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Internacional

Datocratización

Para valorar la gestión de nuestros gobernantes, lo primero que necesitamos son datos objetivos.

Cada uno de nosotros somos los responsables de la información que difundimos y de elegir a nuestros gobernantes.
Cada uno de nosotros somos los responsables de la información que difundimos y de elegir a nuestros gobernantes.

Hace poco escuché a Ana Brnavic, primera ministra de Serbia, afirmar que las ‘fake news’ son costosas para los gobiernos, que combatirlas cuesta tiempo y recursos que se detraen de otras funciones, pero que la necesidad de transparencia es absoluta, especialmente en el sector público. No podría estar más de acuerdo. Pero ¿hasta qué punto son responsables las plataformas de contenido, como Facebook, de lo que en ellas se intercambia? ¿Dónde está el límite entre asegurar la veracidad de la noticia y la censura? ¿Es técnicamente viable ejercer ese control? Y lo más importante, ¿quién y cómo debería hacerlo?

A menudo escuchamos los beneficios que aportan las ciudades inteligentes a nuestra calidad de vida, a la sostenibilidad y a la reducción de costes. Pero casi siempre pasamos por alto el aspecto más importante de este cambio de paradigma: la instalación de la cultura de los datos en la toma de decisiones. Para valorar la gestión de nuestros gobernantes lo primero es tener datos objetivos y sobre todo contextualizados.

La transparencia es una creciente demanda y un derecho de los ciudadanos, pero debemos comprometernos a analizar la información que nos llega con sentido crítico. Por ello, la educación que ofrecemos especialmente a los más jóvenes nunca ha sido tan importante. Es la protección más inmediata que podemos aportarles. Al final, cada uno de nosotros somos los responsables de viralizar o no las noticias falsas y de elegir a nuestros gobernantes.

Alicia Asín es ingeniera informática y CEO de Libelium

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