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Las facciones que dominan Libia llegan a un acuerdo "histórico" para celebrar elecciones

Las encuestas muestran una creciente mayoría de libios favorables a los comicios, que se celebrarán el próximo 10 de diciembre, y el 54% de ellos ya están inscritos en las listas electorales.

El presidente del Consejo Presidencial de Libia, Fayez al Serraj.
Las facciones que dominan Libia llegan a un acuerdo "histórico" para celebrar elecciones
Efe

Por primera vez desde la caída del líder libio Muamar Gadafi hace siete años, las principales facciones que dominan Libia llegaron este martes a un "histórico" acuerdo en París para celebrar elecciones el 10 de diciembre próximo y superar las divisiones que han sumido al país africano en la crisis.

Auspiciado por la ONU, el pacto contó con el respaldo de los dos autoproclamados líderes, Fayez al Serraj, que controla la capital, Trípoli, y Jalifa Hafter, que domina el este del país, además de los presidentes del Cámara de Representantes, Aquila Saleh, y el del Consejo de Estado, Jaled el Meshri.

Todos ellos acordaron la fecha de los comicios, pero también pusieron plazo a la elaboración de un marco electoral, que deberá estar listo antes del próximo 16 de septiembre.

Además, pactaron acabar con la división institucional del país, singularmente la que existe entre el poder político que ostenta Al Serraj y el militar que tiene Hafter.

El primero, que fue el único de los dos que compareció ante los medios tras el acuerdo, aseguró que las Fuerzas Armadas y de seguridad deberán estar bajo el mandato del poder civil.

Se trata de un compromiso "inédito" en la frágil situación libia, alcanzado entre partes que se sentaban por vez primera en la misma mesa y que, en algunos casos, se niegan legitimidad.

Eso muestra la dificultad del pacto y también el "largo camino" que resta por recorrer hasta concretarlo, según reconoció el emisario de la ONU para Libia, Ghasam Saleme.

Sobre sus espaldas reposa ahora la responsabilidad de poner de acuerdo a las partes sobre el marco electoral, el muro sobre el que hasta ahora se había estrellado todo avance, pero también las modalidades prácticas de organizar los comicios.

Convencidos de que será difícil que para entonces haya una nueva constitución, las partes se comprometieron a que, al menos, esté en vigor una ley electoral, que puede reposar sobre el actual proyecto constitucional o sobre otras bases.

El acuerdo contó con el visto bueno de la comunidad internacional, representada por una veintena de países, entre ellos los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y los vecinos, además de la Unión Europea, la Unión Africana y la Liga Árabe.

La declaración común advierte a quien entorpezca el acuerdo de que deberá "atenerse a las consecuencias" en forma de sanciones internacionales.

Se trata del máximo posible de garantías diplomáticas que se pueden adquirir en un país como Libia, gangrenado por la corrupción, los tráficos ilícitos de todo tipo (sobre todo de armas y seres humanos), por la actuación descontrolada de milicias y con una influencia creciente del yihadismo.

Un hervidero peligroso que amenaza no solo la estabilidad interna, también la de la región, y que repercute en Europa, tanto en forma de atentados terroristas como en la llegada de inmigrantes que afecta especialmente a Italia.

La reunión de París envió una señal fuerte, la de ver juntos a Al Serraj y Hafter, por segunda vez en un año en Francia, pero en esta ocasión acompañados por Saleh y El Meshri.

Las dificultades del acuerdo quedaron plasmadas en el hecho de que no pudo rubricarse, porque muchos de ellos no se reconocen entre sí, lo que dio lugar a una singular fórmula.

Reunidos ante la prensa, todos los participantes escucharon la lectura de la declaración común y, al término de la misma, el presidente francés, Emmanuel Macron, en su calidad de anfitrión, pidió a Al Serraj y Hafter que expresaran su aprobación, algo que hicieron.

Macron señaló que el acuerdo servirá para "devolver la palabra a los libios" y pone fin a las injerencias externas que reconoció que en los últimos meses han dificultado los avances.

Al Serraj aseguró que por delante no aparece "un camino de rosas" pero se mostró optimista sobre la voluntad común de que las elecciones abran una nueva era.

En el mismo sentido se pronunció el emisario de la ONU, que será el garante de su puesta en marcha.

Saleme aseguró que las encuestas que baraja muestran una creciente mayoría de libios favorables a los comicios y que un 54 % de ellos ya está inscrito en las listas electorales, el doble que hace unos meses.

"Nunca he visto tanta convergencia entre la voluntad popular libia y la de la comunidad internacional", señaló el diplomático libanés.

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