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Atentado en afganistán

Conmoción en EE. UU. ante el sangriento final de la evacuación

El Pentágono acelera la operación de rescate de los refugiados ante el temor «inminente» de nuevos atentados con coche bomba.

Declaración del presidente de los Estados Unidos, Joe Biden
Declaración del presidente de los Estados Unidos, Joe Biden
JONATHAN ERNST

Hacía año y medio que no moría un soldado estadounidense en Afganistán, pero la traca final ha dejado al menos 12 entre las tropas que custodiaban la puerta en la que ocurrió la explosión. La cifra «probablemente aumentará», ha advertido el Pentágono.

Esta tragedia da un vuelco a las situación y sacude la apatía con la que muchos estadounidenses miraban hacia la trágica retirada de Afganistán, pese a que dejaban a todos los que abrazaron el sueño americano en manos de los talibanes. Si antes está no era su tragedia, ahora la viven de primera mano. Se sabía que Afganistán era el Vietnam de Biden, pero no el de EE. UU.

«Esto es sólo el principio, esto es lo que pasa cuando te rindes a una organización terrorista», clamó el general HR McMaster, exconsejero de Seguridad Nacional durante el gobierno de Donald Trump. Muchos temían que dejar de pagar el seguro de vida que suponía ocupar Afganistán resultaría en un repunte de la amenaza terrorista que dio pie a la invasión hace 20 años, pero ha tardado aún menos de lo que pensaban los pesimistas.

En realidad, el Gobierno estadounidense tenía desde el sábado indicios fiables recabados por la Inteligencia de que se preparaba un atentado, por eso agilizaba la evacuación. Países como Canadá, Bélgica, Polonia, y la propia organización de la OTAN ya la habían dado por terminada y a Estados Unidos le quedaba solo un día más, porque el Pentágono pensaba dedicar los últimos a la salida de tropas y maquinaria militar.

Con el aeropuerto convertido en la ratonera sobre la que se abalanzaban todos los desesperados, el blanco invitaba al ataque. Diez días habían sido suficientes para que una organización yihadista planificara y llevara a cabo con éxito «un complejo ataque» en dos puntos diferentes. El triunfo terrorista le corresponde presuntamente a la rama del Estado Islámico surgida en la frontera con Pakistán, que según McMaster se es la mayor amenaza internacional para EE UU y sus aliados.

La Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Pentágono pospusieron inmediatamente todas sus comparecencias públicas hasta esclarecer lo sucedido y consensuar una respuesta. Eso incluyó la reunión con el primer ministro israelí, Naftali Bennet, cuya delegación tuvo que retirarse de la mansión presidencial hasta nuevo aviso. Fue el Pentágono el primero en dar la cara, precisamente para dar la razón al general McMaster. «La amenaza es inminente. Típicamente estos ataques siguen un patrón de múltiples ataques», advirtió el general Kenneth McKenzie, al frente del comando central. Un avión sin pilotar, 64 helicópteros y varios drones vigilan desde el aire cada vehículo que se acerca al aeropuerto, donde la evacuación ha acelerado el paso con autobuses que llevan a los elegidos hasta la terminal.

Se ha producido una explosión en la puerta Abbey Gate y otra en el Baron Hotel, a 200 metros del aeropuerto. El Pentágono ha confirmado que entre las víctimas hay “bajas civiles y estadounidenses”. Fuentes del Ministerio de Defensa han confirmado que ningún miembro del Ejército español ha resultado herido.

Biden se encuentra ante la disyuntiva de dar por concluida la penosa evacuación, ahora que ha conseguido sacar del país a 95.700 personas, 13.400 de ellas sólo en las últimas 24 horas, o redoblar la operación para rescatar a los estadounidenses que quedan. Se estima que entre 500 y 1500 no podido llegar hasta el aeropuerto, con las carreteras custodiadas por los talibanes y también estaban a cargo de la seguridad en la zona atacada. "Ellos dictan los términos", criticó McMaster. "Son los arsonistas y a la vez los bomberos. Tenemos que obligarles a elegir y si quieren que se les trate como una nación responsable tienen que ir a por estos grupos". McKenzie les defendió: "No hay nada que me convenza de que (los talibanes) dejaron que esto ocurriera. Ellos tienen más interés que nosotros en que salgamos de allí para poder reclamar el aeropuerto".

Para el congresista republicano Adam Kizinger, veterano de las fuerzas aéreas en Irak y Afganistán, no hay duda: "Tenemos que sacar hasta el último estadounidense y a todos los afganos que confiaron en nosotros". No hacerlo sería, en su opinión, "una humillación aún mayor", pero la decisión no es suya, sino del presidente Biden, que precisamente se ha enfrentado a esta debacle para no tener que mandar ni un soldado más a Afganistán. El recuerdo de su hijo Beau, fallecido después de haber estado en Irak, le persigue hasta el infierno.

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