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La violencia no respeta la democracia en México, que mide su confianza en Obrador

Millones de personas acudieron a las urnas en una jornada donde hubo tiroteos, agresiones y robos de papeletas.

Un policía en un punto electoral donde arrojaron restos humanos
Un policía en un punto electoral donde arrojaron restos humanos
JORGE DUENES

Los llamamientos a unas elecciones pacíficas realizados por el presidente de México y los partidos políticos no surtieron el efecto esperado quizá con más ilusión que con apego a la realidad. Hubo varios tiroteos. En Oaxaca y Chiapas se paralizaron los comicios, en Tijuana dos personas arrojaron cabezas y otros restos humanos contra sendos colegios electorales, se produjeron múltiples robos de papeletas por parte de grupos armados y anoche se rumoreaba que cinco funcionarios habrían sido asesinados mientras transportaban material oficial.

Al cierre de esta edición todavía quedaban tres horas para el cierre de las urnas, prevista a las seis de la tarde (alrededor de la una de la madrugada en España). Los datos suministrados a mediodía apuntaban a una baja participación, lo que coincidiría con la previsión de las autoridades que habían colocado el listón en una afluencia total ligeramente superior al 50%. De todo el censo, 93 millones de mexicanos estaban llamados a las megaelecciones, pero se daba por descontado que la influencia del caciquismo local y los cárteles de la droga actuarían como freno, especialmente en las zonas rurales y las comunidades indígenas.

El miedo al coronavirus y a las balas parece haber intimidado así a decenas de miles de electores, pese a que el presidente, Manuel Andrés López Obrador, se esforzó hasta la misma mañana de ayer en pedir a la población que acudiera "sin miedo y en paz" a cumplir con su derecho electoral. El covid-19, que hasta el sábado se ha cobrado la vida de 228.754 personas y producido 2,4 millones de contagios, es un factor importante para el partido de López Obrador, Movimiento Regeneración Nacional (Morena). La epidemia ha polarizado de un modo tajante a la población entre los detractores de la gestión gubernamental -México es el cuarto país más castigado por la pandemia en el mundo- y quienes piensan que el presidente ha tomado las riendas de la catástrofe en los últimos meses e impulsado el decisivo plan de vacunación, con casi 34 millones de dosis aplicadas hasta finales de mayo.

Ha sido, sin embargo, demasiada sangre la vertida en la campaña y precampaña centroamericana para que ayer el elector saliera confiado a la calle. Ha habido 91 candidatos, funcionarios y cargos asesinados -cinco de ellos en la última quincena- y cientos de agresiones, amenazas e incendios de casas y vehículos.

El fuego funciona bien para las estampidas. A primeras horas de la mañana decenas de cabinas habían sido ya quemadas. Un grupo de individuos irrumpió en un colegio de la colonia Lázaro Cárdenas, en el Estado de México, y arrasó con las instalaciones después de golpear a los responsables de las mesas y los votantes que esperaban a depositar su papeleta. En Lagunas (Oaxaca) y Baja California sucedió lo mismo. En ningún caso acudió el Ejército o la Polícía.

Una de las escenas más escabrosas se registró en sendos colegios de Tijuana, donde dos personas arrojaron restos humanos, entre ellos las cabezas de dos hombres. Luego se dieron a la fuga.

Sede de Morena acribillada

A lo largo de la jornada las autoridades informaron de varios tiroteos, pero sin especificar las circunstancias ni las posibles víctimas. El primero sucedió de madrugada cuando un grupo de sicarios disparó contra la sede de Morena en Mexicalia, cuya fachada quedó acribillada. La Policía encontró 32 casquillos.

Al margen de la violencia, la cita electoral pondrá sobre la balanza el poder efectivo de López Obrador. Aunque no se trata de unas presidenciales, sí se eligen casi 22.000 cargos intermedios, entre ellos los gobernadores de 15 Estados, medio millar de miembros de la Cámara de Representantes, diputados y unos 18.000 cargos locales entre alcaldes, concejales y procuradores. Es decir, prácticamente se elige al esqueleto político de México y de su composición dependerá la mayor o menor capacidad de acción del Gobierno.

Por ejemplo, uno de los grandes puntos de interés es saber si Morena consigue retener la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados -indispensable para que el mandatario concluya su plan de reforma del país- y un apoyo notable en los quince Estados que eligen gobernador, un objetivo que parece más cuestionado. Enfrente tiene a la alianza entre el PRI, el PAN y el PDR, que conforman el gran bloque opositor. Por separado no tendrían posiblemente oportunidades frente a Morena, pero su unión favorece a una oposición firme. El resto de candidatos pertenecen a siglas más reducidas.

El presidente tiene un poder muy amplio en este país, donde la Constitución eliminó en 1917 el cargo de vicepresidente. Obrador votó temprano, sobre las nueve de la mañana, acompañado de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller. "Que viva la democracia", dijo al salir del colegio. Al tratarse de los comicios más grandes celebrados nunca en México, con presencia de unos 20.000 observadores, los resultados totales no se esperan hasta mediados de esta semana.

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