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Internacional
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El último tirano del siglo XX

Descanse en paz Fidel Castro, a quien podríamos calificar como el último tirano del siglo XX si no fuera porque su hermano, que también pertenece en el fondo y en las formas al siglo pasado, continúa subido en el machito de la dictadura comunista instaurada hace 57 años. Descanse en paz, que todos los muertos se merecen, por supuesto, el reposo y el respeto. Pero ojalá que su muerte se convirtiese en la señal definitiva para que quienes tienen las palancas del poder en Cuba comprendiesen que es el momento de la gran transformación. No es que lo sea ahora, porque ha muerto Fidel, no; hace mucho tiempo que el castrismo, si alguna vez tuvo sentido, que lo dudo, está agotado. Cuba es hoy un puro anacronismo, una reliquia de la Guerra Fría que se resiste, desde hace veinticinco años, a reconocer la derrota y a dejar paso al progreso y a la libertad para los cubanos.

Fidel Castro ha tenido la mala suerte de sobrevivir demasiado a su propia leyenda. El Che Guevara murió con las botas puestas y cuando el fervor revolucionario tenía aún, en Europa y en Estados Unidos, un público entregado, de jóvenes y no tan jóvenes, sediento de mitos con los que decorar las paredes y las camisetas para dar un aire heroico y contestatario a la aburrida sociedad de consumo (¿dónde estaba, por cierto, la foto del Che en la estudiada puesta en escena con la que Raúl Castro difundió por televisión el fallecimiento de su hermano?). Pero Fidel llegó al poder y dispuso de casi seis decenios para tiranizar una ínsula a su antojo. Y eso acaba por romper cualquier hechizo, incluso el que tuvo electrizadas a tantas personas inteligentes que, inexplicablemente, reconocían a Castro como portador de no se sabe qué esperanzas para la humanidad.

Hace mucho que aquella supuesta esperanza mostró su verdadero rostro totalitario. Y Castro se convirtió en un zombi el día en que cayó el muro de Berlín. Todo su régimen es desde entonces un muerto viviente. Ahora solo falta que los pocos castristas que quedan caigan en la cuenta y le den apropiada sepultura.

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