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Internacional

El asalto al Capitolio era un estudiado golpe de Estado

Los atacantes tenían información táctica del interior del edificio y equipamiento especial para capturar a Pence y a la líder del Congreso.

Seguidores de Trump protestan en el Capitolio de Estados Unidos
Seguidores de Trump protestan en el Capitolio de Estados Unidos
WILL OLIVER

A medida que la investigación sobre el intento de golpe en el Capitolio avanza, el FBI y otras organizaciones policiales, empiezan a tener una idea más clara de la trama detrás del asalto. Tras las fotos con banderas confederadas y disfraces de QAnon, se escondía un siniestro plan de grupos paramilitarizados y nazis que buscaban la captura del vicepresidente, Mike Pence, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, Chuck Schumer, Chuck Grassley y otros congresistas.

Los grupos violentos contaban con información táctica sobre el interior del Congreso que les permitió acceder a áreas escondidas de las oficinas legislativas, generalmente difíciles de localizar por el público. Además, portaban equipo militar y esposas de plástico con cierre de cremallera usadas por la Policía, a fin de hacer prisioneros y secuestrar líderes legislativos.

La falta de preparación por parte de los agentes del Capitolio, a pesar de las amplias advertencias de la masiva manifestación a favor de Donald Trump, permitió a los exaltados hacerse con el edificio rápidamente y moverse con libertad mientras otros grupos alborotaban en el frente y en las estancias del hall. El departamento, que no reforzó la dotación de personal para el miércoles pese a que se conocía que habría marchas sobre Washington, tenía el mismo número de efectivos que en un día de rutina, desprovistos de la equipación apropiada para enfrentar un motín.

Una vez que la turba comenzó a moverse por el edificio, un teniente de Policía prohibió usar fuerza letal, lo que impidió a los agentes contener el cerco de una multitud violenta que les superaba en número. La orden puso además en riesgo la vida de los oficiales. Los vídeos muestran múltiples situaciones de policías incapacitados, aplastados contra las puertas gritando de dolor, arrollados por la avalancha. Dos han muerto ya.

Peticiones de ayuda ignoradas

La decisión del Pentágono de restringir la misión de la Guardia Nacional, solicitada con antelación por la alcaldesa demócrata Muriel Bowser, a solo patrullar el tráfico sin armas, imposibilitó la defensa del edificio y ayudó a los asaltantes. El jefe de Policía del Capitolio, Steven Sund, que la semana pasada renunció bajo presión, dijo que repetidas súplicas pidiendo respaldo fueron ignoradas por los sargentos de armas y el Pentágono.

Simultáneamente el personal civil de las oficinas legislativas, que en cuestión de minutos se encontró atrapado en el edificio, levantó barricadas con muebles detrás de las puertas mientras otros se escondieron donde pudieron en salas de conferencias, armarios y bajo escritorios. En silencio absoluto, se entregaron a la labor de enviar mensajes de socorro tirando de sus privilegiadas listas de contactos.

Fuera, los violentos golpeaban las puertas amenazadoramente mientras gritaban «¿donde está Nancy?». El personal de Pelosi, permaneció escondido durante horas debajo de una mesa mientras un supremacista allanaba la oficina. El asaltante de Texas, arrestado ya por el FBI, robó el correo de la líder demócrata y se hizo fotos con los pies en la mesa de su despacho.

Numerosos agentes fuera de servicio de todo el país estaban en la capital el 6 de enero, lo que ha abierto múltiples pesquisas sobre su implicación. El Departamento de Policía de Seattle anunció que dos de sus oficiales están bajo despido administrativo, y en Texas, Pensilvania y New Hampshire se investiga a otros que fueron vistos en el asalto. Miembros del departamento de Bomberos de Nueva York han sido también identificados. Muchos exhibieron en redes sociales su apoyo a los disturbios.

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