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El Sahara Occidental, un conflicto atascado en Naciones Unidas

El anuncio de Donald Trump tomó por sorpresa a la ONU, que lleva décadas ocupándose de la cuestión de la excolonia española y que hasta ahora no ha sido capaz de romper el bloqueo pese a sus muchas iniciativas.

Sahara Occidental: un callejón sin salida
Sahara Occidental: un callejón sin salida
REUTERS

El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental por parte de Estados Unidos supone una sacudida en la dimensión internacional de un conflicto que permanece totalmente atascado en Naciones Unidas.

El anuncio del presidente saliente de EE. UU., Donald Trump, tomó por sorpresa a la ONU, que lleva décadas ocupándose de la cuestión de la excolonia española y que hasta ahora no ha sido capaz de romper el bloqueo pese a sus muchas iniciativas.

El Sahara Occidental figura desde 1965 en la lista de territorios no autónomos y, como consecuencia de la guerra que libraron Marruecos y el Frente Polisario entre 1975 y 1991, es un asunto fijo en la agenda del Consejo de Seguridad, el órgano encargado de los asuntos de paz y seguridad.

El Consejo de Seguridad fue quien en 1991 acordó crear la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso) como parte de un arreglo que preveía un período de transición para preparar la celebración de una consulta en la que el pueblo del Sáhara Occidental eligiera entre la independencia y la integración con Marruecos.

Un referéndum que nunca llegó

Casi treinta años después, ese referéndum sigue sin celebrarse. Primero fueron discrepancias sobre el censo de votantes saharauis y después un rechazo ya frontal de Marruecos a aceptar la consulta, con Rabat ofreciendo como única vía una propuesta de autonomía.

Con el Polisario enrocado en la necesidad de un referéndum de autodeterminación y Marruecos cómodo con su control del territorio y su oferta de autonomía, los años han ido pasando sin que el Consejo de Seguridad haya actuado con decisión para tratar de romper el impasse.

Casi por inercia, las potencias del Consejo han ido extendiendo el mandato de la Minurso y manteniendo la cuestión en un segundo plano, al tiempo que modificaban poco a poco el lenguaje de sus resoluciones en una línea que, para muchos analistas, es cada vez más favorable a los intereses marroquíes.

En la más reciente, aprobada el pasado octubre, el Consejo reafirmaba su “compromiso de ayudar a las partes a alcanzar una solución política justa, duradera y aceptable para todas, basada en la avenencia, que prevea la libre determinación del pueblo del Sahara Occidental”.

La necesidad de un referéndum ha dejado ya de figurar en los textos, que insisten siempre a los dos bandos a negociar para buscar un arreglo.

En el seno del Consejo, Francia -una de las cinco potencias con derecho a veto- se ha destacado como la gran defensora de las tesis marroquíes, pero con una diplomacia más bien silenciosa y sin demasiados pronunciamientos públicos.

Se trata de una estrategia generalizada, pues a diferencia de lo que ocurre con otros conflictos, el máximo órgano de decisión de la ONU opta habitualmente por abordar la cuestión del Sahara a puerta cerrada, los países no hacen muchos esfuerzos por comunicar sus posturas y los mediadores de la organización evitan siempre que pueden hablar en público.

El fracaso de la mediación

Estos mediadores, oficialmente enviados personales del secretario general, han ido pasando uno tras otro con distintos planes y negociaciones para tratar de encontrar una salida, por ahora sin ningún tipo de éxito y en varias ocasiones tras ser sometidos al ostracismo por parte de las autoridades marroquíes.

La parálisis es tal que ese puesto clave lleva vacante desde hace año y medio, cuando renunció alegando motivos de salud el alemán Horst Köhler, que llevaba menos de dos años en el puesto.

Köhler había generado ciertas esperanzas al lograr sentar a Marruecos y el Polisario, junto con Argelia y Mauritania, en una mesa redonda para abordar el conflicto, aunque nunca llegaron a producirse verdaderas negociaciones ni avances concretos.

La tensión entre Rabat y el Polisario se ha reactivado recientemente, con movimientos coincidiendo con la renovación del mandato de la Minurso como ocurre casi todos los años, pero que en esta ocasión han ido algo más allá, con el Polisario llegando a declarar la vuelta de la guerra y lanzando varios ataques, minimizados por Marruecos.

La ONU, mientras tanto, insiste en pedir calma y moderación a las partes y subraya que su postura sigue siendo la que figura en las resoluciones del Consejo de Seguridad.

Así lo reiteró este jueves en respuesta al anuncio del Gobierno de Donald Trump, un movimiento que tomó a Naciones Unidas por sorpresa, que se enteró en Twitter de la nueva postura, según admitió la propia organización.

"La postura del secretario general se mantiene sin cambios. Sigue convencido de que una solución es posible para la cuestión del Sahara Occidental y que está en consonancia con las resoluciones relevantes del Consejo de Seguridad", señaló Stéphane Dujarric, el portavoz del jefe de la ONU, António Guterres.

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