Internacional

Una década perdida para los griegos

La crisis no termina para los helenos, con sueldos de 400 euros, jóvenes formados que sueñan con irse y comedores sociales llenos.

Un grupo de griegos hacen cola delante de un cajero en el centro de Atenas.
Un grupo de griegos hacen cola delante de un cajero en el centro de Atenas.
Efe

Maria Margari tiene 56 años, pero aparenta al menos diez más. Sólo le quedan un par de dientes en la mandíbula inferior y su rostro refleja las penurias por las que han pasado buena parte de los griegos durante esta última década de crisis, en la que el gasto público se contrajo un 30%, los salarios bajaron una media del 15% y el desempleo se disparó hasta el 27%. "Llevo siete años en paro desde que cerró la cafetería donde trabajaba. El primer año cobré el seguro y desde entonces aguanto con una ayuda de 200 euros",  cuenta mientras espera a que abra la puerta del comedor social Kiada, el mayor de Atenas, gestionado por el Ayuntamiento y la Iglesia ortodoxa. Cada día ofrece en dos turnos 1.700 comidas y cenas a griegos e inmigrantes. 

Sin esa ayuda, Maria pasaría hambre. "Obviamente con 200 euros al mes no podemos vivir mi hija de 31 años y yo. Ella también perdió su trabajo por la crisis. Yo ya no creo que pueda volver a trabajar, pero esperemos que mi hija encuentre algo. A ver qué pasa con el nuevo Gobierno". Maria confiesa que en las elecciones del domingo votará a Syriza, la coalición izquierdista liderada por el primer ministro saliente, Alexis Tsipras. "Ojalá siga, porque nos ha ayudado a los pobres", dice agradecida. Los datos macroeconómicos muestran una reducción en los niveles de inequidad entre la población griega desde 2016, un año después de la llegada de Syriza al poder, y un leve crecimiento económico en los dos últimos ejercicios que apenas se siente en la calle. 

Será difícil que se cumpla el deseo de Maria y Tsipras repita en el cargo, pues los sondeos vaticinan una holgada victoria de Kyriakos Mitsotakis, candidato del partido de centro derecha Nueva Democracia y que ya superó en nueve puntos a Syriza en los comicios europeos del pasado mayo. La debacle obligó al primer ministro a adelantar tres meses las elecciones legislativas. "Me da miedo que Mitsotakis reduzca las ayudas sociales", dice Maria sin acabar de creerse las promesas del candidato conservador, que asegura que no hará recortes y conseguirá reactivar las finanzas reduciendo los impuestos e impulsando las inversiones. 

Nikos Vettas, director general de la Fundación para la Investigación Económica e Industrial, explica en parte la desafección con Tsipras por que la población no ha notado una mejoría económica. "Las personas en situación de riesgo no reciben suficientes ayudas, hay muchos trabajadores con sueldos de pobreza y los miembros de la clase media han visto cómo aumentaban las tasas y tenían dificultades cada vez mayores para llegar a fin de mes", dice Vettas, responsable de uno de los más respetados centros de estudios del país.

No hay más que darse una vuelta por Atenas para contemplar los efectos de la crisis. No faltan los mendigos, los locales cerrados ni las colas en los comedores sociales. En el de Cáritas cada día almuerzan unos 450 adultos y entre 120 y 150 niños. Son en su mayoría inmigrantes y refugiados afganos, pero también hay alrededor de un 8% de griegos. "Se trata de personas que han perdido su empleo por la crisis, les han bajado la pensión o trabajan pero sólo ganan unos 400 ó 500 euros al mes", cuenta una de las voluntarias de Cáritas, que pide no citar su nombre.

"Aquí no hay futuro"

Uno de esos sueldos de miseria lo tiene Dora, una joven veinteañera que vende tarjetas telefónicas por las calles del centro de Atenas. "Me gradué en diseño en la universidad, amplié estudios en el extranjero y luego me especialicé con un máster, pero hay una falta de oportunidades laborales bestial y sólo he podido encontrar este trabajo. Es muy frustrante. Mi sueño es irme cuanto antes de Grecia, porque aquí no hay futuro. Quiero empezar una nueva vida en Noruega", dice Dora, que no confía en que la situación del país vaya a mejorar si Mitsotakis gana las elecciones. 

Su amigo Padelis ve la situación igual: "Las familias te dicen que te esfuerces en estudiar para tener una buena vida, pero luego no encuentras nada o sólo empleos de miseria. La única solución es irse al extranjero". Desde 2008 más de 500.000 griegos han emigrado, lo que supone un 4,5% de su población. Son en su mayoría jóvenes bien formados cuya marcha dificulta aún más el pago de las pensiones y el mantenimiento del precario sistema social. 

Pese a lo desesperante de la situación, hay quien no se olvida de predicar optimismo, como el sacerdote ortodoxo Christos Blajos, que echa una mano en el comedor social Kiada. "En esta década tan dura los griegos hemos tomado conciencia de que no se sale de la crisis con magia. Lo bueno es que se ha multiplicado la solidaridad y hemos reconocido nuestros errores, como por ejemplo que no podemos vivir endeudados y por encima de nuestras posibilidades, como ocurría antes", dice el pope apurando un típico café 'frappé' en un descanso entre los dos turnos del comedor.

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