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Reino Unido dice este viernes adiós a la UE

La compleja relación de los británicos con Europa ha sido resuelta por un nacionalismo inglés en busca de orientación.

La bandera de la Unión Europea junto a la de Reino Unido, en una imagen de archivo.
La bandera de la Unión Europea junto a la de Reino Unido, en una imagen de archivo.
EFE

Stephen Wall, historiador oficial de la diplomacia británica en torno a la Unión Europea, se remontaba a los orígenes para explicar en 2016, semanas antes del referéndum, por qué había menos intimidad en esa relación que en la existente entre los políticos de los países que firmaron el Tratado de Roma de 1952. A la renuncia británica inicial le siguió el veto de Charles de Gaulle, en 1963 y 1967.

El presidente francés creía que Londres se opondría a la creciente unidad económica y política contemplada por los fundadores y también que se alinearía con Estados Unidos en las decisiones graves de la política internacional. La humillación de aquellos vetos agravó la desorientación de un país que, según el estadista americano, Dean Acheson, "había perdido un imperio pero no había encontrado aún un papel".

La economía británica crecía menos que la de los miembros de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE). Se extendió la idea de que el país debía "gestionar el declive". Un conservador, Edward Heath, logró finalmente abrir las puertas, en 1973. Pero el laborista Harold Wilson tuvo que convocar un referéndum dos años más tarde para resolver las divisiones de su partido.

Ganó en Inglaterra el voto por la permanencia en la antigua CEE con un porcentaje más alto, 68,65%, que en Escocia (58,42%), Gales (64,80%) o Irlanda del Norte (52,19%), al revés de lo ocurrido en 2016. Ganó con holgura en comarcas agrícolas, con apoyo menor en las industriales. La izquierda laborista no quería entrar en el 'club de los capitalistas'. Los 'tories' tenían importantes disidentes pero parecían más europeístas.

El Partido Conservador cambió con el liderazgo de Margaret Thatcher. En ningún momento abogó por la marcha pero, junto a su éxito acelerando el desarrollo del mercado común, se quejó de la introducción por Bruselas de excesivas regulaciones y normas comunes de protección laboral, e incluso de la dirección hacia una moneda única o del afán federal.

El escritor irlandés, Fintan O'Toole, afirma en 'Un fracaso heroico, El Brexit y la política del dolor', que la marcha fuera de la Unión Europea es resultado de la frustración que sentirían los ingleses porque no se les deje gobernar a los demás, dado su ingenio imperial, su democracia o su papel en la Segunda Guerra Mundial, junto a la traducción de ese malestar en sentirse ahora oprimidos. Habrían encontrado en la UE al déspota necesario.

La tiranía de Bruselas ha sido imbuida durante décadas por la prensa de derechas. Una figura importante en ello es Rupert Murdoch, patrón australiano de medios, que podría ser descrito como un supremacista de la cultura anglosajona. De hecho, Boris Johnson adquirió su primera fama como un brillante manipulador de noticias como corresponsal en Bruselas; creó escuela escribiendo exageraciones y mentiras sobre la UE.

El euro

Como ministro de Tony Blair, Gordon Brown publicó un informe de 250 páginas, acompañadas de 18 análisis técnicos, para avalar la decisión de no diluir la libra en el euro. La crisis posterior de la moneda única avaló entre los británicos la idea de que en la UE prima la ideología sobre el buen gobierno. Y Reino Unido perdió entonces influencia en Bruselas ante la fuerza centrípeta de la eurozona.

Pero, ¿era necesario el referéndum convocado por David Cameron para proteger a su partido del crecimiento del euroescepticismo? Convocarlo cuando la población está padeciendo las consecuencias de una prolongada austeridad presupuestaria aumentó el riesgo. Y los sondeos han mostrado notable indiferencia de los ingleses a que se quiebre por el 'brexit' la unión con Escocia o Irlanda del Norte.

Otra especulación: ¿qué hubiese ocurrido si en lugar de Theresa May, Boris Johnson hubiese sido el elegido tras la dimisión de Cameron, en la mañana de su derrota? ¿Habría orientado hacia una solución pragmática, con su flexibilidad moral y el gancho extraordinario de su humor a un nacionalismo inglés enfadado pero sin clara orientación?

Antony Seldon, que ha publicado una serie de libros muy bien documentados sobre los últimos cinco jefes de Gobierno, es brutal en su última entrega: 'May at 10'(May en el 10 de Downing Street). La describe como "una miniaturista" cuando el país necesitaba liderazgo estratégico, una política que "entendía muy poco de cómo se gobierna", que "no sabía casi nada de historia británica o europea".

Estableció líneas rojas de la negociación para un 'brexit' duro en sus primeros días -en chocante estado de ignorancia e improvisación y confiada a un solo asesor- y buscó luego cómo amortiguar el daño que causaría. Cuando pactó otro proceso más blando ya había desquiciado a su partido y la oposición no lo apoyó a causa de sus divisiones, oportunismo o convicción en que debía celebrarse una segunda consulta.

Recibiendo donaciones incomparables con los fondos de la oposición y con el respaldo también de buena parte de los medios, Johnson ganó las elecciones en diciembre y Reino Unido se marcha en la medianoche de este viernes de la UE. El siguiente paso es llenar de contenido una declaración de intenciones que contempla la futura relación con la Unión como un proceso gradual de distanciamiento.

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