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Los soldados españoles más desconocidos murieron en la Batalla de Brooklyn

Enviados para luchar contra su eterna enemiga británica, en 1776 se pusieron al lado de George Washington y los patriotas estadounidenses en una de las batallas de la Guerra de Independencia norteamericana.

Inauguración de la placa en el parque de Fort Green
Inauguración de la placa en el parque de Fort Green
Efe

Si el mundo está lleno de soldados desconocidos, entre los más desconocidos están los cientos de españoles que en 1776 se pusieron al lado de George Washington y los patriotas estadounidenses y dejaron su vida en la Batalla de Brooklyn, también conocida como de Long Island, una de las más cruentas de la Guerra de Independencia norteamericana.

Hoy se inauguró una nueva placa en su nombre en el parque de Fort Greene, en una colina en el centro de Brooklyn donde tuvo lugar la contienda: allí, rodeada de robles, una placa se levanta en honor "de los valientes hijos de España que lucharon, sufrieron y murieron por la causa de la independencia americana".

En realidad, los soldados españoles habían sido enviados por la Corona española a luchar contra su eterna enemiga británica, y la ayuda española sumó también armas, mantas, uniformes y hasta cajas con dinero para los ejércitos de George Washington, quien salvó la vida gracias a que huyó de Brooklyn y no se dejó apresar por los británicos.

No fue esa la suerte de Miguel Álvarez o Fermín Echeverría, dos nombres entre los cientos de españoles y miles de extranjeros de trece naciones que fueron hechos prisioneros tras la debacle de los independentistas americanos, y fueron recluidos por los británicos no ya en prisiones, sino en 16 barcos-mazmorras en la cercana Bahía de Wallabout, frente a Manhattan.

En aquellos barcos, se calcula que murieron 11.500 soldados por el hacinamiento, las enfermedades y el hambre; de ellos, hay documentados 126 nombres españoles, aunque pudieron ser muchos más, cuya participación en aquella batalla es desconocida en su país y también en Estados Unidos.

Tuvieron que pasar más de treinta años para que sus restos fueran rescatados de aquellas mazmorras flotantes y recibieran sepultura en el cementerio de lo que hoy es la Avenida Hudson, en Brooklyn.

La placa desvelada en nombre de aquellos españoles es una reproducción de otra que fue inaugurada en 1976 por el rey Juan Carlos I, y que con el paso de los años fue vandalizada en varias ocasiones; hoy, el Queen Sophia Institute (institución privada encargada de preservar el legado español en Estados Unidos) se encargó de devolver un poco de dignidad a todos aquellos soldados.

Un acto políticamente indoloro

La placa conmemorativa de Fort Greene se presentó como uno de los actos centrales del Mes de la Herencia Hispana en Estados Unidos, un mes que con el transcurso de los años se está viendo rodeado de controversia, como sucede con toda la relectura de la historia colonial.

Las estatuas de Cabeza de Vaca, Juan de Oñate o Fray Junípero Serra no escaparon el pasado año de la ira de los manifestantes, que lograron en algunos casos derribarlas y en otros recluirlas en almacenes de los que probablemente nunca saldrán, al igual que ha pasado en el resto de América con Hernán Cortés o Francisco Pizarro.

Recientemente, jefes de Estado como Nicolás Maduro o Andrés Manuel López Obrador han vuelto a referirse al legado colonial español y a exigir a España una petición pública de perdón por los atropellos y abusos cometidos durante la conquista de América, mientras que algún destacado líder de la derecha española replicó que "el indigenismo es el nuevo comunismo".

Tal vez por eso, el acto en Brooklyn estuvo dedicado a héroes anónimos, carne de cañón de una guerra que no era la suya aunque los oradores que tomaron la palabra proclamaran que ellos "dieron la vida por la Revolución Americana" o que "lucharon por la democracia y la libertad", palabras tal vez demasiado grandilocuentes para aquellos hechos de 1776.

La directora saliente del Queen Sophia Institute, Patrice Edegnan Erquicia, quiso incluso ir más allá y presentó la placa conmemorativa como "un símbolo de inclusividad" porque permite incorporar "una narrativa no contada de todos los emigrantes que sin ningún pasaporte lucharon junto a George Washington y son ya parte de la historia norteamericana". 

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