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El pequeño Constantin

FILE PHOTO: U.S. President Donald Trump speaks during a joint news conference with Poland's President Andrzej Duda in at the White House in Washington, U.S., June 12, 2019. REUTERS/Kevin Lamarque/File Photo [[[REUTERS VOCENTO]]] USA-ELECTION/TRUMP
Donald Trump.
Kevin Lamarque / Reuters

Cuatro meses. Es la edad del niño más pequeño separado de su familia por la política antiinmigración del Gobierno de Donald Trump.

Se llama Constantin y, junto a sus padres, fue detenido en la frontera cuando trataban de entrar de forma ilegal en Estados Unidos. Sin importar su corta edad, los agentes de aduanas lo arrancaron de los brazos de su madre. Durante cinco meses, permaneció separado de los suyos y convertido en protagonista de un proceso legal que acabó con su repatriación a Rumanía.

A los nueves meses, Constantin había pasado más de la mitad de su vida lejos de sus padres y es muy probable que en ese tiempo se olvidara de ellos, de sus caras, de sus voces. Aun así, tuvo suerte. Al menos, él quedó al cuidado de una familia de acogida. Otros críos viven encerrados en campos de detención, semienjaulados y tratados como delincuentes. Solo son niños, que no tienen la culpa de que sus padres intentaran entrar ilegalmente al país.

Nadie sabe la cifra exacta, porque Washington se encarga de ocultarla, pero los medios estadounidenses los cifran en varios miles. Niños tomados como rehenes para lanzar un mensaje a otros aspirantes a emigrantes: no vengáis o les haremos esto a vuestros hijos. El Gobierno de Trump recurre así a técnicas cuasimafiosas y deja claro que los derechos humanos no son la prioridad de su mandato.

No puedo imaginarme el dolor de esos niños. Y el de sus padres. Y todo, para una campaña que nunca funcionará. Porque nada, ni ese horror, logrará parar a quienes buscan una vida mejor lejos de la violencia y la pobreza.

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