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Lo que está en juego en estas elecciones europeas

El auge del ultranacionalismo se convierte en la principal amenaza para unos comicios marcados históricamente por la baja participación.

Izado de la bandera de Europa en el edificio del Parlamento en Bruselas.
Izado de la bandera de Europa en el edificio del Parlamento en Bruselas.
Yves Hermané / Reuters

La Unión Europea se la juega en estas elecciones. La esencia de esa idea no es gratuita. Y la frase en sí envuelve un discurso reiterado durante meses -en ocasiones con tono apocalíptico- que ha colocado a estos comicios como un punto de inflexión histórico. Todo pivota en torno a una gran pregunta (¿en cuántos escaños se traducirá el impacto del relato euroescéptico?), y a posibles derivadas como si se acabarán los gobiernos de la gran coalición entre populares y socialistas o si podrá dar continuidad a la agenda comunitaria en asuntos claves como la política migratoria o la consolidación de la unión económica.

La participación

Es la primera prueba de fuego que pasará esta cita electoral: superar el aparente desinterés de muchos europeos. A él han contribuido sistemáticamente sus propios partidos nacionales priorizando la clave interna en las campañas frente a los asuntos comunitarios. Desde la celebración de los primeros comicios en 1979, la participación ha ido cayendo en cada cita hasta quedar en el 42,6% en 2014. Entonces la mayor implicación del electorado se registró en Bélgica (89,64%), donde el voto es obligatorio, y Luxemburgo (85,55%). España, en el 'top 10' de los países más europeístas, concitó una participación del 43,81%. Mientras que República Checa (18,20%) y Eslovaquia (13,05%) fueron el más fiel reflejo de la indiferencia.

Dos visiones de Europa

Una simplificación de trazo grueso lleva a dos concepciones diametralmente opuestas de lo que debe ser Europa: el juntos pero no revueltos del ultraderechista Matteo Salvini o el todos a una (con matices) que abandera el francés Emmanuel Macron y su ambicioso plan de refundación que incluye, incluso, la creación de un ejército propio. El primero, el italiano, lidera el bloque populista y ultranacionalista al que se han sumado una decena de partidos reaccionarios entre los que se encuentra la Agrupación Nacional de Marine Le Pen. Con esta alianza vienen flirteando el controvertido primer ministro húngaro, Viktor Orban, cuyo partido, Fidesz, tiene hoy un pie fuera del grupo de los populares europeos, el PiS (Ley y Justicia) polaco o Vox. Pero ninguno de ellos se ha comprometido expresamente con esa coalición. Su estrategia inquieta a partes iguales a izquierda, derecha y liberales. Con diferentes visiones sobre cómo debería ser el futuro, las familias políticas con mayor peso en la Eurocámara mantienen la apuesta por la UE. Pero si se cumple lo que vaticinan las encuestas, la imagen final del puzzle va a cambiar de forma importante.

Populares y socialistas no llegarían al 50%

El euroescepticismo podría llegar a copar una porción importante de la tarta parlamentaria. Aunque muchos analistas descartan que puedan llegar a constituir un grupo compacto por su propia naturaleza (priorizan la soberanía nacional) y por otras variables que también les dividen como la relación con la Rusia de Vladímir Putin, lo cierto es que todos reniegan de las instituciones comunitarias y su objetivo es erosionarlas desde dentro. Ahí está el riesgo. Para ello necesitarían agruparse y superar el umbral del 25% que les permitiría convertirse en una minoría de bloqueo. No parece probable. Pero su entrada, en cualquier caso, ya desequilibra.

Las dos grandes familias de la Eurocámara (el Partido de los Populares Europeos y el Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas) obtendrían, en ese orden, el mayor número de escaños. Pero por primera vez en la historia puede que no sumen más del 50% de los 751 asientos (705 después del Brexit), que les ha permitido gobernar las instituciones comunitarias en coalición. El papel de bisagra lo desempeñarán los liberales de Alde, la entrada en el hemiciclo de La República en Marcha de Macron y los Verdes.

El 'brexit'

La participación de los británicos en las elecciones europeas abrió la posibilidad de que los resultados allí pudieran leerse en clave de segundo referéndum. Pero esta opción se ha ido diluyendo con los últimos movimientos de Theresa May. Los laboristas no se han posicionado firmemente por la UE, los conservadores se han centrado en descabalgar a la 'premier' y solo los liberal demócratas y el Partido del Brexit de Nigel Farage se han batido con este asunto como clave de la campaña. Más que los resultados de estos comicios, previos al divorcio efectivo reprogramado para el 31 de octubre, lo que más preocupa son las decisiones del sustituto de May. Un posible Boris Johnson decidido a sacar a su país, incluso sin acuerdo con los europeos, puede disparar la inquietud y abrir fisuras en la unidad del club. Pero más allá de las hipótesis, lo evidente es que habrá que trazar una relación futura. Lo positivo, el 'brexit' no ha debilitado la sensación de permanencia. Incluso el grueso de la línea dura populista y de extrema derecha ha relegado cualquier objetivo de escisión.

La política migratoria

Con la crisis de refugiados de 2015 se cerró un plan de acción común que incluía el reparto de cuotas entre los Estados miembros. Se basaba en la solidaridad y tenía como objetivo aligerar la carga de los entonces principales receptores, Grecia e Italia. Toda la política de asilo está hoy en el aire. Los países han endurecido sus posiciones, con un eje duro en el Este y el cerrojazo impuesto en el sur por el ministro de Interior italiano Matteo Salvini. Incluso la 'Operación Sofía', ideada para combatir la lucha contra el tráfico de personas en el Mediterráneo se ha dejado morir. Se ha quedado sin buques de rescate.

Presupuesto plurianual y refuerzo de la zona euro

Se presentó hace un año y todavía no se ha terminado de trazar. El presupuesto para el periodo 2021-2027 incluye precisamente mayores dotaciones para dar una solución a los flujos migratorios (principal preocupación de los ciudadanos europeos). Y será el primer cometido de calado que deba afrontar la nueva Comisión Europea. Un presupuesto que contempla menos dinero para la Política Agraria Común (PAC) y que no termina de cuadrarse. Como tampoco pilares clave para reforzar el euro como la profundización en la unión bancaria o la pretensión de crear un presupuesto específico para la eurozona, abanderado por Francia, y que España pretende llevar más allá con la incorporación de recursos de ayuda al desempleo que complementen los nacionales.

Europa frente a China, Rusia y Estados Unidos

El 'dumping' comercial de China, la intrusión rusa (con amenaza cibernética) y el proteccionismo de la Administración de Donald Trump y su política arancelaria son los tres grandes frentes abiertos en política internacional que tiene la UE. Conseguir ser una sola voz en acción exterior continúa en el debe de los Estados miembros. Y sobre la mesa, sustituir la unanimidad por la mayoría cualificada a la hora de tomar decisiones para no evidenciar diferencias como las que han surgido recientemente en la condena a Venezuela y el reconocimiento a Juan Guaidó como presidente legítimo. La decisión última de cambiar la fórmula está en las capitales.

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