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Los piratas rusos pudieron manipular los censos electorales de EE UU

El estado de Illinois sufrió varios ciberataques cuando millones de estadounidenses se registraban por internet para votar en las elecciones y dejaban al descubierto; direcciones, carnets, números de la seguridad social...

Vladimir Putin y Donald Trump, durante su reunión al margen de la cumbre del G20.
Vladimir Putin y Donald Trump, durante su reunión al margen de la cumbre del G20.
EFE

No hay duda de que Rusia interfirió en las elecciones de 2016 que dieron la victoria a Donald Trump intoxicando las redes con información negativa sobre Hillary Clinton y difundiendo los correos electrónicos internos que pirateó a su campaña. Lo que ahora se sabe es que pudo haber sido mucho peor, y tal vez lo sea la próxima vez.

Un informe del Comité de Inteligencia del Senado, presidido por republicanos, reveló ayer que los piratas rusos se adentraron en los sistemas electrónicos de los 50 Estados de la Unión para detectar cuál tenía más vulnerabilidades que pudieran explotar. En Illinois, el primero que abordaron, llegaron a tener acceso al censo electoral que contenía la información de 200.000 votantes, donde "estuvieron en posición de borrar o alterar" la información de los electores. El porqué no lo hicieron sigue siendo un gran enigma.

La comisión bipartidista que ha investigado la inquietante actividad de esos piratas informáticos no tiene duda de que Rusia estaba detrás, tras haber realizado más de 200 entrevistas con miembros de la inteligencia estadounidense y altos cargos del Gobierno de Obama, además de haber revisado 400.000 documentos. Su frustración es no haber sido capaces de dirimir las intenciones del Gobierno. "El ladrón abrió la puerta pero no entró", cita metafóricamente el informe de 67 páginas.

Las teorías que arroja especulan con que se tratase solo de una investigación de campo con la que recoger información "para usar en una fecha posterior", que podría llegar en las próximas elecciones de 2020 en las que Donald Trump aspira a renovar mandato.

El Estado de Illinois admite que su sistema había sido objeto de varios ataques informáticos antes de 2016, "pero hasta ese momento ninguno llegó a un lugar donde pudieran manipular la información electoral existente", reconoció el director ejecutivo del Comité Electoral Steven Sandvoss. Direcciones, carnets, números de la seguridad social... Los piratas lo tuvieron todo a su disposición, justo en el momento en el que millones de estadounidenses se registraban por internet para votar en las elecciones. Los Estados afectados recibieron alertas vagas y generalizadas del Gobierno federal que detectó estos ataques cibernéticos, en parte porque temieron desatar la alarma.

El propio Comité de Inteligencia admite que otra posibilidad que explique la decisión rusa de no alterar los censos electorales es porque su intención era simplemente demostrar la vulnerabilidad del sistema para generar desconfianza. Algo que ciertamente han conseguido.

En DEF CON, la mayor convención de profesionales de la seguridad informática del mundo, que se celebra anualmente en Las Vegas, los participantes demostraron hace dos años que sólo necesitan tener acceso a una de las máquinas electorales durante 15 segundo para introducir por uno de sus puertos de USB el software que les de control sobre ella. Se sabe que Rusia pidió oficialmente al Departamento de Estado introducir a cientos de observadores en colegios electorales. Cuando Washington se lo negó, apelaron directamente a las instancias locales para conseguir los permisos.

La comisión del Senado, que aún planea hacer público otros volúmenes del informe, ha recomendado a los Estados que "como mínimo" reemplacen las máquinas de votación electrónica más obsoletas con modelos que conserven un rastro en papel. La respuesta de estos ha sido tajante: no tienen dinero. Y lo que es peor. Como advirtió el miércoles el fiscal especial Robert Mueller, otros países están tomando nota del éxito ruso en 2016. Irán es uno de los que ya ha creado cuentas falsas en Twitter simulando que proceden de estadounidenses desencantados con el sistema.

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