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Las claves de la quiebra de Evergrande, la principal constructora china que algunos comparan con Lehman Brothers

El Ibex pierde un 1,2% hasta los 8.655 puntos ante el inminente colapso de la inmobiliaria y el temor a un 'efecto contagio' en el mercado, si bien el batacazo no fue total gracias a los valores turísticos.

Uno de los gigantes residenciales de Evergrande que no se han podido terminar.
Uno de los gigantes residenciales de Evergrande que no se han podido terminar.
Carlos García Rawlins/Reuters

Algunos ya lo llaman el 'Lehman Brothers' de China recordando el estallido de la crisis financiera global en 2008. Aunque todavía está por ver si llega a tanto, la crisis del gigante inmobiliario chino Evergrande (a un paso de la quiebra ante los millonarios vencimientos de deuda que afronta esta misma semana) amenaza con reventar la burbuja que ha crecido en el país al amparo de su rapidísima expansión económica.

Esta compañía, que es la principal constructora de China y una de las mayores del mundo, acumula una astronómica deuda de 300.000 millones de dólares (256.208 millones de euros). Para hacerse una idea de lo que eso supone, baste recordar que solo 44 países en el mundo tienen un Producto Interior Bruto (PIB) anual superior a esa cifra.

El inminente colapso de la compañía provocó este lunes un desplome del 19% en su cotización en los peores momentos de la sesión en la Bolsa de Hong Kong, que también cayó a mínimos de un año. Un desplome que, pese a moderarse al 10,2% al cierre, supuso un duro golpe para los parqués occidentales, donde los inversores temen un efecto dominó si la empresa incumple finalmente con sus próximos compromisos financieros.

En España, el Ibex-35 ha perdido un 1,2% hasta los 8.655 puntos, con caídas que superaron el 2,5% también en Italia y Alemania. Al cierre de los mercados europeos, los números rojos también rondaban el 2% en Wall Street, con los inversores huyendo de los valores que podrían verse más afectados por la crisis, como bancos e inmobiliarias.

En el caso español, las caídas han superado el 7,4% en BBVA, el 4,8% en Santander y el 4% en CaixaBank. Las ventas también se han cebado con compañías muy ligadas al ciclo como ArcelorMittal (-7,7%) o Acerinox, que se deja un 4% al cierre de la sesión. La situación podría haber sido mucho peor de no ser por el repunte de los valores turísticos, después de que EE. UU. haya relajado las restricciones a los viajes desde la Unión Europea. Una noticia que ha disparado la cotización de valores como IAG, que sube más de un 10,6% al cierre, o Amadeus y Aena, con avances del 4% y del 2%, respectivamente.

Prueba de fuego

Pese al respiro en estos valores, parece evidente que la crisis de Evergrande seguirá marcando el devenir del mercado en las próximas sesiones. Y es que la compañía se enfrenta a una nueva prueba de fuego esta semana al tener que hacer frente al pago de los intereses de dos de sus emisiones de deuda. En concreto, el 23 de septiembre debe pagar 83,5 millones de dólares a sus inversores. Y solo unos días después debe abonar otros 47,5 millones. «El mercado descuenta el impago, con algunos de sus bonos cotizando ya por debajo del 30% de su valor nominal», indican desde el departamento de análisis de Bankinter.

Efecto contagio

Más allá de estos vencimientos, el gran temor que han reflejado los inversores es que la quiebra de la compañía derive en el estallido del mercado inmobiliario chino, reactivando los peores recuerdos de la anterior crisis financiera.

Hay que tener en cuenta que, además de su abultada deuda, que representa un 2% del PIB chino, Evergrande debe rendir cuentas ante más de 250 acreedores, que observan atónitos cifras que anticipan que lo peor está por llegar. Entre otras, las 1,5 millones de viviendas que la firma ya ha vendido sobre plano, pero que aún no están construidas.

Con más de 1.300 promociones inmobiliarias en 280 ciudades de China y negocios en el sector de los coches eléctricos, la salud, la alimentación, las producciones de televisión y hasta un club de fútbol en Guangzhou (Cantón), la compañía cuenta con 200.000 trabajadores y genera cada año casi cuatro millones de empleos indirectos. Así que su quiebra no solo afectaría a la economía de China, sino de todo el mundo.

En caso de que Evergrande se declare en bancarrota, el terremoto financiero y social en China podría dar lugar a una fuerte contracción del crédito y, posiblemente, también a movilizaciones callejeras y mucha tensión social. Por ese motivo la mayoría de economistas cree que el régimen de Pekín acabará finalmente rescatando a la compañía para salvaguardar la sacrosanta estabilidad social. Pero cuidado. Muchos advierten de que rescatar a una compañía con una deuda tan descomunal puede sentar un mal precedente para el futuro.

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