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Trump, indignado con la mala actuación de su defensa en el juicio de 'impeachment'

Los fiscales de la Cámara Baja hacen una exposición brillante y televisiva de cómo el hoy expresidente enardeció a sus huestes durante meses y las dirigió hasta el asalto al Capitolio.

Trump este martes
Foto de archivo de Donald Trump
Samuel Corum / POOL

Donald Trump está que trina, aseguran quienes le rodean. Es difícil que pierda el segundo juicio de 'impeachment', pero si hay algo que le enfurece es perder los 'rating' televisivos. En las pantallas del Senado que siguen estos días millones de estadounidenses, los congresistas que reconstruyen el caso contra él están haciendo lo que él llamaría 'a hell of a job', o un trabajo endemoniadamente bueno.

Por el contrario, los abogados que el expresidente contrató hace una semana, cuando su equipo legal se despidió por no querer defender bajo juramento sus falsas acusaciones de fraude, parecen descolocados. Bruce Castor pasó buena parte de la primera jornada alabando a los senadores que hacen de jurado y asegurando que no sería él quién defienda a los violentos que su jefe llama "patriotas".

El otro letrado, David Schoen, parecía haber olvidado que esto es un juicio político. Dedicó todo su tiempo a una soporífera argumentación jurídica de por qué el 'impeachment' de un presidente que ya no está en el cargo es anticonstitucional. Básicamente, porque la Constitución habla de "el presidente" en sus artículos sobre el 'impeachment' y ya no lo es.

Por el contrario, los 'managers' de la Cámara Baja que actúan como fiscales han demostrado ser abogados brillantes que no han perdido puntada a la hora de reconstruir el caso de incitación a la insurrección. Esta no empezó el 6 de enero con el mitin de "Salvar America" que derivó luego en el asalto al Capitolio, sino muchos meses atrás cuando el mandatario empezó a decir que "la única manera" en la que podía perder las elecciones es si se las robaban.

Un plan de varios meses

Durante meses ensambló "deliberadamente" un ejército de milicias y les convenció de que estuvieran preparados para "defender" su victoria y "salvar la democracia" si las urnas no le daban la victoria. La noche de las elecciones supo que era hora de activar el plan que había ido forjando durante los últimos meses de campaña, cuando su mala gestión de la pandemia puso en liza su reelección.

"Dicen que una mentira puede viajar por medio mundo antes de que la verdad haya podido ponerse los zapatos", recordó el congresista Joaquín Castro durante su intervención. Las redes sociales desperdigaron sus falsas acusaciones de fraude, pero también los incendiarios llamados a la violencia en mensajes que sus seguidores saben muy bien cómo descifrar, porque llevan cinco años siguiéndole. "Se aseguró de que estaban lo más enfadados posible y sus palabras se convirtieron las acciones de ellos", sentenció Castro.

Sobraban las entrevistas y los tuits para ilustrarlo. El presidente incentivó y aplaudió las acciones violentas de sus huestes en la toma del Capitolio de Michigan o la autopista de Texas en la que intentaron derrapar un autobús demócrata. Su equipo monitoreaba constantemente los rincones más oscuras de las redes sociales y fue lanzando mensajes para preparar el asalto del 6 de enero, que él mismo empezó a convocar 18 días antes, cuando la violencia era la última carta que le quedaba para revocar el resultado de las urnas.

"Su deber patriótico"

Prueba de la premeditación es que su campaña invirtió 50 millones de dólares en anuncios que acabaron bruscamente el 5 de enero, víspera del asalto. Durante ese tiempo hizo creer a sus seguidores que le habían robado las elecciones y era "su deber patriótico" defenderlas, incluso si eso les costaba la vida. "Señor Presidente, su caballería está en camino", tuitéo Kylie Jane Kremer, organizadora del mitin 'Salvar America'.

"Estad listos para luchar, va a ser salvaje", advirtió la víspera el presidente a sus seguidores. Cientos de mensajes en las redes sociales dejaban claro que "el objetivo es el Capitolio, todo lo demás es una distracción". En los tribunales donde ahora se juzgan a los asaltantes, sus abogados sostienen que lo hicieron bajo "la creencia de que eran patriotas defendiendo a su país y respondiendo a la llamada de su comandante en jefe".

Si el convincente caso de premeditación y alevosía no resulta determinante, de lo que no cabe duda es de que después de prender la llama el día de autos. Trump se quedó observando el incendio por televisión durante horas, en lugar de intervenir para disuadir a quienes registraban las oficinas del Capitolio para "colgar a Mike Pence" y "meterle una bala en la cabeza a Nancy (Pelosi)".

"Una vez más el presidente Trump nos falló", lamentó el congresista Joe Neguse. El mandatario pudo haber detenido la violencia con un simple tuit, porque los asaltantes creían estar siguiendo sus órdenes, pero en lugar de eso se regodeó con el espectáculo televisivo "como si fuera un 'reality show'" y tardó más de tres horas en salir, siempre para celebrar su hazaña y despedirlos con amor. Si el Senado no lo inhabilita, "lo volverá a hacer", advirtió el congresista Jamie Raskin, que lidera la acusación. 

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