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El Pentágono volverá a investigar los ovnis

Washington pone en marcha un programa de análisis de casos ante el temor de que se trate de actividades de espionaje.

Ovni avistado en Chile
Ovni avistado en Chile
Efe

El Pentágono va a poner en marcha un programa de investigación de avistamientos de fenómenos aéreos no identificados (UAP, por sus siglas en inglés), ya que estos "plantean claramente un problema de seguridad aérea y pueden representar un desafío para la seguridad nacional de Estados Unidos", según un informe de la Oficina del Director de la Inteligencia Nacional publicado el viernes.

Solicitado por el Congreso, el documento, de nueve páginas, expone las conclusiones de un primer análisis de 144 incidentes con ovnis -aunque en ningún momento se los llama así- protagonizados por pilotos militares entre noviembre de 2004 y marzo pasado.

David Norquist, subsecretario de Defensa de la Administración de Donald Trump, creó en agosto de 2020 el llamado Grupo de Trabajo sobre Fenómenos Aéreos No Identificados (UAPTF) para determinar si los UAP suponen una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. En Washington temían que el creciente número de observaciones de objetos no identificados por pilotos de la Marina en las inmediaciones de instalaciones militares se debiera a actividades de espionaje enemigas. Un año después, de los 144 ovnis estudiados, el UAPTF sólo ha identificado uno, un globo grande que se desinflaba. "Los demás no tienen explicación", reconocen.

Detrás de la mayoría de los sucesos "probablemente" hay "objetos físicos", ya que han sido captados "a través de múltiples sensores, que incluyen radar, infrarrojos, electroóptica, buscadores de armas y observación visual", destaca el informe. En ochenta ocasiones, el ovni ha sido visto "con múltiples sensores" y, en dieciocho, parece realizar maniobras inusuales -giros bruscos, grandes aceleraciones...-, algo que los autores sospechan que puede deberse a "errores del sensor, mistificaciones o percepciones erróneas de los observadores" y que, añaden, precisa de "un análisis riguroso adicional".

Los responsables de inteligencia creen que no hay una explicación a los diferentes tipos de UAP y barajan cinco posibles causas para estos sucesos: que se deban a pájaros, globos, vehículos no tripulados recreativos y hasta bolsas de plástico flotantes; que se trate de fenómenos atmosféricos; que algunos hayan sido provocados por ingenios desarrollados en secreto por EE UU; que se trate de tecnología de China, Rusia, otra potencia extranjera o empresas privadas; y que, además de los objetos que no puedan identificarse por falta de datos, haya otros causados por fenómenos más allá de nuestro conocimiento científico actual.

Sin extraterrestres

A pesar de que algunos medios y ufólogos han alimentado durante los últimos meses la idea de un posible origen extraterrestre de los UAP, el informe del máximo órgano de la comunidad de inteligencia estadounidense no contempla esa posibilidad en ningún momento. Ni siquiera como hipótesis. Para decepción de los fanáticos de los ovnis, la palabra 'extraterrestre' es la gran ausente en las nueve páginas, como ya esperaban estudiosos serios del fenómeno como Vicente-Juan Ballester Olmos, principal impulsor de la desclasificación de informes militares sobre ovnis en España. De hecho, si el Pentágono llama a los UAP así y no ovnis es precisamente para distanciar este tipo de sucesos del gran mito del siglo XX, el de las visitas alienígenas, porque sus temores están en este mundo.

"La mayoría de los informes describen los UAP como objetos que interrumpieron un entrenamiento planificado previamente u otra actividad militar", subrayan los autores del documento de la Oficina del Director de la Inteligencia Nacional. Poco después de la publicación de este informe, Kathleen Hicks, subsecretaria de Defensa y, por lo tanto, número dos del Pentágono, anunció la puesta en marcha de un programa sistemático de investigación de los UAP cuyas directrices deberán establecerse ahora. Por de pronto, Hicks pretende que los investigadores del proyecto reciban el informe de cada avistamiento como mucho dos semanas después de los hechos.

La Fuerza Aérea de Estados Unidos empezó a investigar los ovnis tras la visión de los primeros platillos volantes en junio de 1947, por miedo a que supusieran una amenaza para la seguridad nacional. En 1969 y después de diecisiete años, dio carpetazo al Proyecto Libro Azul con la publicación del 'Informe Condon', que concluyó que el estudio de los ovnis no había aportado nada nuevo a la ciencia ni era previsible que lo hiciera en un futuro.

Desde entonces, todas las desclasificaciones de información ovni han dejado claro que no hay nada misterioso detrás esas visiones y que los casos se explican convencionalmente cuando se examinan con rigor. Es lo que los estudiosos del mito creen que pasará también en este caso.

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