Despliega el menú
Internacional

El auge de los 'trabajos húmedos' en los servicios secretos

El de Jamal Khashoggi es el último caso de un asesinato organizado o amparado por un Estado en suelo extranjero

El príncipe Mohamed bin Salman -derecha- recibió este martes a un hijo de Jamal Khashoggi en Riad
El príncipe Mohamed bin Salman -derecha- recibió este martes a un hijo de Jamal Khashoggi en Riad
Bandar Algaloud/EFE

Se suele decir que los grandes éxitos de los servicios secretos no salen en la prensa, pero esta máxima parece haberse evaporado. Primero fue el norcoreano Kim Jong-nam; después, el exespía Sergei Skripal; ahora, el periodista Jamal Khashoggi. Todo, en apenas año y medio. Los denominados ‘trabajos húmedos’ (del inglés ‘wet jobs’), operaciones de los servicios secretos en terceros países que conllevan mucho riesgo y probable derramamiento de sangre, han existido siempre. Pero la impresión es que en los últimos años salen más a la luz. ¿Qué hay detrás de esta inusual actividad? ¿Una proliferación de fallos o un cambio de política?

“No es que los servicios de inteligencia sean más torpes, sino que esos casos salen a la luz por una simple cuestión de número: hay más actuaciones y hay más intereses en juego”, resume Miguel Ángel Esteban, profesor de Información e Inteligencia en la Universidad de Zaragoza. Y se explica: “Seguimos teniendo grandes potencias, pero también han surgido muchas de tamaño medio a las que las primeras ya no tienen capacidad de controlar, como sucedía antes del Telón de Acero. Es un tablero en el que todos están contra todos, y eso anima a realizar muchas operaciones de ese tipo sin -entre comillas- pedir permiso, como sí pasó durante la Guerra Fría”.

“Hay un término americano, el ‘sharp power’, situado en el otro extremo del ‘soft power’, que explica bien el fenómeno. Es la utilización de herramientas como las redes sociales o los servicios secretos en política exterior para desestabilizar. Viene de países menos poderosos militarmente que emplean esta guerra híbrida”, valora en una línea similar Miguel Ángel Benedicto, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea.

Corea del Norte, Rusia y Arabia Saudí, en el punto de mira

Kim Jong-nam, hermano del dictador norcoreano Kim Jong-un, murió el 13 de febrero de 2017 envenenado en el aeropuerto internacional de Kuala Lumpur, en Malasia. La indonesia Siti Aishay, autora material, y la vietnamita Doan Thi Huong acabaron con su vida mediante el uso del potente agente nervioso VX. En el punto de mira apareció desde principio Corea del Norte, un régimen autoritario en el que la exterminación del disidente o simplemente del caído en desgracia -como pudo ser el caso de Kim Jong-nam, que en el momento del asesinato llevaba tiempo autoexiliado- es moneda común.

Hasta entonces, Malasia era uno de los pocos países que mantenían relaciones aceptables con Corea del Norte, pero lógicamente la situación ha cambiado. Según la investigación policial, los organizadores fueron cuatro norcoreanos, que contrataron a las dos mujeres detenidas para cometer el crimen. Ambas aseguran que pensaron que estaban gastando una broma al fallecido. El juicio está actualmente en marcha.

Después vino el intento de asesinato del exespía ruso Sergei Skripal -libre tras ser condenado por alta traición en Rusia- y su hija Julia en la localidad británica de Salisbury. Ocurrió el pasado mes de marzo y desató un terremoto diplomático en Europa y Rusia cuyos efectos siguen vigentes. Los Skripal fueron también envenenados, en su caso con el agente nervioso novichok, de origen soviético. El Gobierno británico ha acusado a dos oficiales del servicio de inteligencia militar ruso. “De forma casi segura (la operación) fue aprobada fuera del GRU, a un alto nivel del Estado ruso”, acusó Theresa May. El Kremlin lo ha negado con furia.

El caso de Skripal ha traído a la memoria el asesinato de Alexandr Litvinenko, envenenado en Londres en 2006. Su muerte, por cómo se produjo, es un claro precedente de lo que está ocurriendo en la actualidad.

El último episodio es reciente: la muerte del periodista saudí Jamal Khashoggi en el consulado de Arabia Saudí en Estambul. Su final es el más escabroso de todos, lo cual ha hecho que las repercusiones del suceso hayan alcanzado, como en el caso de Skripal, una escala mundial. Las imágenes que quedan del suceso, con trozos del cuerpo de Khashoggi esparcidos por la casa del cónsul de Arabia Saudí o un doble abandonando las instalaciones diplomáticas con las ropas del periodista una vez consumado el crimen, sin olvidar los audios que han trascendido, son atroces y han hecho mucho daño al régimen absolutista.

El profesor Benedicto cree que “la imagen del heredero saudí queda muy tocada”. “Yo siempre he defendido que Mohamed bin Salman quiere mantener el statu quo de la monarquía. Ha hecho una campaña internacional de relaciones públicas, pero no deja de ser un autoritarismo disfrazado. Y luego tiene un frente internacional que hasta ahora no había tenido: Yemen, Líbano, ha intentado aislar a Qatar, tiene una guerra fría con Irán…”, abunda.

También los países occidentales actúan

Los tres mencionados son los casos más sonados, pero no es descartable que otros muchos hayan permanecido ocultos. Es lo que cree el profesor Esteban, quien recuerda que estos casos “solo suelen trascender cuando los hacen públicos los medios periodísticos”. Por una razón: “Los servicios de inteligencia intentan ocultar en lo posible que un tercer país ha intervenido ahí, porque ante otros gobiernos, pero sobre todo ante los servicios secretos de otros países, quedas como que no sabes defender a los tuyos. Es el golpe que se llevó la contrainteligencia británica con el caso Skripal. El mensaje para el resto es: piénsate bien a quién pasas información, porque luego no te podrán defender”.

Por otro lado, no hay que olvidar que tampoco los países occidentales pueden considerarse ni mucho libres de estos ‘trabajos húmedos’. De hecho, los asesinatos selectivos de Estados Unidos son habituales, especialmente desde la popularización de los drones. Israel es otro de los sospechosos habituales, con acusaciones por ejemplo de matar a sucesivos científicos iraníes en el país persa a comienzos de la actual década -Teherán lo ha desmentido-.

China no se escapa de las acusaciones

Mientras, y aunque no hay casos de muertes -al menos, públicos-, también China se ha visto envuelta por ejemplo en acusaciones de tratar de interferir en las elecciones de Estados Unidos, aunque en este caso el ataque ha provenido de alguien con criterio más dudoso, como el propio presidente. Donald Trump criticó a finales de septiembre al régimen comunista por supuestamente tratar de influir en su contra en los comicios de noviembre, aunque las pruebas no son muy estables: alegó para ello la imposición de aranceles a productos estadounidenses, un paso que las autoridades chinas han dado en todo caso como respuesta a medidas similares por parte de Washington.

Su denuncia fue rechazada por Pekín. "Ni interferimos ni interferiremos en los asuntos domésticos de un país", protestó posteriormente el ministro de Exteriores chino, Wang Yi. Por cierto que hace apenas dos semanas fue extraditado por primera vez a Estados Unidos un espía chino. Se trata de Yanjun Xu, miembro del Ministerio chino de Seguridad del Estado que fue atraído hasta Bélgica y de ahí trasladado a Estados Unidos, y que está acusado de robar supuestamente secretos tecnológicos.

China es en todo caso, según el profesor Esteban, un quebradero de cabeza para los servicios de inteligencia europeos por su involucración en una soterrada guerra económica. “Una de las grandes preocupaciones de los países europeos es la entrada de capital chino en sectores estratégicos, como la compra de superficie para garantizar su propia seguridad alimentaria”, explica el docente, experto en servicios secretos. Y recuerda que Pekín “está haciendo constantemente operaciones encubiertas, pero sin derramamiento de sangre”. Al menos, que se hayan conocido.

Por último, hay que mencionar que todos estas noticias de espías o mercenarios contratados por gobiernos para actuar en terceros países tienen mucha más repercusión que cuando sucede lo mismo, pero dentro de las fronteras de ese Estado. Un ejemplo es el asesinato del disidente ruso Boris Nemtsov, que recibió mucha menos atención.

Etiquetas
Comentarios