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Internacional
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Burkina Faso, sacudida por una invasión yihadista tras una dictadura

El Gobierno de este país del Sahel ha perdido el control por el avance del islamismo radical, que ha obligado a un millón de personas a dejar su hogar.

Imagen de archivo de un ataque armado en Burkina Faso.
Imagen de archivo de un ataque armado en Burkina Faso.
Agencias

Ni la vida salvaje ni aquella presuntamente más civilizada gozan de seguridad alguna en Burkina Faso. Curiosamente, este país del Sahel sin salida al mar apenas ha concitado la atención de los medios de comunicación, aunque se trata del más afectado por la insurrección yihadista. Más de un millón de sus habitantes, el 5% de su población, ha abandonado su hogar por el avance de los radicales y 2.000 escuelas permanecen cerradas, algunas desde hace cinco años, cuando comenzó la insurgencia comandada por el grupo Ansarul Islam. La violencia se ha extendido por el norte y este de la antigua colonia francesa, allí donde se encontraban los periodistas españoles.

Los reporteros intentaban dar cuenta de la caza furtiva en una zona especialmente peligrosa. Las bandas cuentan con confidentes en las aldeas e, incluso, en el seno de la Administración, que, probablemente, les informaron de la presencia de los europeos. El convoy fue interceptado por una columna de camionetas y motocicletas, habitual manera de perpetrar sus ataques, inesperados y audaces, a poblaciones y acuartelamientos, un procedimiento conocido como 'hit and run'. Además, la escasa presencia de tropas oficiales también ha impulsado la aparición de delincuentes sin filiación política y autodefensas locales con menos recursos que sus enemigos.

Los islamistas y las organizaciones criminales han encontrado un refugio seguro en las vastas reservas naturales. Ocurrió en el bosque de Sambisa, en Nigeria, y está sucediendo ahora en África Occidental. David Beriáin y Roberto Fraile resultaron abatidos en el extremo occidental del complejo WAP, una de las mayores extensiones regionales de sabana virgen donde habitan manadas de elefantes, leones y búfalos. Este paraje forestal comprende el Parque Nacional de Pendjari en Benin, el W de Níger y el de Arly-Singou, en territorio burkinabés, y constituyó un atractivo turístico hasta que la amenaza terrorista se impuso. Hace dos años, una pareja de viajeros galos fue secuestrada en el primero y en la operación de rescate perecieron dos comandos franceses.

Burkina Faso no tiene suerte. Tras veintisiete años de poder autoritario, una insurrección popular consiguió destituir al dictador Blaise Compaoré en 2014. La transición hacia la democracia y la constitución de un Estado moderno quedaron frustradas por la expansión de los extremistas. Su llegada fue anunciada de forma espectacular con su asalto al Hotel Splendid de la capital Ouagadougou, saldado con 30 muertos en enero de 2016. Tres años después, el misionero español Antonio César Fernández falleció en otro golpe terrorista.

El Gobierno burkinabés ha perdido el control del extremo septentrional y las provincias orientales, englobadas en la región transnacional de Liptako-Gourma, dividida entre este país, Mali y Níger, y asiento de diversas entidades radicales incluidas en la plataforma Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM). Su expansión se enfrenta a la aparición del Estado Islámico del Gran Sahara, con quien mantiene una lucha paralela a la que sostiene con las tropas regulares. Existen sospechas de que el régimen, acorralado y falto de medios suficientes para vencer a los rebeldes, ha iniciado conversaciones de paz.

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