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La mitad de Turquía aprueba la reforma "presidencialista" de Erdogan, pero la oposición la impugnará

Un estrecho margen ha dado la victoria a la reforma de Erdogan que con un 52,3% de los votos ha logrado cambiar el sistema parlamentario por uno presidencialista.

Erdogan celebra la victoria
Erdogan celebra la victoria
AFP

Recep Tayyip Erdogan volvió a ganar. El presidente consiguió que el 'evet' (sí) a la reforma constitucional se alzara con la victoria, aunque muy ajustada, en un referéndum que supone "una decisión histórica", aunque avalada solo por la mitad de un país profundamente dividido en torno a la reforma propuesta.

"Con el pueblo, hemos realizado la más importante reforma de nuestra historia", según declaró el propio dirigente islamista tras conocer su victoria. Con el 51,3% de los votos a favor (cuando el recuento estaba al 99%, según la agencia oficial Anadolu), el presidente logra que a partir de 2019 el sistema parlamentario se convierta en presidencialista, lo que le permitirá concentrar todo el poder en sus manos y mantenerse al frente de Turquía hasta 2029, o incluso hasta 2034. Los turcos votaron en pleno estado de emergencia, apenas nueve meses después del golpe militar del verano, y tras una campaña marcada por el miedo y las intimidaciones por parte de las autoridades, que se volcaron a favor del 'sí'. La participación en esta cita histórica fue de un 85%.

El viceprimer ministro, Veysi Kaynak, confesó que la victoria no fue lo holgada que ellos esperaban -hay apenas un millón de votos de diferencia- pero supone un aval suficiente para Erdogan, que promete hacer "una nueva Turquía" a partir de este momento. Según iban conociéndose los resultados empezaron las denuncias de fraude y el opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP), dudó de la legitimidad del recuento por la decisión de la Comisión Superior Electoral de aceptar votos sin el sello pertinente. "La comisión ha fracasado al permitir el fraude en el referéndum", denunció el vicepresidente del partido, Bulent Tezcan. Los republicanos impugnarán entre el 37% y el 60% del total de las urnas escrutadas, e insistieron en que hubo "mucha manipulación". También los kurdos del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), tercera fuerza del Parlamento, denunciaron irregularidades ya que sus datos "indican una manipulación en el rango del 3% al 4% por ciento", según un mensaje que difundieron a través de su cuenta de Twitter. El incidente más grave de la jornada se produjo en una localidad de la provincia de Diyarbakir, al sureste del país. Un tiroteo entre miembros de una familia cerca de un colegio electoral acabó con tres muertos y varios heridos, según la emisora NTV.

Una vez más, como en cada votación, el mapa dejó claro que Erdogan manda en el interior de la península de Anatolia y la costa del mar Negro, mientras que sus detractores se concentran en la costa mediterránea y en el sureste kurdo. Las tres grandes ciudades de país, Estambul, Izmir y Ankara, esta última feudo tradicional del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, el de Erdogan), votaron 'hayir' (no), y este fue el gran consuelo de los que respaldaron esta opción.

Entre la alegría y el miedo

Como ocurre en el resto del país, también en Estambul el voto varía por barrios y es en las zonas más populares donde el presidente logró el apoyo de la población. En Uskudar, zona conservadora de la orilla asiática, a media mañana los seguidores del AKP ya comenzaron a movilizar los suyos para celebrar la victoria y se enviaron mensajes para concentrarse a partir de las nueve. No necesitaban esperar al recuento, estaban seguros de la victoria de su líder. En la Escuela Politécnica de este barrio depositó su voto Eif una joven para la que "lo importante es que mantengamos la unidad, el resultado debe ser respetado por todos por el bien de nuestros hijos y el futuro del país. Que haya unidad a partir de ahora".

Lo que los opositores ven como un paso más hacia una dictadura, los dirigentes del AKP lo interpretan como un giro a modelos como los de Francia o Estados Unidos, aunque en el caso turco los poderes que concentrará Erdogan serán mayores. La reforma constitucional, compuesta por 18 artículos que revisan o revocan 76 artículos de la Carta Magna, permitirán al nuevo presidente designar y destituir altos cargos sin necesidad del visto bueno parlamentario, emitir decretos con fuerza de ley y controlar el poder judicial, ya que tendrá derecho a elegir a 12 de los 15 magistrados de Constitucional. Comienza una nueva era en Turquía y Erdogan tendrá todo el poder en sus manos para marcar el rumbo del país en los próximos años.

Pero la oposición ha denunciado numerosas irregularidades, entre ellas la decisión de la Junta Suprema Electoral de validar los votos en los que papeleta o sobre no estuvieran sellados de forma reglamentaria por la mesa, siempre que no se pudiera demostrar que habían sido traídos de fuera.

Precisamente este detalle, denunció el Partido Republicano del Pueblo (CHP), segundo del Parlamento, abría la puerta a la manipulación, y es "contraria a la ley electoral".

El presidente del CHP, Kemal Kiliçdaroglu, acusó con duras palabras a la Junta Electoral de poner en entredicho los resultados al admitir papeletas que no pueden ser validadas según la ley, y prometió "seguir el asunto hasta el final".

"Una vez que ha empezado un partido, no se pueden cambiar las reglas. Es una norma universal", agregó, recordando que la decisión de validarlas se tomó después de empezar el conteo.

Erdal Aksünger, uno de los vicepresidente del CHP, declaró a la prensa que su partido impugnará entre el 37 y el 60 por ciento del total de las urnas escrutadas, porque se han detectado "alrededor de 2,5 millones de votos problemáticos" que podrían ser "todos falsos".

El presidente de la Junta Suprema Electoral, Sadi Güven, se defendió contra estas acusaciones, señalando que "no es la primera vez" que se decide validar votos sin el sello preceptivo.

Pero adelantó que los resultados aún no son firmes y que solo se declararán los datos definitivos después de considerarse las impugnaciones, "dentro de 11-12 días, como muy tarde".

En varios barrios de Estambul, numerosos grupos de ciudadanos salieron a la calle para protestar contra lo que consideran un "robo", haciendo caceroladas o marchando con pancartas que proclamaban: "¡No! ¡Hemos ganado!".

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