Internacional

Los fantasmas de la guerra de Irak se ciernen sobre Irán

El despliegue militar de EE UU en el Golfo Pérsico tras denunciar supuestas amenazas de Teherán resucita el temor a una invasión.

Estados Unidos ha ordenado el despliegue de cazabombarderos B-52, el portaaviones Abraham Lincoln y del buque USS Arlington
Estados Unidos ha ordenado el despliegue de cazabombarderos B-52, el portaaviones Abraham Lincoln y del buque USS Arlington
ATEF SAFADI/Efe

Un año después de romper el acuerdo nuclear de forma unilateral, imponer duras sanciones a Irán e incluir a la Guardia Revolucionaria en la lista de "grupos terroristas", Donald Trump da un paso más en su particular confrontación contra Irán y refuerza su presencia militar en el Golfo Pérsico. En la última semana, Estados Unidos ha ordenado el despliegue de cazabombarderos B-52, el portaaviones Abraham Lincoln y del buque USS Arlington, que transporta soldados, vehículos anfibios y el sistema antiaéreo Patriot.

Desde Washington alegan que se trata de un despliegue motivado por un informe de Inteligencia que asegura que los iraníes habrían dado luz verde a sus grupos aliados en la región para atacar a personal y objetivos estadounidenses, sin aportar más detalles. La fuente del informe está en Israel, como desveló el diario 'Haaretz', y desde la república islámica calificaron estos movimientos de "guerra psicológica".

La escalada militar coincide con la decisión de Teherán de dejar de cumplir algunos de sus compromisos del pacto nuclear, como señal de hartazgo tras un año de sanciones estadounidenses. La combinación de estos dos factores hace que "cualquier mínimo error en estos momentos podría desatar una guerra", advierte en 'The Arab Weekly' Ali Alfoneh, investigador del Arab Gulf States Institute.

Más que un choque directo con la república islámica los estadounidenses apuntan a las milicias proiraníes, especialmente a las que operan en Irak y Yemen, como potenciales agresores y alertan de "amenazas en tierra y mar, pero no vamos a dar más detalles en estos momentos", declaró el capitán Bill Urban, portavoz del Comando Central.

El despliegue militar se produce "en respuesta a indicios de una mayor disposición de Irán a realizar operaciones ofensivas contra fuerzas estadounidenses y nuestros intereses", señaló el Pentágono en un comunicado en el que adelantó que "el Departamento de Defensa sigue monitoreando estrechamente las actividades del régimen iraní, su Ejército y sus representantes". Washington lanzó también un mensaje de advertencia a sus petroleros y otros navíos comerciales que naveguen por aguas de Oriente Próximo del riesgo de sufrir ataques.

La sombra de Israel

La reacción de Irán a los movimientos militares en sus fronteras llegó de boca del Líder Supremo, Alí Jamenei, quien aseguró que "no habrá guerra". Menos diplomático se mostró Jabar al-Mamouri, comandante de las Fuerzas de Movilización Popular, las milicias chiíes que se han convertido en la principal fuerza de Irak tras su papel en la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI). Al-Mamouri apuntó a que "Oriente Medio se acerca a un peligroso tsunami monitoreado por el régimen sionista", en referencia a Israel, y advirtió de que están dispuestos a declarar la guerra a Estados Unidos "si se produce un ataque contra Irán".

La periodista iraní Negar Mortazavi no se mostró optimista sobre el futuro próximo en su último artículo publicado por 'Asia Times' ya que "la retirada del acuerdo nuclear, la vuelta de las sanciones, designar a la Guardia Revolucionaria como grupo terrorista. son pasos que se han ido dando para provocar a Irán", una provocación que buscaría una mínima reacción para justificar lo que los neoconservadores definen como "guerra defensiva".

Antecedentes como el de la guerra de Irak en 2003, cuando se justificó la invasión con unas inexistentes armas de destrucción masiva, invitan a tomar con cautela este tipo de informes como el que reveló el asesor de Defensa de Trump, John Bolton, sobre supuestas amenazas de ataque a sus intereses en la región . El movimiento militar de Estados Unidos está más en la línea de las tesis defendidas por su gran aliado regional, Israel, y el propio Bolton, que por la política exterior de un presidente que hasta ahora se caracterizaba por la retirada de tropas, como en Afganistán, la venta de armas a aliados como Arabia Saudí o los castigos puntuales, como ocurrió en Siria con el lanzamiento de Tomahawks tras un supuesto ataque de armas químicas de las fuerzas de Bashar el-Asad.

Desde el Pentágono aseguran que se trata de un despliegue preventivo ya que "Estados Unidos no busca un conflicto con Irán", pero analistas como Reza Marashi, del National Iranian American Council, alertan de que "los fantasmas del pasado neoconservador están desempolvando el libro de instrucciones de Irak para aplicarlo a Irán". En un largo hilo de Twitter dedicado a esta escalada militar, Marashi resume "una fórmula simple, pero efectiva: mostrar al Gobierno de Irán como una amenaza existencial, insistir en que la inacción puede acarrear una cadena de sucesos catastróficos y minimizar los costes y riesgos de una guerra necesaria para un cambio de régimen".

Tanto los israelíes, como Bolton, fueron abiertos partidarios de una invasión de Irak sobre la que el primer ministro, Benyamin Netantayu, llegó a declarar un año antes de producirse que "si se quita del poder a Sadam Hussein, garantizo que tendremos enormes consecuencias positivas en la región". Dieciséis años y cientos de miles de muertos después, aquella invasión se ha convertido en el germen de grupos como EI.

En 2015, Bolton plasmó su reacción al acuerdo nuclear firmado por Barack Obama con Irán en un artículo en 'The New York Times' en el que escribió que "solo una acción militar" podía evitar que el régimen de Teherán obtenga un arma atómica. Su condición de "halcón" militarista le sirvió para ganarse la confianza de Trump y ahora ha dado los primeros pasos para esa posible acción armada contra la república islámica que tantas veces ha demandado también Netanyahu.

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