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La UE cierra su espacio aéreo a Bielorrusia como sanción por secuestrar un avión de Ryanair

Los líderes piden a las compañías europeas que no sobrevuelen el país y proponen vetar a su aerolínea de bandera.

Un vuelo de Ryanair aterriza en Vilna.
Un vuelo de Ryanair aterriza en Vilna.
STRINGER

"Piratería aérea", "terrorismo de Estado", "comportamiento ilegal", "inadmisible", "escándalo internacional", "amenaza para la seguridad internacional y la aviación civil", "cruce inaceptable de una nueva línea roja". Todo un polvorín dialéctico estalló este lunes en una Unión Europea indignada como anticipo a la cumbre de líderes que arrancaba por la tarde en Bruselas. El aterrizaje a la fuerza de un avión de Ryanair en Bielorrusia, mientras cubría la ruta Atenas-Vilna, para arrestar a uno de sus pasajeros (el periodista opositor Roman Protasevich) entraba de lleno en la agenda de los mandatarios europeos y les colocaba en la tesitura de pactar un castigo enérgico contra el régimen de Aleksandr Lukashenko. 

El reto: convertir las palabras en hechos, contrarreloj, y por unanimidad. Algo que nunca es fácil cuando hay que aglutinar Veintisiete puntos de vista diferentes y que últimamente se hacía más cuesta arriba por la inercia dinamitadora de Hungría, que ya la pasada semana rompía la posición común sobre el conflicto entre Israel y Hamás pese a que la declaración de consenso no podía ser más suave.

La cuestión es que la primera jornada de la que, a su vez, era la primera cumbre presencial del año (exceptuando la cita informal de Oporto de hace tres semanas) se vio alterada por un hecho que exigía "respuesta firme", reclamó Charles Michel, presidente del Consejo Europeo. Y los jefes de Estado y de Gobierno comenzaron a hilvanarla pasadas las 19.30, en formato 'cena de trabajo' y en día festivo en Bélgica. Inicialmente, la cena iba a estar marcada por un discusión estratégica sobre la incómoda relación con Rusia. Pero de entrante, Bielorrusia. Sin teléfonos ni tablets "para garantizar la confidencialidad del debate", confirmaban fuentes diplomáticas.

Sobre la mesa nuevas sanciones a añadir a las ya existentes contra el régimen de Minsk, que hasta la fecha han tenido un efecto más bien escaso. 59 personas, entre ellas el propio Luckashenko y su hijo, no pueden pisar territorio comunitario y tienen congelados todos sus activos. El acuerdo contempla incrementarlas con "nuevas listas" en las que figurarían personas involucradas en el "secuestro" de la aeronave de la compañía irlandesa, así como empresas que financian al régimen. También acordaron prohibir el espacio aéreo comunitario a las compañías de Bielorrusia, así como prohibirles aterrizar en aeropuertos de la UE, y pidieron a las compañías europeas que eviten sobrevolar sobre ese país. Y se comprometieron a ampliar la lista de sanciones a Bielorrusia, que actualmente contiene a 88 personas y 77 entidades, entre ellas a presidente Alexandr Lukashenko.

Lo había avanzado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, al tiempo que recordaba que la UE dispone de un paquete de 3.000 millones de euros de ayudas e inversiones para Bielorrusia. Pero solo fluirán "cuando se convierta en un país democrático".

A su llegada a la cumbre, muchos de los Jefes de Estado y de Gobierno se expresaron a favor de adoptar estas medidas.

"Creo que el tiempo de la retórica y las palabras pasó, se terminó. Necesitamos acciones claras para cambiar el patrón de comportamiento de este régimen muy peligroso", dijo a su llegada a la reunión el presidente de Lituania, Gitanas Nauseda.

En una línea similar se expresó la primera ministra de Estonia Kaja Kallas, que consideró "muy importante" proponer "sanciones fuertes" porque, según dijo, Bielorrusia y Rusia "solo van tan lejos como les dejamos ir".

Mientras que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, consideró "absolutamente inaceptable" que Bielorrusia desviara un avión para detener a un periodista disidente y defendió por ello la adopción de sanciones contra este país.

Medidas más drásticas

La identidad de los nuevos 'castigados' se concretaría en los próximos días. Pero la UE no se quedará ahí. Los líderes hicieron también un llamamiento expreso a medidas más drásticas. Solicitan a las compañías europeas que eviten "sobrevolar Bielorrusia" por considerar su espacio aéreo "inseguro" y también pulsan el botón para que se adopten las "medidas necesarias" para que se prohíba a la compañía de bandera de ese país, Belarusian Airlines, utilizar el cielo europeo y sus aeropuertos. "El Consejo Europeo continuará ocupándose de este incidente", se añadía en el primer borrador de la declaración, que atendía las propuestas avanzadas por socios como Lituania y Polonia. Habían pedido (y ejecutado) un cerrojazo por aire que también defendían otros países y para el que Francia reclamó la implicación de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).

Medidas, a priori, complejas desde el punto de vista burocrático. Porque la OACI, con sede en Montreal, no tiene poder regulador y la UE carece de autoridad sobre las operaciones en Bielorrusia, más allá de las conexiones desde sus países (España, por ejemplo, no tiene ningún enlace directo). El riesgo de vetar a la aerolínea Belavia estaba en que Lukashenko pudiera 'secuestrar' a europeos que residen en el país. Utilizarlos como rehenes. Así que no se descartaban matices de última hora.

Lo evidente es que la UE (como tampoco Reino Unido o Estados Unidos) no se creen la versión que dio Minsk sobre el incidente -dijo haber recibido una amenaza de Hamás de que una bomba iba a explotar en el vuelo-. La tesis occidental es que forzó el aterrizaje solo para detener al opositor Protasevich. Y aquí los líderes no tienen ninguna duda: exigen tanto su liberación como la de su novia Sofia Sapega. El jefe de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, llamaba a consultas al embajador bielorruso para la UE como primera reacción diplomática de enfado. Y Lukashenko, lejos de amedrentarse, daba a última hora otro giro de tuerca al expulsar a la embajadora de Letonia en Minsk. Crisis en escalada.

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