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Internacional

El eterno conflicto del Sáhara Occidental

Medio siglo después, su descolonización sigue pendiente y Marruecos, impulsado por EE. UU., presiona para reconocer su soberanía.

Paso fronterizo de Guerguerat, en el extremo sur del Sáhara Occidental
Paso fronterizo de Guerguerat, en el extremo sur del Sáhara Occidental
Efe

La crisis diplomática que atraviesan Marruecos y España tiene su origen en el conflicto del Sáhara Occidental, enquistado desde hace 46 años sin que las partes implicadas, el Gobierno alauí, el Frente Polisario y la vecina Argelia, ni tampoco Naciones Unidas hayan conseguido desbloquearlo. Un contencioso que la comunidad internacional parecía haber relegado al olvido hasta que en diciembre, en una de sus últimas decisiones, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció la soberanía marroquí sobre el territorio y abrió la caja de los truenos. El movimiento de Trump, que por ahora no ha sido rectificado por su sucesor Joe Biden, ha reforzado al Ejecutivo marroquí, que ha comenzado a exigir a sus socios europeos que se alineen con esta postura.

La legislación internacional es clara al respecto: el Sáhara sigue siendo un territorio ‘no autónomo’ y, por tanto, pendiente de descolonización, del cual España es la potencia administradora responsable de culminar dicho proceso. El Gobierno de Pedro Sánchez, por su parte, ya ha advertido de que no va a reconsiderar su postura y mantiene que la solución pasa por cumplir las resoluciones de la ONU para alcanzar una solución negociada sobre el futuro de la excolonia española. "Seguimos pensando lo mismo en relación al Sáhara", avisó el viernes la vicepresidenta primera Carmen Calvo.

El conflicto se remonta a 1975 cuando Marruecos se anexionó esta franja costera, rica en bancos pesqueros y fosfato, aprovechando un proceso de descolonización iniciado por España tras la recomendación de la ONU y la fragilidad de Madrid en los estertores del franquismo. Rabat lo hizo tras impulsar Hassán II la conocida Marcha Verde, que precipitó la salida de las tropas españolas de la zona, además de la huida de miles de saharauis.

La ONU mandató celebrar un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental al que el reino alauita se niega

Apenas unos días después, se firmaban en Madrid los Acuerdos Tripartitos por los que el Gobierno cedía la que había sido hasta entonces su colonia en el norte de África sin contar con el Frente Popular de Liberación de Saguia al-Hamra y Río de Oro, más conocido como Frente Polisario, que llevaba años reivindicando la independencia del territorio. Paralelamente, comenzaba el exilio de miles de saharauis hacia unos campamentos cercanos a la localidad argelina de Tinduf, en pleno desierto, donde aún continúan este lunes.

Tan solo unos meses después, el Polisario fundó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), mientras iniciaba una guerra que obligó a Mauritania a retirarse de su porción del territorio, de la que se adueñó Marruecos. El enfrentamiento se prolongó hasta 1991 cuando Rabat y la organización dirigida por Luali Mustafa Sayed alcanzaron un acuerdo que preveía un alto el fuego y un referéndum de autodeterminación de la población saharaui que no se ha celebrado por desavenencias en el censo.

Para apoyar el proceso, el Consejo de Seguridad creó la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), una operación que aún hoy sigue sobre el terreno y que tiene como uno de sus mandatos monitorizar que se cumpla el alto el fuego. Casi por inercia, las potencias del Consejo han ido extendiendo el mandato de la Minurso sin que esta haya conseguido avanzar en el desbloqueo del conflicto. El Polisario está enrocado en la necesidad de que se celebra un plebiscito mientras Marruecos reclama el territorio para sí y a lo más que ha llegado es a proponer un plan de autonomía limitada.

Ninguno de los mediadores enviados sobre el terreno ha conseguido tampoco el más mínimo acercamiento entre las dos partes. James Baker fue el primer enviado especial de la ONU, nombrado en 1997 para negociar un referéndum. Pero dimitió en 2004 tras los constantes rechazos a sus sucesivos planes de resolución del conflicto. Le tomó relevo Peter van Valsum, que organizó cuatro rondas de diálogo, pero que acabó afirmando que la autodeterminación no era una vía realista. Le sustituyó, entre 2009 y 2017, Christopher Ross, que renunció ante el boicot de Rabat. Tras la dimisión hace dos años de Horst Köhler el puesto está vacante mientras la tensión ha vuelto a aumentar sobre el terreno, con algunos choques armados y el Polisario declarando la ruptura del alto el fuego.

Rabat ha optado por silenciar esta ruptura y continuar adelante con sus planes para que España y la Unión Europea reconozcan la marroquinidad del Sáhara. Desde la Transición, los distintos Gobiernos han tratado de resolver por la vía de la diplomacia este espinoso asunto sin éxito porque para el vecino del sur el Sáhara es innegociable.

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