento internacional. Lo que ha ocurrido aquí no ha sido una 'reconquista' de Rusia, que no ha puesto la bota imperialista sobre el país (ya se ha iniciado la paulatina vuelta de las tropas). Kazajistán no puede, ni quiere, ser enemigo de Rusia, de Estados Unidos o de China. No quiere ser enemigo de nadie y sí amigo de todo el mundo. Es la mentalidad real del país. ¿Se conseguirá un gobierno multiétnico y multirreligioso? El tiempo lo dirá. Pero creo que sería lo mejor, tanto para el país como para toda Europa".

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