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Internacional

Le Pen y los almorávides

Por
  • Guillermo Fatás
ACTUALIZADA 26/02/2017 A LAS 06:00

Dos alegrías me ha dado Marine Le Pen en menos de dos años: el repudio político del energúmeno de su padre y la negativa a ponerse un velo para ser recibida por el gran muftí de Beirut. A su padre, Jean-Marie, fundador (1972) del partido que ella encabeza desde 2011, lo echó en 2015. Sancionado por los tribunales incesantemente (1989, 1997, 1998, 2005, 2008…), a causa de sus sermones positivamente pronazis, racistas y xenófobos, la hija se hartó de perder votos y maniató políticamente a su viejo. Lo del velo ha sido una calculada negativa a supeditar su imagen a la del más alto clérigo mahometano del Líbano, Abdelatif Derián –‘Su Eminencia’, según lo llama su oficina–, cuyo portavoz se ha extrañado de que Le Pen rehúse seguir "una norma tan conocida". El gesto, tan hábil como productivo, lo ha hecho, además, de modo que nadie podrá tildarla de islamófoba.

Hay imames e imames

En efecto, en mayo de 2015 fue recibida por el ‘sheyj’ (venerable) Ahmed al Tayeb, gran personaje suní, exprofesor en Francia y Suiza, y, ahora, imam principal de la mezquita Al Azhar. La mezquita es matriz de la universidad homónima, de la que Tayeb ha sido rector. No hay clérigo de más autoridad en todo el Nilo. Persona instruida, es malquisto de los teócratas, ya que defiende, en lo posible coránicamente, la separación de poderes y la libertad de expresión y de creencias. Incluso platica con el Papa en el Vaticano. Pues, bien: cuando la señora Le Pen lo visitó en El Cairo, la recibió sin imponerle vestimentas ni tocados. Quería hablarle de cómo el islam (versión Al Tayeb) y la ley francesa no son incompatibles y dar a la temible señora Le Pen su opinión de doctor por la Sorbona sobre cómo podría tratarse a los 4,8 millones de musulmanes que viven en Francia. Los dos estaban interesados en el encuentro y en su publicidad y todo fueron facilidades, antes, y parabienes, después.

Almorávides de hoy

Las actitudes contrapuestas de Derián y Tayeb hacen pensar en los musulmanes hispanos que padecieron hace siglos el rigor de dos grupos yihadistas. Primero, los almorávides y, más tarde, los almohades. Los llamaron como auxilio guerrero frente a las huestes de los pugnaces reyes cristianos. Les costó cara la ayuda.

Suele metérselos a todos en el amplio costal de ‘los moros’, pero nunca es malo distinguir un poco. Los andalusíes del año 1100 necesitaban (y, a la vez, temían y despreciaban) a los almorávides, yihadistas africanos, guerreros inflamados por la ira divina. Dos siglos más tarde, sucedió algo similar con los almohades, a quienes en Al Ándalus temían los musulmanes locales tanto como los cristianos. El fino escritor cordobés Al Saqundí, bajo el dominio almohade en el siglo XIII, recurrió al ardid de criticar a los extintos almorávides –el que quiera entender, que entienda– y censuró acremente a los fanáticos. El jefe almorávide –decía, acaso pensando en los almohades– era brutal y no entendía la poesía: le decían en verso que añoraban su compañía y entendía que le pedían regalos. Los yihadistas no sabían pasar una noche entera de amor, degustando un buen vino en brazos de la amante o de un bello efebo. Los sulfuraba la ironía de un epigrama en verso (tan bueno que parece del romano Marcial), que bromeaba con dos personajes llamados Jesús (Isa): solo que uno era un sujeto vicioso y el otro, Jesús de Nazaret, que en el islam es profeta y santo, solo superado en dignidad por Mahoma: "Quiere Isa que baje Isa para que lo sane de su mal. Pero el lugar de su mal es un miembro que al Mesías [‘Masih’] no le gustaría tocar".

También Saraqusta cumplía su función en la retórica contra los rudos yihadistas: "¿Tenéis a algún rey que sea en astronomía, filosofía y geometría como al portentoso Al-Muqtadir?", el refinado soberano hudí que alzó la Aljafería. Y del saraqustí Avempace (Ibn Bayya?) señala esto: "¿Tenéis en música y filosofía a alguien comparable a Ibn Bayya?".

Tanto almorávides como almohades suavizaron poco a poco su brutal cultura de origen al contacto con la andalusí. Esta había heredado las antiquísimas tradiciones mediterráneas arraigadas en España, sin las cuales no se comprende bien Al Ándalus.

Los musulmanes eligen

Ahora vivimos, otra vez, sanguinarias acometidas yihadistas, sobre todo contra musulmanes. Como entonces, los líderes espirituales del fanatismo no son estables: la huella del torvo Jomeini se ha ido mitigando, acaso por contraste con el aún más siniestro Al Bagdadí y su Estado Islámico. En la vasta zona templada donde coexisten Derián y Al Tayeb, Marine Le Pen ha escrito un astuto guión en beneficio propio.

Pero, teatro aparte, quien ha de elegir entre ser andalusí o almorávide no es ella, sino la población musulmana. También, por descontado, aquí, en España.

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