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Costa no logra reconstruir su coalición de gobierno y Portugal se encamina a las urnas

El presidente, que advierte que nunca ha pensado en dimitir, realiza maniobras de última hora para sacar adelante los Presupuestos.

El primer ministro portugués, Antonio Costa.
El primer ministro portugués, Antonio Costa.
EFE

La izquierda se ha roto en Portugal. Como históricamente ha ocurrido en este espectro político, atomizado por naturaleza, la débil soga que lo entretejía ha visto cómo sus hilos iban desgajándose uno a uno hasta que ya queda sólo el último. Y este corre grave peligro de fracturarse hoy mismo si el Bloque de Izquierda (BE), el Partido Comunista (PCP) y Los Verdes -estos dos últimos integrados en Coalición Democrática Unitaria-, que sustentan la coalición de gobierno que encabeza el Partido Socialista de António Costa, finalmente cumplen su amenaza y dicen 'no' a los Presupuestos. Ello obligaría al presidente, Marcelo Rebelo de Sousa, a convocar nuevas elecciones, probablemente el próximo enero.

¿Cómo ha llegado a esta situación el supuesto Ejecutivo progresista de Lisboa si hasta hace poco era elogiado incluso fuera de sus fronteras por su manejo económico y social? Simple cuestión de desencuentros, cada vez más acentuados, como ocurre en España, que con protagonistas paralelos puede verse sumida en una situación similar antes de que finalice esta legislatura.

El sector más a la izquierda de esta conjunción de izquierdas lusas asegura haber perdido ya la paciencia ante continuos incumplimientos socialistas del programa firmado en 2016 para llevar adelante el proyecto conjunto de gobernar a un país que venía de sufrir una grave crisis económica y social. Cuestiones relacionadas con el trabajo, la sanidad o las pensiones parecen separar a los hasta ahora socios y poner fin a un idilio que siempre careció de la necesaria dosis de romanticismo. También como en España.

9.700 millones de Europa

Las cuentas para 2022, el supuesto primer año postcovid, contarán con la liquidez de los 9.700 millones de euros de los fondos europeos. Ha sido la forma de repartir este dinero la que ha desvelado la diferente filosofía con la que los socios de la entente que configura el Gabinete, bautizada como 'geringonça', interpretan las necesidades de nuestros vecinos del Oeste.

Todos los actores de este 'fado' político, sobre todo el propio Costa, maniobraban este martes para buscar un apaño que permita prolongar el matrimonio de conveniencia para que los ciudadanos no sufran sus problemas de convivencia. Lo hicieron en la jornada inaugural el debate de los Presupuestos que tuvo lugar en la Asamblea Revolucionaria antes de la votación de hoy. El Partido Socialista (PS) cuenta con 108 de los 230 diputados que tiene la Cámara, el BE suma 18 y la coalición entre el PCP y Los Verdes son 12, por lo que necesita, al menos, la abstención de alguna de estas formaciones díscolas. Anoche esto parecía cuanto menos improbable.

No obstante, Costa ya logró hace seis años el milagro de mezclar agua y aceite. Y asimismo lo hizo en 2019, cuando se vivió una crisis similar debido a desacuerdo sobre la actualización de los salarios de los profesores. Solo fue superada gracias al cambio del sentido de voto de la derecha, que se posicionó con los socialistas. En esta ocasión esta fórmula parece bastante complicada.

Lo que no pasa por la mente del primer ministro es dimitir. "Mi deber es no dar la espalda en los momentos de dificultad", afirmó este martes Costa, quien abrió la puerta a explorar cualquier estrada, por intransitable que parezca, que permita dialogar para evitar un adelanto electoral, aunque en su discurso ante el hemiciclo de la Asamblea de la República advirtió de que "no a cualquier precio". Si garantizó "un esfuerzo serio de aproximación" al resto de las fuerzas que conforman la coalición de gobierno. "Nada justifica poner fin al camino que iniciamos en 2016. Todavía hay carretera para andar y debemos continuar", subrayó.

Durante la sesión el Bloque de Izquierda (BE), el Partido Comunista (PCP) y Los Verdes se mantuvieron firmes en su negativa y coincidieron en que sólo la "magia negra" podría reconducir la situación. Según sus representantes, debe ser António Costa quien dé su brazo a torcer.

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