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Medio Ambiente

El 32% de la energía de la Unión Europea para 2030 deberá ser renovable

El acuerdo también prohíbe el llamado "impuesto al sol" hasta 2026 para fomentar el autoconsumo energético.

Efe Actualizada 14/06/2018 a las 12:57

La Unión Europea (UE) se fijó este jueves una cuota mínima del 32 % de energía renovable para 2030, con una cláusula de revisión al alza en 2023, como parte de la revisión de la legislación comunitaria para cumplir con el Acuerdo de París contra el calentamiento global.

El acuerdo, alcanzado tras una maratoniana noche de negociaciones entre representantes del Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión Europea, se queda a medio camino entre el 27 % que pedían inicialmente los países y el 35 % que reclamaba la Eurocámara.

El pacto eleva el nivel del 20 % de renovables que la UE tiene marcado para 2020 y supone casi el doble de la cuota del 17 % de energía solar, hidráulica, eólica y la biomasa alcanzada por la UE en 2017.

La revisión de la directiva europea sobre renovables forma parte del llamado "paquete de invierno", una gigantesca revisión de la legislación comunitaria para cumplir con el Acuerdo de París.

Ese pacto internacional firmado en París en 2015 busca limitar las emisiones contaminantes al menos en un 40 % para 2030 en relación con los valores de 1990 y limitar el aumento de la temperatura global a final de siglo por debajo de los 2 grados centígrados.

"Las renovables son buenas para Europa y hoy Europa es buena para las renovables", celebró en la red social Twitter el comisario europeo de Energía y Acción climática, el español Miguel Arias Cañete, quien agregó que el acuerdo supone "una victoria duramente ganada en nuestros esfuerzos por desbloquear el verdadero potencial de la transición Europea a la energía limpia".

El objetivo alcanzado llega después de que países como España o Italia, con nuevos gobiernos, abogaran el lunes en un Consejo de ministros europeos de Energía en Luxemburgo por elevar la ambición inicialmente prevista entre los Estados, con países con gran dependencia del carbón, como Polonia, entre los más conservadores.

La ministra española de Transición Ecológica, Teresa Ribera, que defendió en Luxemburgo un nivel de ambición del 35 %, calificó de "fantástica noticia" el acuerdo y consideró que permite avanzar hacia un "modelo energético diferente".

El objetivo fijado del 32 %, no obstante, es dos puntos inferior al 34 % que recomendaba la Agencia Internacional de la Energía Renovable (IRENA, por sus siglas en inglés).

El pacto fija también que esa cuota del 32 % en 2030 se revise al alza en 2023, en función de los avances tecnológicos que puedan acelerar la transición energética.

"Gracias a todos los que nos ayudaron a hacerlo posible", declaró en las redes sociales el eurodiputado José Blanco, ponente del Parlamento Europeo en materia de renovables, que antes de la negociación preveía que el resultado final sería próximo al 32 %.

El acuerdo también prohíbe el llamado "impuesto al sol" hasta 2026 para fomentar el autoconsumo energético, pero abre la puerta a que a partir de esa fecha puedan introducirse algún tipo de tarifas.

"La muy buena noticia es que hemos matado el nefasto impuesto al sol", declaró en un comunicado el eurodiputado español de Equo Florent Marcellesi, quien consideró "muy positivo" que "la ciudadanía europea" y demás agentes sociales puedan "producir, consumir y almacenar su propia energía renovable".

Además, la modernización de la directiva sobre energía renovable se marca la meta de lograr un 15 % de interconexiones eléctricas entre Estados miembros de la UE para 2030.

Otro aspecto importante del acuerdo es una tasa del 14 % de energía renovable en el sector del transporte para 2030, que se prevé servirá para impulsar el vehículo eléctrico.

El pacto también prevé reducir progresivamente el empleo de aceite de palma para producir biocombustibles destinados al transporte hasta 2030 y limitar sus importaciones, que provienen especialmente de países como Indonesia y Malasia.

También se congela la producción europea de biocombustibles de primera generación, como el etanol, en los niveles de producción que alcance cada Estado miembro de la Unión Europea en 2020 y se fija un objetivo del 3,5 % para los de segunda generación, generados a partir de cultivos no alimentarios como la madera.

Organizaciones ecologistas como Greenpeace, que no consideran el acuerdo general sobre renovables suficientemente ambicioso, han sido especialmente críticas con los biocombustibles al considerar que suponen "una amenaza para los bosques europeos" pues permitirán que "más árboles y cultivos se quemen como energía" y es "un ejemplo terrible para el resto del mundo".

Los negociadores, sin embargo, fracasaron a la hora de alcanzar un compromiso en el ámbito de eficiencia energética, pese a que se acercaron posturas.





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