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Internacional

Pekín lucha para no ser la nueva Wuhan

"Siempre creímos que la capital era el lugar más seguro", dice una vecina desde su aislamiento mientras crecen los contagios.

Pekín
Barreras en las calles de Pekín
Agencias

El goteo de contagios de coronavirus relacionado con el mercado pequinés de Xinfadi continúa imparable. China registró este miércoles 44 nuevos casos en todo su territorio, y 31 están vinculados a las instalaciones del principal mercado de abastos de la capital. Así, ya son 137 las personas que han contraído el patógeno debido a este rebrote, un preocupante toque de atención porque Pekín llevaba 55 días sin detectar ningún contagio local hasta que, el pasado jueves, la buena racha se rompió.

"Han puesto unas vallas y una mesa de control y nos han dicho que no salgamos de casa si no es estrictamente necesario. Aunque nos lo permitieran, tampoco lo haríamos. Mis padres son ya mayores y tenemos miedo de que se puedan contagiar", cuenta una mujer que vive en uno de los complejos residenciales confinados, en el distrito de Fengtai, y que pide identificarse solo como Chen. "Confiamos en las medidas que las autoridades están tomando, porque han demostrado ser mucho más efectivas que las de Occidente, pero nos sorprende que haya sucedido en Pekín. Siempre hemos creído que la capital era el lugar más seguro", añade.

"Pekín está en una situación preocupante, pero trata de evitar que el coronavirus se extienda por la ciudad y el país. Investigaciones preliminares apuntan a que este clúster se debe a una transmisión comunitaria entre personas y a través de objetos contaminados", afirmó ayer el vicesecretario general del Gobierno de Pekín, Chen Bei. Aunque este dato parece restar fuerza a la hipótesis de que la fuente del rebrote está en el salmón importado que vendía un puesto del mercado, las autoridades han detenido la importación de las remesas procedentes de Europa.

También se han suspendido las compras de carne, tanto congelada como refrigerada, según aseguran distintas fuentes a este periódico. No obstante, los primeros contagios en un restaurante se han dado en un establecimiento especializado en cocina sichuanesa, donde no se sirven alimentos importados. Cinco de sus empleados han dado positivo, y toda la plantilla será sometida a las pruebas. En total, Pekín realizará unos 200.000 tests de ácido nucleico en tres días que los expertos consideran clave para atajar el rebrote.

"Ahora nos vemos obligados a pedir comida a domicilio y me vuelve a preocupar que esté contaminada", afirma Chen desde su confinamiento. Quienes sí pueden salir a hacer la compra se encuentran con calles mucho más vacías de lo habitual, numerosos establecimientos cerrados y estantes vacíos en los supermercados. Xinfadi surte el 90% de la fruta y verdura de la ciudad, y su cierre ha provocado una carrera contrarreloj para buscar alternativas. En la vecina provincia de Hebei, con capacidad para producir 110.000 toneladas de verduras al día, las autoridades priorizan el suministro a la capital.

Restricciones en aumento

Aunque Pekín quiere evitar a toda costa un confinamiento estricto como a finales de enero en Wuhan y en la provincia de Hubei, con un elevado impacto económico, ha activado el segundo nivel de alerta y las restricciones son cada vez mayores. Además de cerrar una treintena de complejos residenciales considerados de alto riesgo en los que habitan miles de personas, ha reinstaurado controles estrictos de entrada y salida -se toma la temperatura, se comprueba el código QR de la aplicación oficial de salud, y se registran datos personales-, ha clausurado los centros de educación y urge a las empresas a que retomen el teletrabajo si es posible. Además, se han cancelado más de dos tercios de los vuelos programados -más de mil en total- en los dos aeropuertos de esta ciudad de 22 millones de habitantes, prácticamente la mitad de la población española.

Las imágenes de marzo, en pleno cerrojo por la pandemia, vuelven irremediablemente a las cabezas de los ciudadanos. El transporte público urbano vuelve a circular con aforo limitado, los locales comienzan a vaciarse y la gente debe acostumbrarse de nuevo a portar un certificado sanitario si quiere moverse, cuando menos fuera de la ciudad. El objetivo es cumplir con la promesa que han hecho los dirigentes chinos: que Pekín no se convertirá en un segundo Wuhan.

"Ahora conocemos mejor al virus y se ha avanzado mucho en la concienciación y en las medidas de prevención ciudadana", explicó ayer Wang Guangfa, experto en enfermedades respiratorias del Peking University First Hospital. No obstante, también reconoció que aún no se conoce el origen del foco actual y que, si la propagación del coronavirus se acelera, la capital podría adoptar las medidas de confinamiento más estrictas. De forma adicional, cada vez son más las ciudades que pondrán en cuarentena a los ciudadanos procedentes de Pekín. E incluso en lugares lejanos como Shanghái a más de mil kilómetros, han vuelto los controles de entrada a las zonas residenciales a pesar de que no se han detectado nuevos casos.

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