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La policía del Capitolio culpa al FBI del asalto por no avisar a tiempo de lo que sabía, como en el 11-S

El Pentágono se resistió a enviar a la Guardia Nacional según denuncia la Policía, mientras el juez Merrick Garland promete depurar responsabilidades como nuevo fiscal general

Asalto al Capitolio por seguidores de Donald Trump
Asalto al Capitolio por seguidores de Donald Trump
EFE

Un correo electrónico perdido que nunca llegó a las alturas. Ese fue el único aviso que el FBI mandó a la policía del Capitolio la noche antes del Día de Reyes, cuando la manifestación de "Save América" enfiló hacia el palacio legislativo donde se certificaba el resultado de las elecciones por órdenes de Donald Trump, que vio en la turba su última oportunidad de aferrarse al poder.

Ni el jefe de Policía del Capitolio Steven Sund, ni los sargentos de armas Paul Irving y Michael Stenger llegaron a ver ese 'email' que recogía conversaciones anónimas captadas en las redes sociales sobre grupos que hablaban de un ataque al Capitolio. Llegó la noche antes a un oficial asignado al grupo antiterrorista, que lo reenvió a la división de inteligencia del cuerpo.

Stenger, que dimitió por el flagrante fallo de seguridad que dejó desprotegido al Capitolio frente a "un ataque planeado y coordinado en varios Estados como nada que hubiera visto antes" en toda su carrera -según declaró este martes-, lamentó ante los senadores que el FBI no hubiera cogido el teléfono para avisarle. Nada de eso había salido en las reuniones de preparación que mantuvieron los días previos pese a que, ahora se sabe, había muchas señales que la inteligencia no recogió debidamente. Como en los ataques del 11-S, el FBI se encuentra en la picota por haber fallado en detectar y alertar adecuadamente sobre lo que se estaba fraguando.

"Nos preparamos adecuadamente para una manifestación masiva con posibilidades de violencia, pero lo que ocurrió fue un asalto coordinado de estilo militar para una toma violenta del Capitolio", se defendió Sund ante los senadores. Cinco personas fallecieron ese día y 140 agentes resultaron heridos. Dos se suicidaron en los días sucesivos. Algunos perdieron ojos y dedos, sufrieron infartos y fueron arrastrados por las escalinatas en linchamiento público. Stenger dice que no supo del informe del FBI hasta el pasado fin de semana, cuando se preparaba para la audiencia del Senado en la que testificó este martes.

El otro punto conflictivo que salió a relucir fue la resistencia del Pentágono a enviar tropas de la Guardia Nacional. El jefe de la policía de Washington DC, Robert Contee, dijo haberse quedado "pasmado" de que hora y media después de que sus hombres hubieran acudido al auxilio de la Policía del Capitolio los mandos militares de la Guardia Nacional y el Ejército de Tierra se hicieran los remolones durante una llamada de emergencia en la que les pidieron enviar tropas de inmediato. Tardarían más de una hora en aprobar el despliegue. Las tropas no llegaron al Capitolio hasta el anochecer, a las 5:40 de la tarde, cuatro horas y media después de que el jefe de policía del Capitolio que ha dimitido pidiera socorro.

Ante la evidente falta de cooperación militar, nada más colgar el teléfono el jefe de Policía de Washington DC buscó ayuda en todos los cuerpos policiales entre Washington y New Jersey. Al no ser la capital de EE UU un Estado de la Unión sino un distrito federal, solo el presidente tenía poder para desplegar a la Guardia Nacional.

Pero todo el mundo sabe lo que hacía a esas horas el comandante en jefe, que había alimentado a las masas con mentiras sobre un supuesto fraude electoral: "Su inadmisible conducta no acabó cuando empezó la violencia", le acusó el propio líder de su partido en el Senado, Mitch McConnell, minutos después de absolverle del 'impeachment' por un supuesto tecnicismo. "Estaba viendo la misma televisión en directo que el resto del mundo y, según los reportes públicos, felizmente", le criticó.

El nuevo fiscal general que también este martes se enfrentaba al interrogatorio de los senadores en su audiencia de confirmación, aseguró que instará al Departamento de Justicia a investigar lo ocurrido y depurar responsabilidades hasta lo más alto de la cadena de mando, sin importarle quién caiga.

Como candidato al cargo, Merrick Garland ha tenido estos días la audiencia que los republicanos le negaron cuando Barack Obama le nominó para juez del Tribunal Supremo, pero no mostró el menor signo de resentimiento. Por el contrario, la gentileza y sentido del honor del que hizo gala le allanan el camino al cargo desde el que promete luchar contra el terrorismo doméstico que suponen las milicias neonazis reclutadas por el trumpismo.

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