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Putin avisa a Occidente de que no traspase la "línea roja" con Rusia

En alusión a Ucrania y sus aliados, alertó de que "todos los organizadores de cualquier provocación lo lamentarán como hace tiempo no han lamentado nada".

Vladimir Putin, durante su discurso a la nación este miércoles.
Vladimir Putin, durante su discurso a la nación este miércoles.
MAXIM SHIPENKOV/EFE

El presidente ruso, Vladímir Putin, pronunció este miércoles su discurso anual ante el Parlamento y el Gobierno durante una hora y veinte minutos, el más corto de los 17 habidos desde que llegó al poder en 2000. A diferencia de otros años, esta vez no anunció nada sensacional. Centró su alocución en cuestiones de carácter social, irresueltas todavía tras más de 20 años en el poder, y, pese a la situación de conflicto reinante en relación con Occidente y la vecina Ucrania, dedicó muy pocas palabras a estas tensiones, que siguen latentes todavía de forma inequívoca.

"Meterse con Rusia se ha convertido en un deporte nuevo (...) lo practican aquí y allá sin ningún motivo que lo justifique", lanzó Putin a las personalidades presentes en la gran sala del edificio del Manezh, situado junto a la muralla oeste del Kremlin. "Pero a menudo no entramos a responder a estas acciones hostiles y a las groserías más absolutas que perpetran", prosiguió en alusión a Estados Unidos, la Unión Europea, la OTAN, Ucrania y los países con los que lleva días intercambiando expulsiones de diplomáticos.

Citando 'El Libro de la Selva' del escritor inglés Rudyard Kipling, el presidente ruso sugirió que tales acciones las llevan a cabo personajes pequeños y aborrecibles, como el chacal Tabaqui, en referencia a los europeos, que "rondan al tigre Shere Khan (EE. UU.). Como en el cuento de Kipling, aúllan para apaciguar a su soberano".

A renglón seguido, Putin dijo: "Espero que a nadie se le ocurra la idea de traspasar la línea roja en relación con Rusia. Y por dónde pasa esa línea lo determinaremos nosotros mismos". Advirtió que cualquier amenaza contra la seguridad de Rusia recibirá una respuesta "asimétrica, rápida y severa". En clara alusión a Ucrania y sus aliados, el máximo dirigente ruso alertó de que "todos los organizadores de cualquier provocación lo lamentarán como hace tiempo no han lamentado nada".

Criticó a Occidente también por su actitud indiferente ante el supuesto golpe de Estado orquestado recientemente contra el presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko. A su juicio, "podemos tener distintas actitudes en relación con Lukashenko, pero planificar su asesinato es ya demasiado". "Y todo el mundo quiere hacer creer que no ha pasado absolutamente nada", resaltó Putin indignado. "¿Qué hubiera pasado si el intento de golpe de Estado hubiese triunfado? ¿Cuántas personas habrían sufrido las consecuencias?", se preguntó el jefe del Kremlin.

Supuesta intentona golpista

El sábado, Lukashenko afirmó haber desarticulado un intento de "golpe de Estado" y su "asesinato", que, al parecer, tenía a su familia también como objetivo y que había sido organizado, según él, por Estados Unidos. Dos bielorrusos con nacionalidad norteamericana fueron detenidos en Moscú en una operación conjunta de los servicios secretos rusos y bielorrusos.

Los arrestados fueron el abogado Yuri Zenkóvich y el politólogo y escritor Alexánder Feduta, personas que difícilmente puede imaginarse que sean capaces de organizar, articular y culminar un golpe de Estado. Pero la Justicia bielorrusa les acusa de haber mantenido en un restaurante de Moscú una reunión con generales del Ejército bielorruso de orientación opositora de cara a realizar el supuesto levantamiento. No se ha informado, sin embargo, de la detención de ningún militar. La líder opositora del país, Svetlana Tijanóvskaya calificó el montaje de "provocación". Hoy jueves está prevista una reunión en la capital rusa de Putin y Lukashenko.

El presidente ruso también criticó en su intervención que Occidente mirara para otro lado cuando, según sus palabras, en febrero de 2014, en Ucrania se produjo un golpe de Estado dirigido por las fuerzas que alentaron la revuelta del Maidán. Este el argumento que el Kremlin ha venido esgrimiendo desde entonces para justificar la anexión de Crimea y la ayuda militar a los separatistas de las regiones rebeldes de Donetsk y Lugansk (Donbass).

Como Lukashenko, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, quisiera reunirse con su homólogo ruso. Lleva tiempo solicitando al Kremlin celebrar una cumbre con Putin, la última vez este martes en un discurso a la ciudadanía retransmitido en directo. Propuso hacerlo en la zona de conflicto, en Donbass, y dijo que el encuentro es necesario para "evitar la guerra".

Atenuar la tensión

Zelenski trata también de convocar una nueva reunión del Cuarteto de Normandía (Alemania, Francia, Rusia y Ucrania) para buscar una solución que atenúe la actual tensión en la frontera y en el mar Negro, en donde Moscú ha desplegado un enorme dispositivo bélico. Estados Unidos y la OTAN calculan que la fuerza rusa podría estar constituida por unos 100.000 soldados.

El portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Ned Price, llamó el lunes a Rusia a desbloquear el mar Negro y retirar sus fuerzas del área. Señaló que las acciones de Rusia "representan una escalada no provocada por nadie en la campaña en curso de Moscú para socavar y desestabilizar a Ucrania". Según Price, "estos sucesos son particularmente preocupantes en medio de informes fiables de acumulación de tropas rusas en la Crimea ocupada y alrededor de las fronteras de Ucrania, ahora en niveles no vistos desde la invasión de Rusia en 2014".

Pero Putin no parece tener intención de apresurarse a tender la mano a Zelenski. Ayer fue informado del deseo de su homólogo ucraniano de dialogar. En el Kremlin, según las agencias rusas, no creen que se den las condiciones para que ambos líderes se entrevisten. Acusan al Ejército ucraniano de "provocar constantemente" enfrentamientos y tiroteos en la línea de separación.

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