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¿Qué pasa en Kazajistán? El origen de unas protestas en la calle donde el presidente ya ordena disparar a matar

La violencia se recrudece en Kazajistán y el presidente ordena ya "disparar a matar" contra los manifestantes.

Despliegue de las fuerzas de seguridad durante las protestas en la ciudad de Almaty.
Despliegue de las fuerzas de seguridad durante las protestas en la ciudad de Almaty.
EP

La historia de Kazajistán como país independiente va irrenunciablemente apegada a la figura de Nursultan Nazarbayev. Kazajistán es Nazarbayev. Desde su independencia de la URSS y hasta el año 2019 la presidencia la ha ocupado este hombre, que representa a las oligarquías que dominan buena parte de esos Estados exsoviéticos y que son un polvorín. Las revueltas kazajas son solo la gota que ha colmado el vaso y aunque estén apoyadas en la subida del precio del combustible el trasfondo es mucho mayor. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí y por qué?

Unas protestas por el combustible... pero no solo por el combustible

Un poco de historia: Kazajistán fue la última república soviética en declarar su independencia. Desde 1991 el poder estuvo en manos de Nazarbayev, que dimitió en una situación similar a la actual -aunque no tan cruda- hace ya casi tres años. Pasó el testigo entonces a uno de sus mayores aliados, Kasim-Yomart Tokaev, que es quien, en el escenario actual ha ordenado "disparar a matar" contra los manifestantes. Eso da buena cuenta de la estructura política del país, dominada por la oligarquía y que hace de Kazajistán una autocracia. Celebra elecciones, sí, pero el partido del Gobierno roza siempre el 100% de los apoyos.

Violentos disturbios en Kazajastán.

La chispa ha saltado en este inicio de 2022 en la ciudad de Almaty, centro financiero del país, por la subida de los precios del combustible. Kazajistán cuenta con una de las mayores reservas de gas y petróleo y alcanza en torno al 60% del PIB de toda la región de Asia Central. No se trata solamente, por tanto, de una queja en torno a la economía, aunque precisamente ese 'beneficio' a nivel de recursos no se traduzca en logros para la población.

Las protestas, con todo, tienen un claro corte social, pues los movilizados piden cambios políticos profundos, mayor participación ciudadana, que no se persiga a la disidencia y que se limiten los poderes del presidente (con una vuelta a la Constitución del 1993). Tokaev no pasa por el aro. La clase política limita las manifestaciones a un órdago al Gobierno, sin fondo de ningún tipo: es una lucha contra "unos alborotadores".

La herencia de Nazarbayev

La imagen que se lanza al exterior sobre la figura de Nursultan Nazarbayev es, evidentemente, interesada por parte de su séquito. Las protestas actuales no son habituales en la sociedad kazaja, pero hay dos precedentes importantes: en 2011, mucho más tímidas que ahora, y en 2019, que acabaron con la renuncia del eterno presidente. Pero el sistema sigue su curso. La elección de Tokaev se entendió entonces y se entiende ahora como un Nazarbayev 2.0 y por lo tanto las movilizaciones van contra la figura del anterior líder, que sigue acumulando mucho poder aunque sea en la sombra.

Las manifestaciones han adquirido un nivel casi nunca visto, y lo confirman las cifras. Hasta el momento hay 26 muertos y hasta 3.000 detenidos, porque el Gobierno ha decidido reprimirlas por la fuerza y sin ningún tipo de filtro. Además, no escuchará los reclamos ciudadanos y Tokaev ya ha calificado a los manifestantes como "insurgentes", llegando incluso a culpar a potencias extranjeras de lo que está pasando.

"La situación en Almaty, Aktobe y la región de Almaty se estabilizó. La introducción del estado de emergencia está dando resultados. La legalidad constitucional está siendo restaurada en todo el país", explicó Tokaev, que quiere continuar con la mano de hierro aplicada por Nazarbayev. Kazajistán era un país relativamente estable, pero precisamente por esa especie de sistema de partido y de líder únicos. La herencia de su expresidente y todavía mandamás sigue vigente, como se puede ver en la reacción a las protestas.

¿Qué papel juega Rusia?

Despliegue de las fuerzas de seguridad durante las protestas en la ciudad de Almaty.

Rusia envía tropas a Kazajistán mientras la violencia se desata en las calles con "decenas" de muertos

Hay un actor en todo este choque que no por esperado es menos importante: Rusia. Tokaev levantó el teléfono para pedir ayuda Moscú y Putin ha enviado rápidamente un contingente de 3.800 militares a su vecino asiático. Y es que la Unión Económica Euroasiática y la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (OTSC) tienen como actor fundamental a Kazajistán y giran en torno a los intereses de Rusia. "Seguimos de cerca los eventos en el país fraternal y vecino. Abogamos por una solución pacífica a todos los problemas, dentro del campo constitucional y mediante diálogo, y no a través de disturbios callejeros y violaciones de las leyes", sostuvo el Kremlin. Pero el tono contrasta con su despliegue militar.

Los enfrentamientos han provocado que la OTSC, de la que forman parte Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Rusia y Tayikistán, haya decidido mandar un contingente de protección abanderado por un despliegue de militares bielorrusos que se encuentran ya en suelo kazajo. "Fuerzas bielorrusas han llegado en cinco aviones Il-76", según ha informado el ministro de Defensa bielorruso, Viktor Khrenin, como resultado de las conversaciones con su homólogo en funciones kazajo Murat Bektanov. Las fuerzas están determinadas a "restaurar el orden y prevenir violaciones del orden constitucional", ha indicado. Todo esto, a nivel global, está controlado por el Kremlin.

Un futuro incierto en la región

Asia Central es un enclave estratégico. Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán están rodeados por Rusia, China, Irán y Afganistán. La inestabilidad en esos países fronterizos hace que los 'istanes' estén casi siempre alerta. Es una región rica en recursos naturales, por lo que la estabilidad económica -y por ende social- debería estar asegurada. Pero el problema parte del poder de la oligarquía, que absorbe todo el control y, como sucede en Kazajistán, no hay una correlación entre recursos y bienestar ciudadano.

La herencia soviética, además, sigue presente a nivel político en tanto en cuanto la democracia no se ha desarrollado prácticamente en las últimas décadas. En ese escenario, los países de Asia Central tienen índices de corrupción muy altos. Su papel internacional, asimismo, está lleno de matices. Por ejemplo, Kazajistán el primer país centroasiático en ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, aunque sea como miembro no permanente. Por otro lado, son actores fundamentales en la Nueva Ruta de la Seda al mismo tiempo que se van convirtiendo, con el paso del tiempo, en un polvorín. Quién sabe si los hechos que se dan en Kazajistán pueden replicarse en otros Estados vecinos.

¿Tiene algo que decir la UE?

El apoyo financiero de la Unión Europea en Asia Central, por su parte, es otro elemento importante. El bloque profundizar en la cooperación con los países de la región para ayudarles a relanzar sus economías afectadas por la pandemia y convertirlas en más digitalizadas, verdes y sostenibles. "Las economías de los países de Asia Central crecieron sin parar durante treinta años, hasta que la pandemia nos afectó a todos. Nuestra cooperación puede ayudarles a reiniciar vuestro motor económico", dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hace solo unos meses.

La UE, en cambio, en sí misma no tiene capacidad militar para igualar sus fuerzas a la cobertura que da Rusia y el discurso del Alto Representante, Josep Borrell, va en esa línea: "El apoyo militar externo nos recuerdan imágenes que tenemos que evitar". Los 27 no quiere generar tampoco más tensiones con Moscú, pues la mecha en Ucrania sigue muy encendida.

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