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Internacional

Caserones a un euro

Pueblos de la Sicilia vacía, como Mussomeli, Sambuca o Bivona, han vendido más de cien casas deshabitadas para frenar el éxodo rural.

Iglesia en Sambuca di Sicilia
Iglesia en Sambuca di Sicilia
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Cecilia Solari aceptó una de esas ofertas imposibles de rechazar. Se la hicieron en Sicilia, y no partió de un capo de la Cosa Nostra que amenazara su vida si no aceptaba. Todo lo contrario. Por un solo euro, uno solo, Cecilia es, a sus 46 años, la afortunada propietaria de un caserón de 250 metros cuadrados. Eso sí, su añosa nueva casa le quintuplica la edad. Está en el centro de Mussomeli, un preciosa localidad en el corazón de la Sicilia vacía, salpicada de caserones deshabitados o abandonados. Varios ayuntamientos sicilianos quieren verlos habitados y rehabilitados para que los pueblos que abandonan los jóvenes revivan. Solo en Mussomeli se han vendido en dos años un centenar largo de casas al imbatible precio de un euro. Algunas menos en Sambuca o Bivona.

"Es casi como un castillo; siento el peso del historia y de la cultura", dice la afortunada compradora, de origen argentino, abriendo la puertas de su vieja-nueva casa en Mussomeli. Está en el corazón de la isla mediterránea, donde Cecilia recaló tras enviudar de repente y viajar "en busca de esa vida verdadera, de gente con verdadero corazón y de los valores auténticos que faltan en las ciudades". Antes de llegar a Mussomeli recorrió "algunos de los pueblos más bonitos de Italia", pero ninguno le ofreció lo que la acogedora villa de la provincia de Caltanissetta.

No sabe aún si se quedará "para siempre", aunque tiene todo a su favor. Con tres plantas, el sólido edificio ofrece unas razonables condiciones de habitabilidad dada su antigüedad. Con fachada de piedra y a falta de una mano de pintura en el interior, tiene lo necesario para una vida confortable, según se aprecia en el vídeo que la alcaldía se apresuró a colgar en las redes. Un vídeo que elude la letra pequeña del asunto, ya que, según explican los medios italianos, quienes adquieran una de estas propiedades deben comprometerse a renovarla en un plazo máximo de tres años. Para asegurarse, el consistorio exige una fianza de 5.000 euros. El propietario deberá también pagar los impuestos del trámite de venta, entre 2.500 y los 4.000 euros.

Cecilia no es, ni mucho menos, la primera beneficiaria de este ofertón. Toni Nigrelli, asesor municipal, explica que se han vendido 120 casas en los últimos dos años. Las han comprado tanto inversores italianos dispuestos a reactivar el sector turístico como extranjeros en busca de nuevos horizontes. Mussomeli tiene casi 11.000 habitantes, la mitad de los censados hace medio siglo, cuando se inició el sangrante éxodo que priva a Sicilia de unos jóvenes que emigran para buscarse la vida en el industrioso norte de Italia o en Roma.

Sambuca di Sicilia, con casi 6.000 habitantes, fue elegido en 2016 el pueblo más bonito de Italia. Pasear por su casco antiguo es volver a la Edad Media. Pero como en Mussomeli, los jóvenes huyen y el turismo decae, por lo que la idílica villa se sumó a la iniciativa coordinada de venta de casas comunales. Tuvieron hasta 110.000 peticiones para las 17 ofertadas, entre 40 y 150 metros cuadrados, que adquirieron estadounidenses, franceses e israelíes, según explicó el vicealcalde, Giuseppe Cacioppo. Uno de los caserones, vacío desde el terremoto de 1968, lo compró un estadounidense de origen iraní con el compromiso de invertir 50.000 euros en restaurarlo. En la provincia de Agrigento, Bivona, que ha perdido la mitad de su población en 40 años, hasta quedarse en 3.800 almas, se sumó al mismo programa.

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